El artículo de Rosa Martínez, publicado en Vozpópuli este 9 de marzo resacoso del 8-M de feministas radicales, aborda la crisis de legitimidad del feminismo institucionalizado en España, personificada en la figura de Irene Montero, exministra de Igualdad. La autora argumenta que el liderazgo de Montero durante varios años ha generado un efecto contraproducente, alejando a sectores clave de la sociedad de las reivindicaciones feministas.
«Con Irene Montero no gano para papel higiénico». Esta frase, atribuida a una manifestante anónima, sintetiza el desencanto de amplios sectores ante la gestión de la ministra. Martínez señala que el feminismo, al convertirse en un «instrumento de poder» en manos de la izquierda radical, ha perdido su capacidad de movilización transversal.
La desmovilización del 8-M como síntoma
El artículo vincula la desmovilización del 8-M con el agotamiento de un discurso que prioriza la confrontación ideológica sobre la unidad. Martínez destaca que, por primera vez en años, las manifestaciones de 2024 registraron una participación menor, atribuyéndolo a la percepción de que el movimiento se ha «institucionalizado y burocratizado».
«El feminismo, al convertirse en un instrumento de poder en manos de la izquierda radical, ha perdido su capacidad de movilización transversal».
Esta crítica se enmarca en un contexto más amplio de desmovilización social, observable en otros movimientos como el ecologista, que tras años de represión policial y judicial, ha reducido su actividad. Martínez sugiere que la izquierda, al monopolizar ciertos discursos, ha generado una reacción de desconfianza en sectores moderados.
El papel de la izquierda y la polarización
La autora critica la estrategia de Unidas Podemos de instrumentalizar el feminismo como bandera electoral, lo que ha llevado a una polarización extrema. Ejemplos como la Ley Trans o la gestión de la violencia de género se presentan como casos donde la confrontación ha sustituido al diálogo.
«El feminismo, al convertirse en un instrumento de poder en manos de la izquierda radical, ha perdido su capacidad de movilización transversal».
Este enfoque contrasta con experiencias internacionales, como el movimiento Die Linke en Alemania, que logra combinar reivindicaciones sociales con apoyo juvenil sin caer en la radicalización. Martínez advierte que la izquierda española, al priorizar la ortodoxia ideológica, ha sacrificado su capacidad de representar demandas universales.
Propuestas y reflexiones finales
El artículo concluye con un llamado a reinventar el feminismo desde la base, recuperando su esencia como movimiento social y no como herramienta partidista. Martínez propone un enfoque que integre las demandas de género con otras luchas, como la vivienda o el ecologismo, evitando la fragmentación.
«El feminismo, al convertirse en un instrumento de poder en manos de la izquierda radical, ha perdido su capacidad de movilización transversal».
Esta reflexión se alinea con análisis recientes sobre la represión de movimientos sociales, donde la desmovilización se vincula a la criminalización de la protesta y la falta de estrategias inclusivas. Martínez sugiere que solo un feminismo plural y no sectario podrá recuperar su papel transformador.
