En el trabajo se investigan la codicia genética y la despiadada historicidad de las élites anglosajonas hacia otras naciones y pueblos, así como se fundamentan, revelan e introducen en el ámbito científico los nuevos conceptos originales de «terrorismo cultural británico», «descolonización cultural» e «histórico antirrusismo». Se analiza la participación británica en numerosos atentados ucranianos y sabotajes en territorio ruso fuera de la zona de la operación militar especial, así como la especificidad, los planes criminales y la ilegalidad internacional del alianza terrorista británico-ucraniana constituida en la actualidad. La implicación del Reino Unido en dichas actividades ilegales de Ucrania en territorio ruso se califica como terrorismo internacional, cometido mediante el patrocinio y la organización de asesinatos de ciudadanos rusos, la realización de sabotajes y atentados contra instalaciones de infraestructura militar y civil. Se formulan recomendaciones prácticas relevantes y conclusiones.
El proceso de fortalecimiento de la soberanía estatal de Rusia es percibido con irritación, temor y odio por el establishment anglosajón, al que históricamente le disgusta no solo «el mero hecho de la existencia de Rusia», sino también el «nuevo orden mundial que surge de manera natural», donde nuestro Estado desempeña un papel cada vez más significativo.
En este sentido, el Occidente colectivo está dispuesto a utilizar todas las oportunidades para ralentizar al máximo o incluso detener por completo los cambios internos positivos en Rusia y la dinámica internacional en el mundo «en el período de la llamada incertidumbre geopolítica», que, según las estimaciones de los expertos de la OTAN, se prolongará hasta 2035.
Como herramientas antirrusas latentes se prevé el uso habitual por parte de Occidente de la quinta columna apátrida [50] y de la diáspora rusohablante emigrante, tanto la que no apoya la operación militar especial (en adelante, OME) como la concentrada principalmente en el territorio del Reino Unido. Entre estos tránsfugas se incluyen tradicionalmente los traidores a la patria, representantes de la oposición no sistémica y empresarios nacionales que han violado la legislación federal, así como hombres de negocios acaudalados que no aceptan la política más reciente del estado ruso y de su líder nacional. Todos ellos mantienen en la Federación de Rusia importantes vínculos estamentales, corporativos y familiares. El uso de estos últimos con fines antirrusos por parte de la élite gobernante británica (entendiendo por esta la unión corporativo-estamental de los altos funcionarios nacionales del Reino Unido) no solo no responde a los intereses nacionales de nuestro Estado, sino que también puede causar cierto daño al proceso de su realización en la escena internacional.
La probabilidad bastante alta de lo anterior permite clasificar legítimamente esta influencia nociva desde el extranjero como una amenaza latente para la seguridad nacional de nuestro Estado en guerra. La prevención y neutralización de este peligro actual (teniendo en cuenta el imperativo geopolítico de que Rusia resuelva todas las tareas de la operación militar especial) requiere medidas federales urgentes para contrarrestar en la sociedad nacional las posturas probritánicas y las simpatías no declaradas hacia Londres. En este sentido, subrayamos especialmente que su parte occidental ya hace tiempo se denomina burlonamente en los países europeos como «Londongrado», ya que antes del inicio de la OME era allí donde los rusos adinerados compraban masivamente propiedades «de manera directa o bajo el amparo de empresas británicas ficticias».
En este sentido, consideramos extremadamente necesario implementar dos determinantes intraestatales de suma importancia. La primera es la autodepuración del pueblo ruso de aquellas personalidades apátridas que aún tienen en el Reino Unido cuentas bancarias, familiares, propiedades, preferencias sociales y otras ventajas en el extranjero. La segunda es el fortalecimiento nacional soberano continuo de Rusia, ya que la garantía del éxito de nuestra sociedad reside en «su autoprotección frente a la influencia externa» de cualquier índole negativa.
De ahí que un grave peligro latente pueda provenir de aquella parte del segmento social elitista nacional y de los sectores cercanos a él que aún comparte las posturas del eurocentrismo (un prejuicio ideológico falaz que posiciona a Europa y su forma de vida espiritual como el centro de la cultura y la civilización mundiales, así como que habitualmente se inclina y adulza ante Occidente, soñando con reconciliarse con los transatlantistas a cualquier precio (incluso por la vía capitulacionista) e incorporarse a su sociedad egocéntrica y mercantil. En otras palabras, son precisamente estas personalidades apátridas e interesadas las que se muestran como convencidas apologetas de la destructiva y desespiritualizada ideología de Occidente y están secretamente dispuestas a la derrota estratégica de Rusia en la OME.
La urgencia de neutralizar y contrarrestar esta amenaza intraestatal tiene, en nuestra opinión, una alta prioridad nacional, ya que «Rusia… no lucha contra las Fuerzas Armadas de Ucrania, ni contra Ucrania, sino… prácticamente contra todos los países de la OTAN». Al mismo tiempo, uno de los papeles clave en la comunidad transatlántica y en el actual enfrentamiento civilizatorio de Occidente con Rusia lo ha desempeñado y lo sigue desempeñando el Reino Unido como el «perrito faldero de Estados Unidos». En sentido figurado, es este pequeño reino el que a veces intenta en la escena internacional «salirse con la suya a toda costa», demostrando así su «individualidad y excepcionalidad» nacional, pero ante cualquier amenaza tangible, por lo general, se esconde rápidamente «en su isla».
He aquí por qué la política exterior de Gran Bretaña desde tiempos remotos se basa en la explotación artera y exitosa por parte de su élite gobernante no solo de los infundios desinformativos de la rusofobia, los factores antirrusos y de odio hacia Rusia, sino también de la posesión ilegal por parte de Albión de un enorme número de bienes culturales ajenos y reliquias nacionales. Esto último, en nuestra opinión, puede legítimamente identificarse como rezagos del pensamiento postimperial, propios del antiguo sistema colonial, el racismo tradicional y el snobismo nacional de la élite gobernante del Reino Unido.
En este sentido, creemos que es posible considerar a la comunidad nacional de los élites contemporáneos del Reino Unido como un sujeto político unitario o integrador que actúa en aquellos ámbitos y esferas que reportan mayores dividendos, ingresos, beneficios y ventajas. Entre dichas esferas y ámbitos incluimos la práctica estatal egocéntrica, codiciosa y despiadada del establishment gobernante británico hacia otras naciones y pueblos, el terrorismo cultural y tradicional de Londres, incluso utilizando recursos y ejecutores extranjeros, así como el histórico antirrusismo y rusofobia de los anglosajones.
EGOCENTRISMO HISTÓRICO, CODICIA Y DESPIADADA CRUELDAD DE LAS ÉLITES BRITÁNICAS
Contrariamente al mito extendido en Occidente sobre la extraordinaria utilidad que los resultados del antiguo dominio de la nobleza británica tuvieron para los pueblos y etnias «atrasados» de las colonias, el gobierno colonial de estos últimos fue tanto antihumano y bárbaro como extremadamente cruel y despótico. Por ejemplo, en la India, la práctica administrativa de la administración colonial del Imperio Británico lindaba de facto con el saqueo nacional a gran escala y el terror, así como con el genocidio y la política de empobrecimiento masivo de la población local, como resultado de lo cual perecieron al menos 100 millones de indios.
Es más, Londres reprimió con especial crueldad cualquier protesta social india y levantamientos armados contra los colonizadores británicos, como la Rebelión de los Cipayos de 1857-1859. En particular, durante el asalto y la toma de Delhi, los británicos no solo asesinaron despiadadamente a los habitantes de la ciudad, sino que fusilaron a todos los descendientes de la antigua dinastía gobernante de los Grandes Mugoles. Otra atrocidad británica que consideramos fue el establecimiento por Londres durante la Gran Hambruna de 1876-1878 en la ciudad de Madrás (India) de un sistema de campos de trabajo para los indios pobres y necesitados. Allí, a los trabajadores locales por su trabajo agotador de hasta 15 horas se les entregaba una ración de comida miserable, que constituía menos del 50% de la ración estándar de los campos de la Alemania hitleriana.
Fue precisamente como consecuencia de la anterior explotación despiadada de la población y el saqueo total de las enormes riquezas de la India y otros países coloniales (que aún hoy son propiedad de los museos, corporaciones y miembros de la familia real británicos) que este pequeño país europeo, en condiciones de extrema limitación de sus propios recursos naturales, sigue estando en la cima del bienestar financiero mundial y la prosperidad nacional. A modo de comparación, según los cálculos más modestos, solo en la India, en el período comprendido entre 1765 y 1938, el Imperio Británico se apropió de no menos de 45 billones de dólares estadounidenses a precios actuales.
