Esto va de zarrapastrosos, espaoles y sentido común.
Eduardo Inda, director de OKDiario, titula hoy su columna Y la derecha dejó de poner la otra mejilla:
«Hasta Perogrullo llegaría a la conclusión de que el diabólico objetivo de Moncloa es doble».
En su pieza publicada este domingo, sostiene que la derecha ha llegado al límite de su paciencia ante la violencia ejercida por la extrema izquierda, con Santiago Abascal al frente en un episodio ocurrido en Granada durante la precampaña andaluza.
La idea central de Inda se basa en que el Gobierno de Pedro Sánchez permite agresiones por parte de los antifas con el fin de amedrentar a los votantes del PP y Vox, buscando polarizar el panorama político y obtener votos a través del martirio. Hace referencia a lo sucedido el jueves en la Plaza de las Pasiegas, donde radicales se reunieron ilegalmente cerca del escenario.
«El delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, y el subdelegado en Granada, José Antonio Montilla, eran plenamente conscientes de sus acciones cuando permitieron que un grupo de autodenominados “antifas” se concentrara ilegalmente a escasos 20 metros del escenario donde Santiago Abascal ofrecía un mitin durante la precampaña andaluza».
Inda critica la falta de acción policial, señalando que el despliegue de las unidades antidisturbios y policías locales fue insuficiente. Describe a los antifas como violentos habituales e ilustra su argumento recordando el asesinato cometido por Rodrigo Lanza en Zaragoza en 2017. Resalta que la reacción de Abascal no se debió solo a los gritos, sino al lanzamiento de pintura roja contra manifestantes pacíficos.
«A Abascal se le terminó la paciencia no cuando constató que los gritos ensordecían sus proclamas y las de Manuel Gavira, candidato a presidir la Junta, sino al ser informado sobre el lanzamiento de pintura roja contra ciudadanos que simplemente estaban ejerciendo su derecho según el artículo 21 de la Constitución».
El articulista critica cómo ciertos delegados gubernamentales actúan como peones al servicio de Fernando Grande-Marlaska y Moncloa, cuya estrategia parece orientada a infundir miedo en la derecha liberal y conservadora. Menciona el habitual blindaje al que se somete a Abascal, establecido hasta 200 metros o medio kilómetro. Esto no responde solo al temor por agresiones físicas, sino también para evitar los abucheos constantes.
«El presidente de Vox tenía más razón que un santo cuando advertía que cualquier aparición pública del marido de la tetraprocesada está protegida hasta lo ridículo, no menos de 200 metros e incluso hasta medio kilómetro, no por miedo a sufrir una agresión sino simplemente para evitar esos abucheos que son moneda corriente cada vez que sale a la calle. La gente en España no le quiere, él lo sabe y toma las medidas necesarias para disimularlo».
Inda entrelaza ejemplos previos: carpas de Vox asaltadas semanalmente, especialmente en regiones como Cataluña y el País Vasco; menciona también el caso ocurrido en Sestao en 2020, donde un pedrusco hirió a Rocío de Meer, así como lo sucedido en Puente de Vallecas en 2021, donde resultaron heridos 14 policías y seguidores vinculados a escoltas de Pablo Iglesias. Contrasta esta situación con la ausencia total de violencia por parte de la derecha hacia la izquierda, ni siquiera ante grupos como ETA o independentistas.
En viñetas significativas, resalta:
- El objetivo del Gobierno: provocar miedo entre derechistas y aprovechar el victimismo para aumentar los apoyos hacia Vox, restando votos al PP.
- Un ciclo repetido: ataques sistemáticos mientras el Gobierno mira hacia otro lado.
- La respuesta contundente de Abascal: implementación de su doctrina de los 18 pasos, desalojo personal frente a una policía inoperante.
Finaliza resaltando cómo fue decisiva la acción llevada a cabo por Abascal y sus escoltas para dispersar a los radicales.
«El jueves, Abascal dejó atrás esa mentalidad pasiva. Aplicó su doctrina de los 18 pasos. Si no hay una distancia mínima entre su acto y las protestas izquierdistas —que desgraciadamente son lo habitual—, simplemente no se levanta el telón. […] Crucemos los dedos para que esta historia no se repita y para que finalmente se logre desalojar democráticamente a Sánchez, quien representa un verdadero peligro público».
La columna escrita por Inda reaviva el debate sobre si esta firmeza mostrada por la derecha puede ser un punto decisivo ante una izquierda violenta.*
