En mis lejanos tiempos como corresponsal de guerra, entre los veteranos de la profesión se decía: puedes poner a cualquiera como cocinero del batallón, menos a un caníbal.
Pues algo así es lo que tenemos con el socialista Sánchez y su Foro contra el Odio, que presentó ayer en el Museo [de América] y en donde entre los invitados no estaba:
- Martínez, el redactor de El Español al que majaron a palos proetarras encapuchados hace cinco meses en la Universidad de Pamplona;
- ni Pampliega, el reportero al que los fanáticos del ISIS tuvieron cautivo 10 meses;
- y ni siquiera alguien como Antonia, Dolores o Laura Valentina, las tres mujeres quemadas vivas por un facineroso empeñado en fornicar con una de ellas y a quien dieron calabazas.
La estrella del vodevil, con discursos dignos de un concurso de Miss Universo, fue la tertuliana Sarah Santaolalla. Y me ha quedado la duda de si ponerle la ‘H’ a odio, para convertirlo en ‘Hodio’, no será un guiño a la paisana que se ha inventado una agresión que nunca existió y a quien describen en redes como “mitad tetas, mitad tonta”.
Habíamos visto al putero Ábalos y a ‘Braguetas’ Salazar proclamando en televisión que son feministas porque son socialistas, pero lo de este lunes es para partirse la caja.
Cierto que detrás hay una siniestra maniobra para censurar al disidente y expulsarnos de las redes sociales, como ya llevan meses intentando hacer con nuestros corresponsales en el Congreso de los Diputados y han logrado ya en La Moncloa, los ministerios y todas sus sedes.
Para el marido de Begoña y su cuadrilla, odio es:
- decir que son responsables de los 47 muertos en Adamuz,
- que han robado a manos llenas desde que llegaron al poder,
- que las hijas de Zapatero trincaron comisiones con Plus Ultra,
- que el hermano músico no sabía ni dónde estaba su despacho,
- o que se abrazan a los que homenajean a los asesinos de sus compañeros socialistas y a los xenófobos separatistas catalanes que dieron un golpe de Estado.
‘Hodio’, con hache, es un programa informático para vigilar qué decimos y cómo opinamos. Una herramienta para el control social, donde unos cuantos progres y chupatintas decidirán quién puede opinar y quién debe ser cancelado o borrado de la faz de la tierra.
El odio es el catalizador de toda la política del guerracivilista PSOE y lo único que explica la supervivencia de su amo como presidente del Gobierno.
‘Hodio’, con ‘H’ de humo otra vez y para concluir, es el último engendro de un tipejo que por odiar, hasta odia a España.