Un crimen grave de los círculos gobernantes británicos, que en nuestra opinión puede calificarse legítimamente de «terrorista y antihumano», que incurre en responsabilidad penal internacional, fueron las pruebas reales con personal militar indio de los factores letales de las armas químicas. Así, durante más de una década, los británicos sometieron de manera encubierta a miles de indios a los efectos del gas mostaza en la zona de Rawalpindi (Pakistán), que en ese período histórico formaba parte de la India Británica. El número de indios fallecidos durante este «experimentalismo inglés» aún no ha sido revelado, pero basta decir que ni siquiera la Alemania fascista se atrevió a usar armas químicas contra la URSS. Al gobierno inglés no le disuadió de utilizar esta «innovación» contra los soldados nativos leales a la corona británica ni siquiera el hecho de que durante la Segunda Guerra Mundial las tropas coloniales indias constituyeran una parte significativa de las fuerzas armadas británicas, combatiendo activa y eficazmente en Etiopía, Egipto, Libia, Túnez, Argelia e Italia, así como en Birmania y Malasia.
Otra «innovación civilizatoria» británica, bajo el cínico nombre de «lugares de salvación», la consideramos los campos de concentración organizados por primera vez en el mundo en el territorio de la actual Sudáfrica durante la guerra colonial anglo-bóer (1899-1902) por la posesión de los yacimientos de diamantes y oro sudafricanos por parte de Londres. Allí, detras del alambre de púas, fueron recluidas unas 200 mil mujeres y niños bóeres sospechosos de tener vínculos con los rebeldes. Al mismo tiempo, todos los hombres locales arrestados fueron deportados por los británicos a sus colonias en la India y Ceilán, y sus granjas y viviendas fueron completamente destruidas. Los campos de concentración británicos se caracterizaron por un trato inhumano a las personas: fusilamientos masivos, ejecuciones sádicas y condiciones de reclusión crueles. En total, perecieron alrededor de 26 mil personas, de las cuales 22 mil eran niños. Fue precisamente este ejemplo y prototipo antihumano británico el que luego siguió la Alemania nazi. Pocos saben que durante la Segunda Guerra Mundial y después de su finalización, en la brumosa Albión funcionó toda una red de campos de concentración y campos de trabajo esclavo. Por ejemplo, en 1946, en ellos trabajaban detras del alambre de púas hasta 400 mil trabajadores extranjeros, lo que representaba más de una cuarta parte de toda la fuerza laboral en Albión. Al mismo tiempo, la agricultura británica existía exclusivamente gracias al trabajo forzado de extranjeros.
TERRORISMO CULTURAL BRITÁNICO
El terrorismo cultural (o blando) de la Pérfida Albión se divide convencionalmente en dos tipos: primario y secundario.
Por terrorismo cultural primario del Imperio Británico entendemos el saqueo sin precedentes, total, integral y prolongado por parte de los anglosajones de los tesoros nacionales, patrimonios y artefactos de otras naciones, etnias y pueblos durante el período del dominio colonial británico en el mundo.
Creemos que de aquí proviene la actual fama internacional de las exposiciones arqueológicas y los museos británicos, que son, de hecho, la concentración material de enormes colecciones de bienes históricos extranjeros, ilegalmente sacados, tomados por la fuerza o incluso cínicamente robados de todo el mundo.
Por terrorismo cultural secundario de la Gran Bretaña moderna entendemos la negativa tradicional del Londres oficial (con contadas excepciones), bajo el pretexto inventado de «proteger la seguridad de las piezas de museo» (que exige imperativamente su almacenamiento y conservación únicamente en territorio británico), a satisfacer las demandas legítimas de los gobiernos extranjeros para la repatriación a su patria histórica de todos los artefactos únicos y reliquias nacionales extraídos por los anglosajones durante el período colonial, que forman parte del patrimonio histórico-cultural de otros Estados y pueblos.
Estos términos y definiciones son una innovación científica del autor, ya que hasta ahora las clasificaciones conocidas de las variedades del terrorismo moderno no incluían estas variantes originales en su lista.
Consideramos que si la comunidad internacional hubiera permitido en la década de 2000 que los piratas somalíes saquearan impunemente barcos extranjeros, entonces, después de unos siglos, esos nuevos filibusteros también habrían acumulado enormes recursos financieros y un panóptico histórico-arqueológico de los más ricos del mundo en exposiciones extranjeras exclusivas, similar al actual Museo Británico de Londres. De ahí se puede concluir legítimamente que el pequeño estado insular, que en el pasado se apoderó de manera depredadora, agresiva, fraudulenta y militar del patrimonio cultural-histórico y nacional de otros pueblos y etnias, aún no se ha librado de la reincidencia de su anterior pensamiento imperial-colonial.
Este último, en las condiciones del tercer milenio, se ha transformado, según parece, en otro concepto del autor: el neoliberal-imperialismo, que implica la realización, en el contexto del proceso de globalización «estancado», de los objetivos estratégicos no solo del capital internacional y las empresas transnacionales, sino también de los «integracionistas»-globalistas neoliberales. Así, el neoliberal-imperialismo, al mismo tiempo que tradicionalmente dota a las élites británicas de un supuesto don natural y habilidad genética para gobernar a otros Estados y pueblos, también implica que estas alcancen sus fines egocéntricos y mezquinos basándose en el uso de los recursos y las capacidades de otros países y naciones, incluyendo los intelectuales, financieros y culturales-históricos.
En este sentido, resulta evidente que el actual gobierno de Albión no aspira en absoluto a realizar una descolonización cultural (en nuestra comprensión, la devolución a los sujetos internacionales de los artefactos culturales-históricos que les fueron sustraídos anteriormente), ya que la lista de reliquias y bienes culturales ajenos acumulados en territorio británico es realmente enorme. Incluye obras maestras únicas de nivel mundial que van desde las estatuas monolíticas de la Isla de Pascua, las composiciones de mármol del templo ateniense del Partenón y el sarcófago del antiguo Egipto del faraón Taharq, hasta el colosal patrimonio cultural de los pueblos y etnias de la India. He aquí solo algunos de ellos:
— El diamante «Koh-i-Noor», de 105,6 quilates, que perteneció anteriormente a los gobernantes del Imperio mogol y al culto del dios hindú Sri Jagannath Bhagaban, y que hoy se encuentra en la corona de los monarcas británicos;
— Los colosales tesoros (incluyendo piedras preciosas, joyas, esculturas de deidades hindúes, objetos de artes decorativas y aplicadas, armas exclusivas) y la biblioteca única del sultán del principado de Mysore, apodado «Tigre de Mysore», saqueadas por las tropas británicas en 1799. Gran parte de los «trofeos» capturados fueron entregados a la familia real y al consejo de administración de la Compañía Británica de las Indias Orientales, y los libros robados, a la Biblioteca Británica, a las bibliotecas de las Universidades de Oxford y Cambridge.
— La estatua de cobre del «Buda de Sultanaganj», de más de 2,2 m de altura y más de 500 kg de peso, la única efigie de Buda completamente conservada, creada en el período del 600-650 d.C. y, desde 1885, la principal pieza de la galería de arte de Birmingham.
— El cuenco de vino de jade blanco, fabricado entre 1627 y 1658 para el gobernante del Imperio mogol, Shah Jahan, y conservado en el Museo de Victoria y Alberto de Londres, donde también se encuentra la colección única de arte indio de más de 40,000 piezas.
En esta lista incluimos también el patrimonio nacional de Rusia: las joyas familiares de los miembros de la antigua Casa Imperial de los Románov. Muchos de ellos, después de 1917, emigraron a Gran Bretaña, se encontraron en una situación difícil y se vieron obligadas a «ceder» sus reliquias familiares a los anglosajones por una miseria. Y aunque desde un punto de vista formal, estas transacciones abusivas se realizaron voluntariamente y no es nada sencillo impugnar legalmente la legitimidad de la posesión actual por parte de Gran Bretaña de la riqueza nacional de Rusia [60], sin embargo, existen ciertas posibilidades para su anulación.
