Raúl del Pozo ha fallecido a los 89 años, dejando un legado que encapsula la evolución del periodismo español durante las últimas siete décadas. Nació en Mariana, una pequeña aldea de la Sierra de Cuenca, el 24 de diciembre de 1936, apenas unos meses después del inicio de la Guerra Civil. Su vida profesional se convirtió en un reflejo fiel de los cambios políticos y sociales que vivió el país. Desde sus inicios en el franquismo hasta su brillante cobertura de la Transición y los siete presidentes que han marcado nuestra democracia, del Pozo se distinguió por su aguda observación y un estilo inconfundible que lo erigió como una figura clave en el ámbito del periodismo de opinión.
Su trayectoria comenzó a los 24 años en el Diario de Cuenca en 1960, pero fue en el legendario diario Pueblo donde realmente desarrolló su carrera como reportero. Allí trabajó como corresponsal en ciudades emblemáticas como Moscú, Londres, Lisboa, París, Roma y Buenos Aires, cubriendo los eventos internacionales más relevantes de su tiempo. Posteriormente colaboró con importantes publicaciones como Mundo Obrero, Interviú y Diario 16, afianzándose como un cronista parlamentario y analista político destacado. Desde 1991, se convirtió en uno de los nombres más reconocidos del columnismo español en El Mundo, donde tomó las riendas de la célebre columna El ruido de la calle, tras el fallecimiento de Francisco Umbral. Su última colaboración para el diario vio la luz el 1 de enero de este año.
Además, la versatilidad de del Pozo trascendió las páginas impresas. Durante décadas fue una figura habitual en las tertulias televisivas, participando en programas como Protagonistas con Luis del Olmo, donde también aportaba su voz a la sección Viva el vino en Más de uno, junto a Carlos Alsina. También trabajó en Día a día con María Teresa Campos y estuvo al frente del programa Entre dos luces en RTVE. Su presencia constante en los medios audiovisuales consolidó su estatus como una voz autorizada para interpretar la actualidad política y social.
Su producción literaria fue igualmente notable. Publicó más de diez libros entre ensayos y novelas. Una de sus obras más destacadas, Noche de tahúres, una intrigante historia sobre asesinatos y detectives ambientada en un Madrid lleno de adictos al juego publicada en 1994, fue calificada por José Cela como «simplemente una gran novela». También escribió títulos como No es elegante matar a una mujer descalza, La novia, Los cautivos de La Moncloa —donde exploraba la corrupción y el ambiente que reinaba en el palacio presidencial— y A Bambi no le gustan los miércoles, que reúne retratos satíricos sobre personajes destacados de la aristocracia y la política.
El reconocimiento a su labor fue amplio y constante. Recibió algunos de los galardones más prestigiosos del periodismo español: el Mariano de Cavia, el Francisco Cerecedo, el González-Ruano y el Pedro Rodríguez. La relevancia de su legado quedó patente cuando se instituyó en 2016 el Premio Raúl del Pozo de columnismo, que este año ha sido otorgado a Javier Cercas. Además, recibió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha y la Medalla de Honor de Madrid por su destacada trayectoria.
El periodista Manuel Alcántara resumió magistralmente su importancia con una frase que captura la esencia misma de su obra: «No es sólo el mejor entre los que quedan, sino también el mejor entre los que hubo». Del Pozo fue mucho más que reportero o cronista parlamentario; fue un columnista que transformó su observación aguda y su prosa personal en herramientas para analizar lo político. Su fallecimiento marca el final de un capítulo crucial en la historia del periodismo español, dejando un legado que va más allá del papel impreso para convertirse en parte esencial de nuestra memoria colectiva democrática.
