LA SEGUNDA DOSIS

Alfonso Rojo: «Este Gobierno de trileros intenta colar como ‘accidente’ un atentado yihadista»

Todos ustedes saben que Pablo Iglesias ya no tiene coleta y ni siquiera moño, pero quizá no estaban al tanto de que ha estrenado pendiente, uno negro y redondo como la conciencia de Pedro Sánchez.

Pues luciendo ese ostentoso adorno en la oreja izquierda, subió al estrado en la Fiesta que el Partido Comunista celebraba el pasado fin de semana en la madrileña localidad de Rivas Vaciamadrid, dónde en tiempos, antes de hacerse rico, llegó a residir con su entonces pareja, la hoy diputada de ‘Más Madrid’ Tania Sánchez.

Se la prometía muy felices Iglesias, pero todo comenzó a torcerse cuando entre los asistentes, supuestamente todos sumisos, fieles y fanáticos comunistas, comenzaron a silbarle, abuchearle y a lanzarle a gritos la pregunta “¿dónde está el cambio?”.

Podría haberles respondido que bastaba verle a él, ahora millonario y con chalet, para darse cuenta de lo que han cambiado las cosas desde que Podemos irrumpió en el escenario político hace una década, pero no se lo hubieran tomado bien los quienes protestaban, recordándole a gritos que los podemistas llegaron a la política prometiendo repartir prosperidad y a la hora de la verdad sólo han prosperado el del pendiente y sus compinches más cercanos.

Para justificar el escrache, todo lo que se le ocurrió a Iglesias fue decir que los que le gritaban eran “provocadores”, sin especificar, y me imagino que a estas alturas ya son legión los periodistas y tertulianos adictos al régimen sanchista que se apuntan a esa tesis.

Y voy ahora a lo que realmente me parece relevante, que no es el nuevo pendiente de Iglesias ni sus pavadas, sino la campaña perfectamente orquestada en la que participan la inmensa mayoría de los medios comunicación, para establecer un paralelismo entre VOX y Podemos.

Con el ánimo declarado de blanquear a los Iglesias y de denigrar a los de Abascal.

Y nos encontramos, sobre todo en las cadenas de televisión, con que a los que reivindican el comunismo, que el siglo pasado causó por lo menos 100 millones de muertos, se abrazan a los terroristas de ETA, defienden el independentismo catalán, atacan la libertad de prensa, abominan de nuestra Constitución y odian a España, se les presenta siempre ‘demócratas’.

Y a la vez, se pone mucho énfasis en subrayar que ideas y propuestas de VOX, perfectamente legales y ajustadas a nuestro ordenamiento constitucional, como cerrar el paso a partidos que no condenan los asesinatos etarras, controlar la inmigración ilegal o acabar con el despiporre autonómico, son ‘peligrosas’.

Y con este cóctel infumable, resulta que Santiago Abascal es presentado reiteradamente como un facha antidemocrático, xenófobo y homófobo en tanto que Pablo Iglesias y sus secuaces son unos chicos un poco radicales, pero casi al borde de la santidad.

Quizá convenga recordar, en vísperas como estamos de que el Gobierno Sánchez saque adelante esa infame Ley de Memoria Democrática con la que podrán multarnos, cerrarnos y hasta encarcelarnos por discrepar de su sectaria versión de la Historia de España, que sólo hay dos partidos políticos que hunden sus raíces en la Guerra del 36: los comunistas de Podemos que parecen añorar la masacre de Paracuellos y este PSOE heredero de las chekas y del miserable Largo Caballero.

Es una vergüenza que el Gobierno Sánchez en general y el ministro Marlaska en particular hayan intentado colarnos que lo ocurrido el pasado 17 de septiembre en la localidad murciana de Torre Pacheco, donde un coche a toda velocidad embistió contra la terraza de un bar, matando a una persona y dejando malheridas a una decena, era un ‘accidente de tráfico’, cuando en realidad fue un atentado yihadista.

Abdellah Gmara, el tipo que iba al volante, llevaba el vehículo lleno de panfletos islámicos, se había afeitado todo el cuerpo para entrar limpio al paraíso de Alá y cuando culmino su tropelía se clavó un cuchillo en el corazón.

¿Qué porque han echado desde este Gobierno de trileros tierra al asunto?

Muy sencillo: el tal Abdellah, antes de dedicarse a recoger melones y planear atentados, era un simple Mena y eso es algo que estropea alguno de los discursos del de Sánchez y da munición a VOX.

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