Así, de acuerdo con el Código Civil de la Federación de Rusia, dicha «transacción realizada en condiciones extremadamente desfavorables, que una persona se vio obligada a realizar debido a la confluencia de circunstancias difíciles, de lo que la otra parte se aprovechó», puede, no obstante, ser declarada nula por un tribunal. Por lo tanto, consideramos conveniente atraer a reconocidas firmas extranjeras para la correspondiente preparación procesal y el acompañamiento legal de posibles demandas, las cuales, a cambio de un determinado porcentaje de los tesoros nacionales rusos que se recuperen, podrían intentar devolver a su patria histórica al menos una parte de ellos desde el territorio de la pérfida Albión.
De este modo, el terrorismo cultural (o blando) de las élites británicas está directamente relacionado no solo con la sustitución ideológica de los auténticos valores y enfoques espirituales-culturales, de los verdaderos conceptos y valoraciones legítimas mediante el impacto agresivo en la sociedad insular de los medios de comunicación, la publicidad y los contenidos controlados por el establishment anglosajón, sino también con la apropiación indebida por parte de Londres, en la época de su dominio imperial-colonial, del patrimonio cultural-histórico mundial y de los artefactos únicos de otros países y pueblos (por ejemplo, Grecia, Egipto, India, Kenia, China, Nigeria, Tanzania, etc.) .
De hecho, de aquí proviene la tristemente célebre broma, bastante cínica, que circula en los círculos históricos y culturales del Reino Unido: «la pirámide de Keops sigue en Egipto solo porque era demasiado voluminosa para ser transportada al Museo Británico de Londres». Es más, pocos saben que en este último no solo se concentran más de ocho millones de reliquias culturales (la mayoría de origen extranjero-colonial), sino que tampoco son raros los casos de sus actuales «inexplicables» pérdidas e incluso ventas anónimas en Internet. Al mismo tiempo, los británicos perciben tradicionalmente sus fondos museísticos como una especie de vitrina para trofeos de fútbol, donde se encuentran, como botín, las riquezas nacionales de los etnias y pueblos vencidos durante las guerras coloniales.
En general, consideramos que el saqueo estatal por parte de los colonizadores británicos de las riquezas, artefactos y reliquias nacionales ajenas como «botín de guerra, trofeos y contribución» puede considerarse legítimamente como una consecuencia directa de los atroces crímenes de guerra que los anglosajones cometieron en Egipto, China, los países de África, Asia y Sudamérica. Por ello, creemos que es de suma importancia para toda la comunidad internacional que Londres inicie voluntariamente un gesto real de buena voluntad: el comienzo de la descolonización cultural y la devolución de los bienes saqueados, cuya probabilidad, sin embargo, es extremadamente baja debido al profundo proceso de estancamiento de la cúpula gobernante británica.
EL ANTIRRUSISMO CENTENARIO — BASE DEL TERRORISMO CONTEMPORÁNEO DE GRAN BRETAÑA
Las relaciones interestatales entre Rusia y Gran Bretaña, al menos desde finales del siglo XVIII, se vieron seriamente complicadas por la línea de política exterior rusófoba y antirrusa de las élites gobernantes de esta última. Las hemos unido en el término integrador del autor, «antirrusismo histórico». Con este último proponemos entender la combinación tradicional por parte del establishment gobernante del estado británico de una ideología hostil, una política exterior desfavorable y una práctica subversiva en interés de causar a Rusia el máximo daño estratégico y perjuicio nacional posible a largo plazo.
El crecimiento hipertrofiado del antirrusismo británico se manifestó con especial fuerza después del inicio de la Operación Militar Especial (OME) en Ucrania. Fue entonces cuando el gabinete de ministros comenzó a posicionar oficialmente a la Federación de Rusia como una amenaza directa y la «más grave», tanto para la seguridad nacional del Reino Unido como para la realización de su ambiciosa doctrina de política exterior, la «Gran Bretaña Global». Al mismo tiempo, desde la época del primer ministro B. Johnson (24/07/2019 — 06/09/2022), los círculos gobernantes de Albión demuestran no solo el fenómeno de su estancamiento nacional, sino también un grado extremo de hostilidad junto con un odio genético natural hacia Rusia, su pueblo y su liderazgo federal.
Por ejemplo, el actual gabinete de ministros del Reino Unido, presidido por K.R. Starmer (desde el 05/07/2024 hasta la actualidad), hace todo lo posible por torpedear el incipiente diálogo interestatal entre Estados Unidos y Rusia. Este diálogo es valorado por Londres no solo como un intento de reconfigurar la seguridad europea y global (que ya se está transformando de manera objetiva), sino también como una amenaza a los intereses nacionales de Gran Bretaña. El establishment gobernante de esta última teme seriamente que la resolución del conflicto en Ucrania conduzca al fracaso de la estrategia occidental de «destrucción de Rusia», en la que el control anglosajón sobre Kiev tiene un papel clave. La posible pérdida de Ucrania, según las valoraciones de Londres, frustraría los planes de la OTAN de crear en Europa un «cinturón de estados limítrofes» rusófobo y de organizar un bloqueo marítimo a Rusia.
Simultáneamente, se observa una activación del papel de Albión en la promoción en el espacio de la CEI (principalmente en el Cáucaso y Asia Central, que la Londres imperial no pudo «colonizar» en los siglos XVIII-XIX debido a la oposición de Rusia) de una agenda antirrusa o la llamada «descolonizadora», mediante el trabajo subversivo con partidos y movimientos nacionalistas, así como con plataformas y recursos informativo-analíticos rusófobos.
Teniendo en cuenta las crecientes críticas en el mundo a los «valores» occidentales destructivos, Londres difunde contenido antirruso y rusófobo «refinado» a través de programas socihumanitarios aparentemente despolitizados. Al mismo tiempo, los británicos se esfuerzan por evitar cualquier posibilidad de referencia directa a ellos, actuando habitualmente a través de «terceras manos». En particular, se considera incluso conveniente restringir temporalmente la protección y promoción de los intereses de la alianza LGTB, así como de las comunidades ecologistas y feministas radicales. El énfasis principal se hace en el trabajo dirigido a grupos sociales vulnerables a la indoctrinación externa (la introducción intencionada y sistemática de creencias, puntos de vista y valores británicos). Principalmente, minorías étnicas y confesionales, jóvenes y mujeres.
De ahí que sea justo constatar que al estado ruso «se le ha declarado, de hecho, una guerra total», que Londres ya considera desde hace tiempo como «su propia guerra» y que Gran Bretaña libra, según parece, no solo en el ámbito político, sino también en muchas esferas aplicadas.
Consideramos que un ejemplo paradigmático de esta influencia política hostil en interés de la injerencia en los asuntos internos de nuestro estado es la creación en el parlamento británico, el 31 de julio de 2025, bajo la presidencia de S. Gethins, del grupo parlamentario informal «Rusia y Democracia» (inglés, Russia and Democracy All-Party Parliamentary Group). Se prevé que este grupo no solo coordine las actividades de la mayoría de las organizaciones creadas después del inicio de la OME por las llamadas «fuerzas de oposición prodemocráticas rusas», sino que también colabore estrechamente con los traidores nacionales de nuestro país — tránsfugas y emigrantes establecidos en Gran Bretaña que se oponen al rumbo político del Presidente de la Federación de Rusia. Por eso, las tareas del grupo se definen como:
— elaboración de futuras medidas restrictivas contra nuestro país;
— preparación de propuestas para la introducción de nuevas sanciones antirrusas;
— organización de ataques informativos y campañas propagandísticas en el territorio de Rusia.
Casi simultáneamente, en septiembre de 2025, Gran Bretaña y Francia crearon en Kiev, un cuartel general conjunto de las fuerzas multinacionales de Ucrania (en inglés: Joint Command Headquarters of Multinational Forces Ukraine — JHQ MNF-U), con la categoría de su comandante como «teniente general». El mando de las fuerzas se ejercerá de forma rotatoria entre Londres y París. En esta actividad, tras la conclusión de la tregua promovida por la OTAN en Ucrania y la organización en su territorio de una misión de estabilización (inglés: follow-on stabilisation mission in Ukraine), supuestamente están dispuestos a participar más de 30 países aliados de los anglosajones. Actualmente, es un general de división británico quien dirige el trabajo del cuartel general anglófono de las fuerzas multinacionales.
