CHAROS EN LAS MATAS

Quién es quién en la pandilla de Begoña Gómez que casi despelleja al reportero Vito Quiles

Se indignan con el periodista 'terrible' de la derecha los mismos que lo llamaban periodismo y participación ciudadana cuando eran los de LaSexta y compañía se lo hacían a políticos del PP y a ciudadanos no afines

Lourdes Solís Toledo, dirigente del PSOE de Torrelodones, agarra a Vito Quiles de la pierna
Lourdes Solís Toledo, dirigente del PSOE de Torrelodones, agarra a Vito Quiles de la pierna. PD

Charos en acción y doble rasero.

Cafetería EsPanis, situada en la Travesía de los Peñascales, número 12, en Las Rozas, a unos 20 minutos del Palacio de La Moncloa.

Miércoles. El periodista Vito Quiles entró con su cámara para intentar interrogar a Begoña Gómez sobre el uso de asesoras pagadas con dinero público en sus actividades privadas.

Lo que ocurrió a continuación ha desatado, para desgracia del régimen sanchista y sus acólitos de la Brunete Pedrete Mediática,  un debate que va mucho más allá del incidente en sí.

Dos mujeres interceptan a Quiles antes de que pueda acceder realmente a la esposa del presidente y amo del partido más putero y corrupto de Occidente.

Lourdes Solís Toledo, militante del PSOE en Torrelodones y coordinadora en la Comisión Ejecutiva Federal desde 2018, lo sujeta por la pierna y se interpone ante su cámara. Blanca de Juan de Castro, amiga de Gómez desde 2019 y coordinadora en la cátedra de Transformación Social Competitiva de la Universidad Complutense, también intentó detenerlo. Quiles gateó sobre las mesas mientras exclamaba «¡pero que paráis, Charos!».

Las imágenes se volvieron virales en cuestión de horas.

Begoña Gómez presentó denuncia contra Quiles por agresión y acoso, alegando que la intimidó en un local privado y le bloqueó el paso.

Desde La Moncloa sostienen que las amigas actuaron después de una supuesta agresión previa del periodista, aunque el único vídeo disponible es el editado por el propio Quiles, que presenta a las mujeres como las agresoras.

La justicia investigará las imágenes de las cámaras del bar.

Y el cachondeo en redes sociales es moinumental.

Quién es Vito Quiles

Vito Quiles es un periodista freelance madrileño que se define como creador de contenido acreditado en el Congreso de los Diputados. Su modelo de trabajo es el del periodismo de confrontación directa: aborda a políticos y figuras públicas en bares, salidas de estudios de televisión o pasillos institucionales con una cámara, sin equipo ni estructura mediática detrás.

Su trayectoria incluye episodios que han llegado a los tribunales. Persiguió a Sarah Santaolalla en taxi desde los estudios de RTVE hasta su domicilio, lo que derivó en una denuncia por acoso. Tuvo un altercado con la misma periodista a la salida de una charla en el Senado en el que ella acabó con el brazo en cabestrillo. Grabó sin autorización a Pedro Sánchez en una zona restringida del Congreso y le abrieron un expediente de expulsión en diciembre. Enfrenta un proceso por injurias y calumnias contra Rubén Sánchez, de Facua, con petición de nueve años, y ha sido querellado por revelación de secretos relacionados con Beatriz Corredor, directiva de Red Eléctrica.

Quiles rechaza las versiones de sus denunciantes y anuncia en cada caso contrademandas por falso testimonio y difamación. Su audiencia en X es considerable y sus vídeos acumulan millones de visualizaciones.

El doble rasero que las redes documentan

El incidente de Las Rozas ha tenido el efecto de hacer circular masivamente vídeos de archivo que muestran métodos similares aplicados en dirección opuesta. Periodistas y activistas de izquierda persiguiendo a Ana Botella o abordando a dirigentes del PP en situaciones incómodas fueron en su momento celebrados como periodismo ciudadano y participación democrática. Los escraches a políticos conservadores durante la etapa de Rajoy, en los que grupos de activistas les seguían hasta sus domicilios, fueron defendidos como formas legítimas de presión.

La situación actual invierte los roles con una precisión que resulta difícil de ignorar. El lema «menos Vitos y más Charos», surgido como respuesta al incidente, ilustra el giro: lo que antes se llamaba periodismo y participación ciudadana se denomina ahora acoso cuando quien lo practica tiene distinto signo político y lo dirige contra el espacio propio.

La intervención de Gabriel Rufián colocando un billete de 50 euros en la tribuna del Congreso y dirigiéndose después en actitud de confrontación hacia los escaños de Junts generó aplausos exactamente en el mismo espacio que días después se escandalizaba por las acciones de Quiles. La coherencia en la aplicación de los estándares es la prueba más directa de si una indignación responde a principios o a resultado.

La complejidad del debate de fondo

El análisis del fenómeno exige reconocer que la frontera entre periodismo legítimo y espectáculo de confrontación es genuinamente difusa, y que esa dificultad no es exclusiva de los periodistas de ningún signo.

La cobertura de Rita Barberá por parte de medios institucionales antes de su muerte, por un asunto que en perspectiva resulta significativamente menor que los casos judiciales actualmente abiertos en el entorno del Gobierno, demuestra que los límites éticos del periodismo convencional tampoco son siempre nítidos. Las informaciones sin pruebas suficientes, los titulares tendenciosos y las filtraciones interesadas son prácticas que el periodismo tradicional no puede esgrimir como argumento de superioridad moral sobre el periodismo de confrontación.

Lo que sí diferencia a Quiles del modelo periodístico convencional es la ausencia de distancia entre quien informa y el objeto de la información. El periodista tradicional aspira en teoría a una separación que el periodismo de confrontación directa renuncia desde el principio. Si esa renuncia es un defecto o simplemente una opción metodológica diferente es parte del debate que el incidente de Las Rozas ha reabierto.

El cambio estructural que explica la incomodidad

Más allá de los casos concretos, el fenómeno apunta a una transformación en el ecosistema comunicativo con implicaciones políticas de largo alcance.

La derecha ha incorporado las técnicas de comunicación populista y de confrontación directa que durante años fueron principalmente patrimonio de los movimientos de izquierda. Pese a seguir en inferioridad numérica en los medios tradicionales, domina con claridad las plataformas digitales en términos de alcance. Ese desequilibrio explica parte de la incomodidad que el fenómeno genera: las herramientas que se consideraban propias están siendo utilizadas por adversarios políticos con una eficacia que resulta difícil de gestionar.

La pregunta que el incidente de Las Rozas deja planteada no es si Vito Quiles hace o no periodismo. Es si los criterios con los que se evalúa una práctica comunicativa son independientes de quién la ejerce y contra quién se dirige.

La respuesta observable en la práctica política española de esta semana es que no siempre.

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Autor

Fernando Veloz

Economista, comunicador, experto en televisión y creador de formatos y contenidos.

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