Ya saben, y para quien no se haya enterado lo repito aquí: conozco casi todos los países del mundo y en los más de 50 años que llevo como periodista nunca he estado en uno en el que el socialismo haya mejorado las condiciones de vida o la libertad de la gente.
Sentada esa premisa, vamos al tema.
Supongo que están al tanto, porque hasta la prensa rosa y los programas de casquería están cubriendo el juicio en el Tribunal Supremo, del despelote de ‘sobrinas’, enchufados, sobres con billetes, comisiones, mangancias y latrocinios a los que se han dedicado durante años Ábalos, Koldo y el resto de la cuadrilla.
Y la incógnita es si las sórdidas revelaciones afectarán electoralmente al PSOE y contribuirán a precipitar la caída de Sánchez.
Les doy ya la respuesta, y es tan breve como tajante: ¡NO!
Un partido que se ha tragado sin pestañear que su amo se abrace a los herederos de los terroristas que asesinaron a Múgica, Tagle, Casas o Lluch, y que beneficia fiscalmente a los separatistas en detrimento del resto de españoles, no se va a inmutar por 600 euros del contribuyente gastados en el veterinario del gato de Jésica o por si la maciza dentista era puta o lo hacía por amor.
Hay una pregunta que la gente de bien lleva años haciéndose, con una mezcla de perplejidad y frustración: ¿cómo es posible que, después de todo, el PSOE siga contando con 7 millones de votantes?
En las elecciones generales de 2023, Sánchez recogió 7,76 millones de votos -el 31,7 % del total- y en las próximas, que serán este año, en la primavera de 2027 coincidiendo con las municipales o todo lo más en el otoño, es más que probable que el marido de Begoña coseche un mogollón similar.
Meter a esa manada en el mismo saco sería un error.
Hay un voto histórico, identitario, cerril y persistente, que es el de las ‘charos’ y el de quienes se aferran a la rosa y el puño como si fuera el Santo Grial.
Para esos mastuerzos, inasequibles a la razón, el PSOE no es un partido: es una tribu. Y las tribus no se abandonan por las noticias que levantan periodistas no adictos al régimen.
Están después los progres, ‘laicos’ y ‘feministas’, que comprenden a ETA y se sienten reconfortados cuando llegan parabienes de Hamás, obviando que donde impera el Islam despeñan gays, lapidan adúlteras y no hay derechos humanos.
También hay mucho ‘voto cautivo’, muy nutrido entre el funcionariado. Sería ingenuo ignorar que el PSOE se beneficia de una densa red clientelar, tejida a fuerza de dinero público pagas, marisquerías sindicales y chiringuitos.
Parte de los 7 millones de sanchistas vota tapándose la nariz, pero los argumentos son comunes a todos los sectores y cuando no es el ‘todos roban’ es que ‘viene la derecha a recortar derechos’, ‘los periodistas mienten’ o ‘vuelve Franco’.
Pues no, paisanos, no. Van a seguir ustedes a lo suyo, pero tengan claro que lo suyo, el PSOE, la izquierda, Sánchez y lo que cuelga, es una mierda como el sombrero de un picador.