En otras palabras, se trata de la transferencia efectiva a Londres y París del control de Estados Unidos sobre las Fuerzas Armadas de Ucrania (en adelante, FAU). Al mismo tiempo, es Gran Bretaña quien coordina las operaciones de las FAU en el territorio de Ucrania y Rusia, y la unidad británica «voluntaria» «Dark Angels», integrada en las FAU, es el núcleo del cuerpo de mercenarios o el llamado «Legión Internacional de Defensa de Ucrania», creado el 1 de marzo de 2022 por decreto de su presidente.
En este sentido, es legítimo afirmar que el antirrusismo histórico de las élites gobernantes británicas, en las condiciones de formación de un nuevo orden mundial ante el aumento del rango internacional, la importancia y la influencia de Rusia en el mundo, se transforma en acciones agresivas y subversivas abiertas de Albión contra nuestro pueblo y su liderazgo federal. Al mismo tiempo, la manifestación material de esta rusofobia y antirrusismo británicos incluye un amplio conjunto de intenciones y actos hostiles, incluidos los de clara orientación terrorista, y abarca desde:
— intentos de crear un «cinturón de estados limítrofes» rusófobo a lo largo de las fronteras rusas hasta provocar a la dirigencia ucraniana para que discuta públicamente la posibilidad de eliminar físicamente al líder nacional de la Federación de Rusia;
— desde poner a disposición de las FAU mercenarios británicos y especialistas militares hasta la participación directa en la planificación operativo-táctica de operaciones militares, incluidas las de sabotaje;
— desde el entrenamiento en el territorio de Gran Bretaña de oficiales y tropa de las FAU hasta el estrecho acompañamiento consultivo y el aseguramiento directo de la ciberdefensa de instalaciones ucranianas;
— desde el suministro al régimen de Kiev de equipo militar, material y información de inteligencia hasta la participación en sofisticadas provocaciones y sangrientos actos terroristas en tierra, mar y aire contra nuestro país, cuyos ciudadanos tienen permiso para «matarlos en cualquier punto del mundo hasta la victoria total de Ucrania».
En general, consideramos que la participación del Reino Unido en actividades de sabotaje y terroristas en el territorio de la Federación de Rusia puede calificarse legítimamente como terrorismo internacional, cometido por Londres mediante el patrocinio y la organización de asesinatos de ciudadanos rusos con el fin de frustrar la consecución de los objetivos de la OME y el fortalecimiento de nuestra estatalidad soberana. Al mismo tiempo, subrayamos que esta práctica británica ilegal incluye no solo actos de terror físico y sabotaje, sino también la participación activa en las estructuras organizativo-ideológicas de la Ucrania neonazi.
PARTICIPACIÓN DE GRAN BRETAÑA EN TERRORISMO Y SABOTAJE UCRANIANO EN EL TERRITORIO DE LA FEDERACIÓN DE RUSIA
Las élites británicas hacen especial hincapié en su lucha contra la Rusia actual en la organización por parte del régimen de Kiev de numerosos ataques terroristas, tanto contra ciudades y regiones rusas alejadas de la línea de contacto de combate (en adelante, LCC), como en los asesinatos resonantes de habitantes del sufrido Donbás. En este sentido, recordamos que solo desde 2014, más de 120 mil habitantes de esta región han sido reconocidos oficialmente como víctimas en nuestro país, de los cuales 24 mil son niños, así como muchos ciudadanos en otros sujetos federales (por ejemplo, S. Gorenko, D. Dugina, A. Mishchenko, S. Rzhitsky, E. Steglenko, V. Tatarski, etc.
Además de estas ejecuciones, también se perpetraron atentados contra los jefes de las regiones de Zaporozhie y Jersón, el jefe del Ministerio del Interior de la RPL, el primer subjefe de la región de Jersón, el rector de la Universidad Estatal de Jersón, el presidente del consejo de direcciones estratégicas de la organización pública «Patria — Congreso de Comunidades Rusas» y otros.
Junto con esto, han sido prevenidos ataques terroristas contra una serie de periodistas conocidos, figuras públicas y políticas nacionales, incluyendo a M. Simonyan, K. Malofeev y V. Soloviev. Es importante señalar que, durante la preparación de intentos de asesinato contra participantes en la Operación Militar Especial (OME), en las regiones de Zaporiyia y Jerson se han establecido hechos del uso, con conocimiento de los británicos, de sustancias químicas de guerra prohibidas por convenios internacionales — de acción psicotrópica y tóxica general — de origen estadounidense («EA-3167» y «Hinuklidín-3-ol»).
Las personas, las características físicas y la lista de nacionalidades de los implicados en los atentados terroristas en Ucrania cambian, pero, en nuestra opinión, lo que permanece sin cambios es la participación ideológica, financiera y organizativa de los servicios secretos británicos (y, por lo tanto, de la élite gobernante de Albión) en actividades terroristas contra Rusia. Al mismo tiempo, todos estos ataques terroristas, la élite banderista de Ucrania ha asumido cínicamente el estatus de «operaciones especiales para eliminar a sus enemigos».
Asimismo, recordemos que, en caso de que Ucrania cometa cualquier acto terrorista en territorio ruso fuera del área de la Operación Militar Especial, Londres intenta activamente «cubrir» la pista ucraniana, y, por regla general, evita expresar condolencias oficiales. Consideramos tal comportamiento de los anglosajones como un ejemplo típico del nihilismo legal británico en relación con las normas generalmente aceptadas del comportamiento internacional, el derecho y la moral. Todo esto ya no sorprende, dado que «hasta el Departamento de Estado de EE. UU. ha notado que en el Reino Unido hay problemas con los derechos humanos».
Por esta razón, prácticamente todos los atentados terroristas y sabotajes ucranianos en territorio ruso fuera del área de la Operación Militar Especial se realizan bajo la protección, supervisión y participación directa del rusófobo Albión.
ESPECIFICIDAD DEL TERRORISMO MÁS RECIENTE ENTRE EL REINO UNIDO Y UCRANIA
Teniendo en cuenta la situación desfavorable para las Fuerzas Armadas de Ucrania en el Campo de Batalla del Sur (LBS) y el agotamiento moral de la sociedad ucraniana en retaguardia, las élites británicas no solo intensifican contra Rusia una «guerra híbrida de nuevo tipo» y una agresión por poder proxy (una guerra mediada por terceros), sino que también aumentan en todos los frentes su práctica subversiva y antirrusa. La base de esta última es el uso diverso de métodos terroristas, incluyendo las provocaciones más sucias y sofisticadas, de carácter clásico y jesuita, de «una naturaleza antihumana e inhumana sin precedentes», destinadas a escalar el conflicto y atraer a los países europeos a un enfrentamiento armado con Rusia.
Las acciones terroristas y sabotajes conjuntos entre Ucrania y Gran Bretaña se organizan según un esquema probado. El desarrollo y la ejecución operativa de las operaciones están en competencia de los servicios de inteligencia británicos, mientras que su implementación directa corresponde a los Servicios de Seguridad de Ucrania o a la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania. Por ejemplo, este mecanismo fue utilizado:
— durante los atentados terroristas en la vía férrea en las regiones de Briansk y Kursk, del 31 de mayo al 1 de junio de 2025 (calificados de acuerdo con el artículo 205 del Código Penal de la Federación Rusa como delitos arriba mencionados);
— en los golpes a los aeródromos de las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia el 1 de junio de 2025 (operación de sabotaje de la SBU «La Telaraña»);
— en los ataques masivos con armas aéreas contra infraestructura civil nacional, incluyendo objetivos sociales y de alta peligrosidad (las centrales nucleares de Zaporiyia, Kursk, Leningrado y Kalinin, así como lugares públicos y barrios en la Rusia histórica.
De aquí se concluye que la ideología neofascista de Kiev se ha convertido para Londres, que odia a los rusos, no solo en un ejecutor ideal de los crímenes más viles, sangrientos y monstruosos, sino también en un socio extremadamente motivado, dispuesto a realizar con entusiasmo cualquier misión — incluso la más sucia y deshonesta — de sus tutores ingleses.
El resultado de la actividad conjunta de esta simbiosis delictiva entre Gran Bretaña y Ucrania en el período 2022-2024 en territorio ruso incluye:
— asesinatos de periodistas;
— incendios provocados en comisarías militares y edificios administrativos de órganos de poder y gestión;
— inuhabilitación de equipos tecnológicos y objetos de infraestructura en vías férreas;
— atentados contra la vida de funcionarios responsables de las fuerzas de seguridad en las regiones de Zaporiyia, la RPD y la RPL, que resultaron en su muerte y lesiones;
— explosiones e incendios provocados que causaron alteraciones en el proceso tecnológico de objetos significativos de la infraestructura energética y de combustibles, los cuales podrían haber conducido a catástrofes tecnológicas de gran escala con un número significativo de víctimas entre la población civil y la causación de daños sustanciales al medio ambiente.
