EL REPASO

Alfonso Rojo: «Trump impone la paz a los ayatolás y Mustafa Sánchez está que echa las muelas»

La memez esa de que el fin de las hostilidades da la razón al marido de Begoña y a su impostado «No a la guerra», que difunden hoy El País y TVE, no hay por dónde agarrarla

Probablemente me hayan oído decir alguna vez que mi líder ideal sería uno que combinara la tenacidad de Churchill, el patriotismo de De Gaulle, el atractivo de Kennedy y el valor de Alejandro Magno.

Con esa premisa, entenderán ustedes que Donald Trump no figure en el panteón de mis héroes.

Es demasiado narcisista, histriónico, materialista y ampuloso para mis gustos, pero a cada cual lo suyo.

Y lo de Trump, por mucho que fastidie a Sánchez y a la Brunete Pedrete Mediática, es que es un negociador genial.

Como hizo hace exactamente cinco meses en Gaza y acaba de dejar patente en Irán, el pelirrojo es uno de los mejores dealmakers de la historia moderna.

Brutal, a menudo bocazas y aparentemente descontrolado, pero siempre con un plan, manejando los tiempos y jugando con maestría sus cartas. Que en esta ocasión eran muchas y letales.

En el último minuto, tras amenazar con el ‘apocalipsis’, ha forzado el alto el fuego que va a ser definitivo y que obliga a los ayatolás a reabrir al tráfico petrolero el Estrecho de Ormuz.

Se mire como se mire, es un triunfo arrollador del inquilino de la Casa Blanca, y prueba de ello es cómo han reaccionado al alza las bolsas mundiales y cómo se ha desplomado el precio del crudo.

Una gran noticia que ha sentado a cuerno quemado en La Moncloa, como evidencia que el inane Albares salga mascullando que ‘no es definitivo’ y que permite a Israel —el gran beneficiado por el conflicto— seguir aniquilando terroristas de Hezbolá en Líbano.

La memez esa de que el fin de las hostilidades da la razón al marido de Begoña y a su impostado «No a la guerra», que difunden hoy El País y TVE, no hay por dónde agarrarla.

No ha habido un cambio de régimen en Teherán, ni habrá foto del agonizante Jamenei firmando la rendición en la cubierta de un portaviones estadounidense, pero —a la hora de la verdad— tras 39 días de inclemente bombardeo, que han dejado a Irán sin instalaciones nucleares, sin Fuerza Aérea, sin Marina, sin defensas aéreas y con más de la mitad de sus altos dirigentes muertos, los ayatolás claudican. Y lo hacen muy debilitados.

Gritan mucho, pregonan haber vencido al Gran Satán, pero aceptan todo lo que ha exigido Trump, incluido, por cierto, el fin de su programa nuclear, en contra de lo que ha publicado la mentirosa CNN.

Me da a mí que en Sánchez, quien se las prometía muy felices pensando que la guerra le iba a servir de gran baza electoral, como le pasó al chavista Zapatero, está que echa las muelas.

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