LA SEGUNDA DOSIS

Alfonso Rojo: “El paradigma del disparate, del fanatismo ideológico y la estupidez”

Yo empecé en esto del periodismo hace una eternidad. Apenas terminada la mili, poco después de morir Franco y recién licenciado en Ciencias de la Información y en Derecho.

Y siempre he sostenido que es esencial, para llegar al lector, al espectador o al oyente, equilibrar lo importante con lo interesante.

Cierto que, si pones cara de estreñido y enhebras frases muy complicadas, siempre habrá un buen porcentaje de cenutrios que se queden con la impresión de que sabes mucho, pero no lo recomiendo.

Mejor ser directo, ameno e incluso sonreír, aún a riesgo de que algún bobo piense que no eres suficientemente intelectual.

Deberíamos hablar de Pedro Sánchez, de su desastrosa gestión, de sus inmundos apaños y de sus mentiras, pero hoy, excepcionalmente quiero poner el foco en las Islas Baleares, porque –incluso más que Cataluña o país vasco- sirve para entender el desastre, la vergüenza, la ignominia en que el PSOE y sus compinches están metiendo a España.

Esa región, que tiene poco más de un millón de habitantes y que todo el mundo identifica con vacaciones, playa, fiesta y hasta felicidad, se ha convertido en el paradigma del disparate, del fanatismo ideológico y la estupidez.

Se acordarán ustedes, porque fue sólo hace siete meses cuando el socialista José Hila, alcalde de Palma, decidió cambiar el nombre de varias calles de la ciudad que le parecían ‘franquistas’ y entre las condenadas estaban la calle Toledo, las dedicadas a los almirantes Churruca, Gravina y Cervera.

No creo necesario recordar que Churruca y Gravina murieron en la Batalla de Trafalgar, casi un siglo antes de que naciera Franco y que Cervera, luchó con heroísmo infinito en la Guerra de Cuba, cuando el futuro Generalísimo tenía seis años.

Esto del alcalde Hila sería una idiotez más, si no tuviera como entorno la desquiciada coalición de izquierdas que preside la socialista Francina Armengol en Baleares y que es capaz de cualquier tropelía.

La antepenúltima ha sido obligar al Ayuntamiento menorquín de Es Castell a eliminar toda referencia a la Guerra Civil en el texto de la placa de homenaje al alcalde Francisco Gimier, asesinado en 1936 por un grupo de milicianos comunistas y militares republicanos.

La penúltima, no incluir en el censo de víctimas y desaparecidos de la Guerra Civil a Juan Huguet, sacerdote de la localidad menorquina de Ferreries, asesinado en julio de 1936 por la brigada republicano Pedro Marqués y poner en su lugar al asesino, quien tres años después de su crimen, en 1939, fue detenido, juzgado y fusilado por las tropas franquistas.

Y la última, de momento, es una encuesta pagada con dinero público, en la que se exige a todas las familias con niños cursando Educación Infantil o Primaria, que aclararen si su hijo es «niña, niño o ninguna de las anteriores». Literal.

Con esta chorrada cósmica, los socialistas y sus compadres pretenden, al parecer, mejorar los derechos de niños y adolescentes.

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