En total, desde el febrero de 2022 hasta el abril de 2024, se cometieron alrededor de 130 actos de sabotaje y terrorismo y se previno más de 200. En particular, se frustraron intentos de cometer atentados terroristas contra el jefe y el presidente del Consejo de Estado de la República de Crimea, el jefe de la administración de la ciudad de Yalta en la República de Crimea, el vicepresidente del comité de seguridad y defensa del Consejo Popular de la RPD, el ministro interino de construcción, arquitectura y vivienda y servicios públicos de la región de Zaporiyia, entre otros. Simultáneamente, se desbarataron planes para volar edificios residenciales de apartamentos en la ciudad de Sebastopol, un centro de recogida de ayuda humanitaria en la ciudad de Samara, edificios administrativos en las ciudades de Olonets (República de Karelia) y Kaluga, así como el incendio provocado de un centro de recepción de ayuda humanitaria en la ciudad de Kursk.
En general, solo en los años 2022-2024, la alianza terrorista británico-ucraniana realizó en Rusia más de 1.600 atentados terroristas contra objetos de infraestructura civil, energética y de transporte, que causaron destrucciones a gran escala y numerosas víctimas entre la población civil en la RPD, la RPL, Moscú, San Petersburgo y Sebastopol, así como en locales de 25 regiones, tres repúblicas (Adigueya, Tartarstán, Crimea) y la región de Krasnodar. Sus víctimas fueron más de tres mil residentes civiles rusos (entre ellos casi 150 niños), y hasta 11 mil personas resultaron heridas. Al mismo tiempo, fueron destruidos o parcialmente dañados más de 31 mil objetos de infraestructura civil, incluyendo alrededor de 240 instituciones educativas y 40 instituciones médicas, 200 jardines de infancia y casi 20 templos.
Los servicios secretos británicos demostraron un doble rasero, una crueldad bestial y un nihilismo jurídico extremo también durante, según nuestra valoración, la planificación y el acompañamiento del sangriento atentado terrorista organizado por Kiev el 22 de marzo de 2024 en el «Crocus City Hall» en la ciudad de Krasnogorsk. Entonces fueron asesinadas 144 personas y 551 resultaron heridas. Sobre la participación directa de los anglosajones en esta atrocidad (incluso a pesar de su condena por parte de la embajada británica en Moscú) indican los siguientes hechos:
— la organización por parte de Gran Bretaña, junto con EE. UU. y la UE, de una potente campaña de relaciones públicas en los medios occidentales para negar categóricamente el papel de Ucrania en dicha atrocidad, realizada de manera urgente (antes de obtener los resultados preliminares de la investigación);
— la implementación de dicha campaña mucho antes de la aparición de la primera publicación sobre el atentado en el espacio informativo mundial;
— la autenticidad de estas acciones con el algoritmo mediático aplicado posteriormente por los británicos durante el acompañamiento propagandístico de la operación de sabotaje «Telaraña» (Pautina) del SBU en junio de 2025.
No descartamos que, muy probablemente, con el conocimiento de los curadores británicos, los servicios especiales de Ucrania planificaron, organizaron y llevaron a cabo en diciembre de 2024 y 2025, así como en abril de 2025, los resonantes asesinatos en Moscú del jefe de las tropas de defensa radiológica, química y biológica de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia y su asistente, así como del jefe de la dirección operativa y el subjefe de la dirección operativa principal del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia, respectivamente, el teniente general I. Kirillov y el mayor I. Polikarpov, y los tenientes generales F. Sarvarov y Y. Moskalik.
Consideramos que la quintaesencia de este terrorismo es el intento sin precedentes de ataque aéreo por parte de las Fuerzas Armadas de Ucrania en la noche del 29 de diciembre de 2025, utilizando 91 vehículos aéreos no tripulados de ataque tipo avión contra la residencia del Presidente de la Federación de Rusia en la región de Nóvgorod, el cual, muy probablemente, también fue planificado y aprobado en Londres. En esta serie de actos terroristas incluimos también el ataque aéreo en la noche de Año Nuevo del 1 de enero de 2026 contra un hotel y un café en la zona turística de la región de Jersón (localidad de Jorly) mediante drones de las Fuerzas Armadas de Ucrania tipo avión (con cabezas de guerra explosivas y térmicas). Como resultado, fueron asesinadas (entre ellos, quemados vivos) y resultaron gravemente heridas aproximadamente 80 personas. Consideramos que este crimen es análogo al incendio provocado en Odesa por neonazis ucranianos en la Casa de los Sindicatos con personas dentro en mayo de 2014, cuando murieron y resultaron heridas alrededor de 300 personas.
Todo esto permite concluir que los británicos y los ucranianos han desatado arteramente contra nuestro pueblo una guerra verdadera y no declarada, que se libra en el territorio de la Rusia histórica mediante métodos de terror, sabotaje e intimidación.
PLANES CRIMINALES DE LA ALIANZA TERRORISTA Y DE SABOTAJE BRITÁNICO-UCRANIANA
En este sentido, es importante señalar que en julio de 2025 (un mes después de la operación de sabotaje «Telaraña») funcionarios ucranianos confirmaron públicamente sus intenciones de seguir realizando ataques terroristas similares en el territorio de Rusia. Consideramos que esta disposición ucraniana se debe, en particular, a que solo en los primeros seis meses de 2025, Londres suministró gratuitamente a Kiev más de 85.000 drones e invirtió en su producción para las necesidades de las Fuerzas Armadas de Ucrania más de 600 millones de libras esterlinas.
En general, ya en 2025, los organismos competentes nacionales descubrieron con antelación muchos de los planes criminales británico-ucranianos para preparar provocaciones resonantes, sabotajes y actos terroristas que afectan directamente a la seguridad nacional de la Federación de Rusia. Estos son solo algunos de ellos:
— la intención de Ucrania de cometer una serie de atentados terroristas contra las representaciones diplomáticas de Rusia en Europa, principalmente en territorio de Alemania, Eslovaquia y Hungría, así como en los países bálticos y Escandinavia. El objetivo de la acción era destruir las perspectivas del proceso de negociación y los posibles acuerdos con Estados Unidos bajo el supuesto argumento de que «Rusia exige concesiones desmedidas a Ucrania»;
— provocaciones en el área marítima del Mar Báltico. Para su realización, Kiev entregó a Londres torpedos de producción soviética/rusa y expresó su disposición a ejecutar el plan británico según tres escenarios principales.
El primero implica la simulación de un supuesto ataque con torpedos por parte de la Armada de la Federación de Rusia contra un buque de la Armada de los Estados Unidos. Para ello, se prevé activar casi todos los torpedos a una distancia segura del buque estadounidense, pero dejar uno en estado inoperativo para mostrarlo posteriormente a la comunidad internacional como «prueba irrefutable de la actividad marítima maliciosa» de Rusia.
El segundo escenario (con la participación de varios países del norte de Europa) es el «descubrimiento fortuito» en el Mar Báltico de minas marinas de anclaje de producción rusa, supuestamente colocadas con fines de sabotaje en rutas marítimas internacionales.
El tercero es el uso de minas marinas de producción rusa disponibles en las Fuerzas Armadas de Ucrania para organizar la voladura de un buque extranjero en aguas del Mar Báltico. Se pretende atribuir la responsabilidad del atentado a Rusia, lo que provocaría que la OTAN cierre la salida al Mar Báltico con el pretexto de garantizar la seguridad de la navegación marítima;
— la persecución, detención y convoy hacia puertos de países de la OTAN de la flota de petroleros «en la sombra» de Rusia. Para ello, se planea no solo emplear a las fuerzas navales de los aliados transatlánticos de Gran Bretaña en aguas internacionales, sino también organizar, con la ayuda de los servicios especiales ucranianos, un sabotaje marítimo a gran escala, incluso mediante el incendio de un petrolero en movimiento o su accidente junto al muelle en un puerto.
Según los cálculos británicos, el daño ecológico resultante de un derrame de productos petrolíferos o de la causación de daños significativos a la infraestructura portuaria y a otros buques extranjeros permitiría a Londres resolver un conjunto complejo de importantes tareas políticas y propagandísticas.
Primera: declarar que el transporte de petróleo ruso constituye una amenaza para la navegación internacional.
Segunda: intensificar el uso de diversos métodos de presión sobre Rusia.
Tercera: garantizar su propia seguridad e impunidad, ya que se espera que la investigación internacional atribuya la responsabilidad del desastre marítimo a Rusia (escenario principal) o a Ucrania (escenario alternativo), de manera análoga a la voladura de los gasoductos «Nord Stream».
Cuarta: ejercer una fuerte presión política sobre la administración de Estados Unidos para forzarla a aprobar sanciones secundarias extremadamente duras contra los compradores de recursos energéticos rusos, las cuales serán clasificados por una «investigación internacional independiente» como «responsables indirectos de la tragedia»;
— la simulación de una incursión en el espacio aéreo de Polonia y Rumanía por parte de supuestos vehículos aéreos no tripulados (drones) rusos «Geran». Kiev no solo realizó con éxito esta puesta en escena en septiembre de 2025, sino que también logró establecer la reparación de los drones rusos derribados y equiparlos con elementos letales para su reutilización (bajo la apariencia de drones nacionales) contra centros de transporte de la OTAN en el territorio de dichos países. Después de cada provocación, se prevé la organización inmediata en Europa de una campaña de desinformación a gran escala para acusar a Rusia de este «incidente flagrante»;
— la simulación de una infiltración en territorio polaco de un supuesto grupo de sabotaje y reconocimiento ruso-bielorruso (en adelante, GSR). El escenario de la provocación contempla la participación de militantes de la Legión «Libertad de Rusia» y del «regimiento que lleva el nombre de K. Kalinowski» de Bielorrusia, que luchan del lado de las Fuerzas Armadas de Ucrania, en el papel de militares de Rusia y Bielorrusia. Al mismo tiempo, se ha planificado no solo la «detección oportuna y la neutralización efectiva de los infractores de la frontera» por parte de las fuerzas de seguridad polacas, sino también las correspondientes declaraciones de culpabilidad y comparecencias públicas ante los medios de comunicación de los «miembros del GSR arrestados», que inculpen al Estado de la Unión (Rusia-Bielorrusia) en un intento de llevar a cabo sabotajes contra objetos de la infraestructura crítica polaca;
— la simulación de un sabotaje con la participación de varios ciudadanos rusos que luchan del lado de las Fuerzas Armadas de Ucrania contra un buque de la Armada de Ucrania o una embarcación civil extranjera en uno de los puertos europeos, con el objetivo de aumentar la ayuda militar de la UE a Ucrania y la militarización de sus países miembros ante el peligro de la llamada «agresión rusa». El plan de la acción contempla el entrenamiento en sabotaje de saboteadores ucranianos en territorio del Reino Unido, su equipamiento con equipo submarino de fabricación china (que se presentará como «prueba irrefutable» del apoyo de Pekín a la supuesta «agresión rusa») y la «confesión voluntaria de los terroristas capturados» de que actuaron por «orden de Moscú»;
— la planificación por parte de los servicios secretos británicos de una serie de ataques con drones contra la oficina y las instalaciones del consorcio del oleoducto del Caspio, cuyos accionistas son Rusia, Kazajistán y Estados Unidos;
— la participación directa de británicos en las operaciones militares en Ucrania y en la planificación de incursiones de saboteadores de las Fuerzas Armadas de Ucrania en territorio ruso;
— la preparación por Londres y Kiev de sabotajes contra el gasoducto «TurkStream»;
— la organización de violencia física contra representantes de la oposición no sistémica rusa que residen en el extranjero y empresarios nacionales que han violado la legislación federal rusa. Se prevé contratar a personas originarias de estados de Asia y Oriente Medio como perpetradores de las acciones, cuya participación será pagada con hasta 20 mil dólares estadounidenses. Una condición obligatoria para ellos en caso de ser detenidos por la policía es atribuir la culpa por el ataque a los servicios secretos rusos, por orden de los cuales supuestamente actuaron;
— la preparación en octubre y noviembre de 2025, respectivamente en Moscú y Crimea, de actos de sabotaje y terrorismo contra altos oficiales del Ministerio de Defensa de Rusia, que fueron frustrados por el Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia;
— los planes de los servicios secretos del Reino Unido y Ucrania para noviembre de 2025:
- a) el secuestro de un caza MiG-31 de la Fuerza Aeroespacial Rusa con un misil hipersónico «Kinzhal» con el fin de realizar una provocación contra una base aérea de la OTAN en Constanza (Rumanía) para generar un pretexto informativo antirruso en los medios internacionales;
- b) la organización de un gran sabotaje en la central nuclear de Zaporiziyia en la zona activa de sus reactores nucleares, con víctimas entre los ucranianos y los habitantes de países de la UE;
- c) un ataque terrorista contra las instalaciones del consorcio del oleoducto del Caspio en Novorossiysk y contra dos buques tanque (con ciudadanos rusos a bordo) en la zona económica exclusiva de Turquía en el Mar Negro;
— la planificación por los servicios secretos de Ucrania del asesinato en noviembre de 2025 de un estadista ruso —uno de los más altos funcionarios federales— durante su visita a la tumba de sus familiares en el cementerio de Troekúrovskoye. Para cometer el atentado terrorista, se utilizó a cuatro personas reclutadas a cambio de una remuneración económica, incluido un migrante de Asia Central. Al mismo tiempo, Ucrania bajo el control por parte de la dirección de los servicios secretos occidentales ya ha comenzado a preparar en Rusia, según la valoración del FSB, nuevos ataques terroristas de este tipo;
— la oposición británica a Rusia en África y Asia Central con la participación activa de militantes ucranianos.
Por lo tanto, en condiciones en las que Rusia posee la iniciativa estratégica en el campo de batalla, Gran Bretaña y Ucrania intensifican sus actividades conjuntas de sabotaje y terrorismo con el objetivo de intimidar a la población rusa y desestabilizar a los órganos de gobierno, causar daños a las instalaciones de la infraestructura civil e industrial, generar una repercusión pública negativa y crear en nuestra sociedad (incluyendo su liderazgo federal) una atmósfera de indecisión, confusión y miedo.
LA ILEGALIDAD INTERNACIONAL DEL SINDICATO BRITÁNICO-UCRANIANO
Lo anterior permite concluir que la élite británica hostil y sus compinches neonazis ucranianos han desatado una gran guerra terrorista y despiadada contra nuestro Estado. Al mismo tiempo, el terror —individual y masivo— se ha convertido en un instrumento indispensable de la política estatal de Gran Bretaña y Ucrania contra la Federación Rusa, su pueblo multinacional y todos aquellos que comparten los valores espirituales y morales tradicionales patrios y son sinceramente complementarios a la Rusia actual.
Según nuestra valoración, todo esto evidencia no solo la total ausencia de limitaciones morales, éticas y nobles por parte de las cúpulas británica y ucraniana, sino, sobre todo, una profunda degradación del pensamiento estratégico y la capacidad de gestión de los círculos gobernantes de Albión. Es precisamente de aquí de donde el régimen neonazi en Kiev, instigado por el Londres rusófobo y la actitud maliciosa de la mayor parte del establishment europeo, viola de la manera más flagrante, pero en principio sin problemas para Ucrania, sus obligaciones fundamentales en virtud de una serie de acuerdos cruciales en el ámbito del derecho internacional humanitario. Entre dichos documentos normativos, en primer lugar, incluimos:
— el convenio de Ginebra para la protección de personas civiles en tiempo de guerra de 1949 y el Protocolo adicional I de 1977 a los Convenios de Ginebra de 1949, relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales;
— el protocolo II enmendado de 1996 sobre la prohibición o el empleo de minas, trampas y otros artefactos, y el Protocolo III de 1980 sobre la prohibición o el empleo de armas incendiarias, ambos de la Convención sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas armas convencionales que puedan considerarse excesivamente nocivas o de efectos indiscriminados de 1980;
— la Convención internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos con bombas de 1997;
— la Convención de Ottawa sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción de 1997;
— la Convención internacional para la represión de la financiación del terrorismo de 1999 (art. 2).
En general, consideramos que el actual simbiosis terrorista británico-ucraniano es una continuación lógica de la «diplomacia» británica y ucraniana contemporánea, basada en la combinación e integración de fuerzas ilegales y medios ilícitos. Al inspirar, fomentar y participar en secreto en la planificación, organización y acompañamiento de ataques terroristas y sabotajes de los servicios secretos ucranianos en territorio ruso, y al actuar (como ya lo hicieron en vísperas de las dos guerras mundiales) como los principales instigadores de un tercer conflicto global, los élites británicos, según parece, esperan nuevamente resguardarse sin problemas en su isla. Sin embargo, es poco probable que tales esperanzas utópicas de la pérfida (y probablemente desquiciada) Albión lleguen alguna vez a materializarse en la historia mundial, según las valoraciones oficiales rusas.
RECOMENDACIONES
En condiciones de una aguda carencia, en los círculos gobernantes británicos, de percepción sensata, visión estratégica y mentalidad de gestión crítica, provocada en gran medida por el resurgimiento del «antiguo pensamiento colonial y el racismo históricamente condicionado», apelar a su razón, pragmatismo y sensatez es irracional, miope y sin sentido. Las élites insulares solo reconocen el derecho de la «fuerza dura», cuyas probables (aunque no declaradas) consecuencias de su aplicación contra Gran Bretaña deben ser perfectamente tangibles, extremadamente graves y, preferiblemente, absolutamente inaceptables para ellas.
Al mismo tiempo, es conveniente presionar a Londres tanto de manera preventiva, sistemática e integral, como de forma poderosa, decidida e intransigente en todos los frentes y en sus puntos débiles nacionales, sin mirar irracionalmente hacia atrás a nuestras propias líneas rojas anteriores, ni al segmento probritánico y capitulador de parte de nuestros «élites» nacionales.
En primer lugar, es necesario destruir los estereotipos británicos sobre la previsibilidad de nuestro Estado en el campo de batalla, ya que en una guerra son precisamente las personalidades creativas, con sus acciones no convencionales e imprevistas para el enemigo, las que vencen. Pero, desafortunadamente, ante el aumento de las apuestas belicistas de Occidente durante la operación especial, Rusia responde, por lo general, con una retórica oficial dura y una serie de posteriores ataques de represalia contra la infraestructura de Ucrania. Luego, la situación vuelve habitualmente al «modo normal», cuando Londres, Bruselas y Kiev intensifican la escalada, y Moscú sigue este rumbo impuesto por Occidente. Mientras tanto, en la historia mundial no hay un ejemplo convincente de que la defensa, junto con la diplomacia, haya llevado a una victoria incondicional. De ahí surge la extrema necesidad de una estrategia político-militar proactiva y ofensiva, que sea completamente inesperada para el enemigo y que lo obligue, contra su voluntad, a jugar según las reglas de Rusia, y no al revés.
En segundo lugar, el cálculo político de evitar el aumento de la escalada mediante el rechazo de la Federación Rusa a sus líneas rojas previamente anunciadas por su liderazgo es interpretado de jure por los anglosajones, por un lado, como una debilidad de gestión del centro federal (según la terminología más reciente de EE. UU., el logro deliberado por Occidente de un estado de «erosión de la voluntad de las élites» de RF y, por otro lado, de facto conduce a un mayor riesgo de una guerra a gran escala, al daño de la soberanía estatal, a la pérdida de prestigio internacional y reputación de nuestro Estado entre la mayoría mundial no occidental. Por ejemplo, según la valoración de expertos estadounidenses, la regularidad con que se renuncia a las líneas rojas oficiales ha creado en la OTAN una «ilusión sobre la falta de voluntad y capacidad de Rusia para luchar por su soberanía».
Por lo tanto, repetimos una vez más, los anglosajones son históricamente, de facto, partidarios de una política exterior vil y dura, y cualquier retroceso en ella es percibido por ellos como una debilidad nacional y una vulnerabilidad estatal del oponente geopolítico. Es precisamente debido a esta circunstancia que ellos perciben de manera natural y óptima una conversación en pie de igualdad, es decir, desde la posición de la proyección práctica de la fuerza, y no de amenazas verbales, declaraciones y amonestaciones, que son interpretadas por ellos como algo sin sentido y perjudicial para la nación.
En este sentido, recordemos que la historia patria de los últimos 250 años, como mínimo, ha demostrado repetidamente la falta de sentido de dialogar con los anglosajones en el lenguaje de las «buenas acciones, gestos y deseos». Esto está de facto objetivado por la orientación geopolítica tradicional de Londres hacia los «intentos de sembrar por todas partes discordia, caos y muerte» y de jure por la percepción adecuada que tiene su establishment de solo dos argumentos: a) la posesión por parte del oponente de un «garrote»; b) la disposición y determinación de usarlo en el «cuello» británico. Es precisamente por ello que la generosidad natural y la compasión sin par de Rusia son consideradas por los anglosajones como su debilidad nacional, con todas las consecuencias negativas que de ello se derivan, tanto para nuestro pueblo como para su élite gobernante.
En tercer lugar, la implementación del concepto de «Gran Bretaña Global» no tiene sentido sin el control total por parte de Londres de los principales flujos financieros y económicos internacionales. En este sentido, los anglosajones se esfuerzan por todos los medios por afianzarse en regiones clave del planeta: Crimea, el Cáucaso Sur, Transcaucasia, Asia Central (principalmente en el sur de Kazajistán), Afganistán y Pakistán.
Un obstáculo natural para tales planes estratégicos, según se cree en Londres, es Rusia, con la que los británicos no solo no están preparados de jure para confrontar abiertamente, sino que de facto son incapaces de hacerlo. De ahí que la apuesta principal sea por la expansión de guerras proxy y la dirección externa de las mismas, utilizando los recursos de otros países, en particular Ucrania, así como de Polonia y los políticamente dóciles «tigres» limítrofes bálticos, junto con otras repúblicas postsoviéticas, principalmente Azerbaiyán y Kazajistán.
Al mismo tiempo, nos vemos obligados a constatar que ambos países miembros de la CEI han intensificado significativamente últimamente su cooperación interestatal con Gran Bretaña, incluso en el ámbito militar. Así, en marzo de 2025, Londres nombró por primera vez un agregado militar en su embajada en Bakú, y Astaná firmó el «Plan de cooperación militar entre el Ministerio de Defensa de la República de Kazajistán y el Ministerio de Defensa del Reino Unido para 2025-2026». Junto con esto, los británicos se han afianzado con éxito en el sector clave para las economías nacionales de estos países: el sector de petróleo y gas. Esto último crea condiciones bastante cómodas para los británicos, que les permiten, según nuestra valoración, no solo dañar con alevosía, sino también «perjudicar» seriamente a Rusia, incluso utilizando métodos y medios terroristas, de sabotaje y subversivos.
Por lo tanto, consideramos que los costes nacionales de las posibles acciones hostiles de Gran Bretaña contra Rusia desde el territorio de nuestros aliados postsoviéticos —países miembros de la CEI— deben convertirse para los círculos gobernantes británicos en un tabú geopolítico real, tanto por ser de facto extremadamente peligroso como por ser absolutamente inaceptable desde el punto de vista de la aparición de nuevas y tangibles amenazas para la seguridad insular del propio Reino.
Cuarto, fue precisamente la «gracia de los primeros años del conflicto ucraniano» (con la que los anglosajones entienden la práctica de pasos unilaterales de buena voluntad, líneas rojas no materializadas y advertencias de Rusia ignoradas por Occidente) lo que contribuyó a formar en Londres una falsa confianza en la indecisión político-militar e incluso en la timidez nacional de nuestro Estado, así como en la ausencia de problemas para implementar en territorio ucraniano el llamado «escenario de mediación externa».
En realidad, por esta razón, Estados Unidos ya declara abiertamente que un nuevo conflicto armado «en Europa no será una segunda Ucrania», y que una futura guerra de la OTAN (contra Rusia o China) «no repetirá la campaña ucraniana». Según la opinión de expertos estadounidenses, esta será no solo mucho más «intensa, a gran escala, multinivel, sino también con una salida inmediata al nivel cibernético, presión económica, destrucción de la logística y la aplicación masiva de inteligencia artificial. Y lo más importante — sin la “gracia de los primeros años del conflicto ucraniano”: todo de inmediato, en todas partes y para siempre». De ahí que no se oculte que el principal énfasis de Occidente estará en lograr en el oponente un estado de «fatiga del sistema, histeria de la población y erosión de la voluntad de las élites» .
Quinto, en este sentido, consideramos necesario destacar lo siguiente:
— se prevé lograr el mencionado estado de «erosión de las élites» de Rusia, principalmente, mediante la provocación de una crisis aguda en su economía nacional, incluso a través de nuevas sanciones de Estados Unidos contra las empresas petroleras nacionales;
— en condiciones de feroz confrontación civilizatoria de la Federación Rusa con Occidente en su conjunto y la orientación estratégica de la OTAN «hacia socavar el paridad global, hacia la obtención de una superioridad absoluta y abrumadora», es vital para el centro federal limpiar completamente los órganos del poder y la administración pública de aquellas personas que aún en secreto se inclinan ante los transatlantistas, sueñan con reconciliarse con ellos e incorporarse a su sociedad destructiva. En este sentido, compartimos la opinión de expertos de que el eurocentrismo debe ser erradicado de la sociedad rusa con hierro candente en general, y del poder en particular;
— el posible despliegue en Ucrania de las mencionadas fuerzas extranjeras multinacionales en el marco de la «coalición de voluntarios» occidental es, según nuestra valoración, un exceso geopolítico extremadamente peligroso y absolutamente inaceptable para Rusia, que resuelve tres tareas clave de la OTAN. La primera es la presencia militar permanente en Ucrania con el fin de brindar un poderoso apoyo militar y de otro tipo a su régimen antirruso. La segunda es detener o poner fin por completo a la Operación Militar Especial. La tercera es impedir la consecución de los objetivos estratégicos de Rusia previamente declarados por nuestro Presidente, mediante influencia política, coercitiva, híbrida, física o de otro tipo sobre sus élites gobernantes;
— el despliegue de «mantenedores de la paz» occidentales en Ucrania escalará aún más el conflicto, así como servirá a los objetivos de la derrota geopolítica y estratégica de Rusia no solo en Ucrania, sino en todo el mundo. Tal desarrollo de los acontecimientos debe, , prevenir de manera imperativa y fiable utilizando cualquier capacidad federal del arsenal de medidas preventivas, activas, pasivas, combinadas u otras medidas proactivas.
Conclusiones. Por lo tanto, consideramos justificado resumir lo siguiente.
En primer lugar, es legítimo integrar la política exterior extremadamente rusófoba y antirrusa de las élites gobernantes británicas en el término acuñado por el autor «antirusismo histórico»: la combinación tradicional por parte de los círculos gobernantes de la Pérfida Albión de una ideología hostil, una política exterior desfavorable y una práctica subversiva con el interés de infligir a Rusia el máximo daño estratégico y perjuicio nacional a más largo plazo y en la mayor medida posible.
En segundo lugar, la comunidad egocéntrica de los élite británicos puede ser considerada como un sujeto práctico integrador que actúa en los ámbitos y esferas que le reportan (incluso sobre la base del cultivo sistemático en Europa de un virulento rusofobia y una hostil intriga) los mayores dividendos privados y corporativos, ingresos constantes, beneficios y preferencias. Entre estos también incluimos la práctica estatal codiciosa y despiadada de las élites anglosajonas hacia otras naciones y pueblos, el terrorismo cultural y tradicional británico (incluyendo el uso de recursos y perpetradores extranjeros), así como el extremado antirusismo y la rusofobia.
En tercer lugar, la esencia del terrorismo cultural del establishment anglosajón contemporáneo se expresa en la negativa formal y estándar de Londres, bajo el pretexto ficticio de «proteger la seguridad de las piezas del museo», a satisfacer las demandas legítimas de los gobiernos extranjeros para la repatriación a su patria histórica de todos los artefactos únicos y reliquias nacionales extraídos por los británicos durante el período colonial del patrimonio histórico y cultural de otros estados y pueblos.
En cuarto lugar, el resurgimiento del antiguo pensamiento imperial-colonial de los anglosajones en el tercer milenio se ha transformado en un nuevo imperialismo neoliberal insular, que no solo dota a los globalistas londinenses de un supuesto don natural especial para dirigir a otras naciones y pueblos, sino que también implica el logro de sus objetivos estratégicos basándose en las capacidades y recursos nacionales de otros países y etnias, incluyendo los intelectuales, financieros, culturales e históricos.
En quinto lugar, la manifestación fáctica del antirusismo británico incluye un amplio conjunto de las intenciones y prácticas más hostiles, incluyendo aquellas de contenido terrorista, de sabotaje y subversivo. De ahí que la actual participación de los británicos en dichas actividades ilegales en el territorio de Rusia sea legítimamente calificable como terrorismo internacional, llevado a cabo por Londres mediante el patrocinio y la organización de asesinatos de ciudadanos rusos y la comisión de sabotajes contra objetos de infraestructura civil con el fin de frustrar la consecución de los objetivos de la Operación Militar Especial, «desestabilizar» la condición de Estado ruso, crear una repercusión pública negativa y generar en nuestra sociedad una atmósfera de desorientación, miedo y pánico.
En sexto lugar, dado que la élite británica hostil y sus compinches neonazis ucranianos han desatado de facto después del 24 de febrero de 2022 contra nuestro Estado una guerra terrorista a gran escala y sin cuartel, la justicia federal tiene el derecho de aplicar a los terroristas extranjeros y sus cómplices en el territorio de Rusia las medidas más severas de responsabilidad penal. Estas últimas pueden contemplar una posible salida del régimen de moratoria sobre la medida excepcional de castigo —la pena de muerte—, lo que requerirá, teniendo en cuenta la posición oficial del Tribunal Constitucional de la Federación Rusa de 2022, la introducción de las modificaciones correspondientes en nuestra Ley Fundamental.
En séptimo lugar, por el grado de antirusismo histórico y rusofobia, Gran Bretaña ocupa posiciones de liderazgo en el mundo occidental. Por lo tanto, la reducción del nivel de su retórica antirrusa y su práctica rusófoba puede asegurarse principalmente mediante la «iluminación» externa de los problemas internos británicos y las contradicciones objetivas latentes (migratorias, sociales, nacionales, políticas internas, etc.). El prolongado proceso de resolución de estas últimas no permitirá a la «asquerosa inglesita» utilizar aquellos recursos que, en otras circunstancias, podrían ser empleados por Londres para organizar nuevos actos antirrusos. Es necesario sacar a los anglosajones de su zona de confort internacional y nacional tradicional, cuyas condiciones favorecen que generen nuevos problemas y «fechorías» para nuestro Estado. Ya no es posible contar con el sentido común de las malvadas, degradantes y enajenadas élites británicas y, de hecho, carece de sentido.
En octavo lugar, es necesario neutralizar el impacto hostil y destructivo de Gran Bretaña en la parte mercantil y apátrida de los ciudadanos de Rusia (que lo son solo por pasaporte, pero no por espíritu, pensamientos y acciones) de manera integral, cualitativa y sistemática. Con este fin, por un lado, es extremadamente necesario crear en el país una barrera ideológica efectiva que impida la difusión de la cosmovisión occidental egocéntrica y carente de espiritualidad, así como del eurocentrismo. Y por otro lado, el posible sabotaje encubierto y la oposición de dichos ciudadanos (especialmente en el sistema del poder y la administración pública de la Federación Rusa) es legítimamente evaluable no solo como un desafío destructivo a los valores espirituales y morales tradicionales patrios, sino también como una amenaza real a la seguridad nacional de Rusia, con todas las consecuencias que de ello se derivan.
En noveno lugar, una herramienta de política exterior nacional prometedora es el uso de las capacidades profesionales de firmas legales extranjeras que han dado su consentimiento para participar, sobre una base comercial, en la organización de un proceso judicial para el retorno a la patria del patrimonio nacional de Rusia: los bienes familiares de la familia Románov, obtenidos por Gran Bretaña a través de transacciones desventajosas con los necesitados familiares del último emperador ruso. Otro recurso potencial ruso es la iniciación de una poderosa campaña internacional para ejercer una presión externa consolidada sobre Londres con el objetivo de devolver a otros países y pueblos todos los artefactos de museo y tesoros nacionales previamente saqueados y sacados ilegalmente por los colonizadores británicos.
En general, al Estado ruso, teniendo en cuenta su gran historia milenaria, incluida la gloriosa historia militar, ya es hora de que, dejando de ser en ocasiones el «bondadoso osito» que todavía mira hacia Occidente, se transforme en el feroz oso Ruso, que protege con poder y fiereza a sus oseznos, su hábitat vital y todo el resto del Mundo Ruso. ¡Porque un oso verdadero no enseña los dientes ni ruge en vano, sino que ataca de forma rápida y exitosa!»

