Fran Carrillo no se guarda nada su columna Sobre el Periodismo de felación:
«Hay periodistas acreditados en el palmerismo que pontifican sobre el buen periodismo mientras replican guasaps del Gobierno».
Publicada este lunes en OKDiario, expone un hecho como una casa: una parte del periodismo ha mutado en un activismo descarado al servicio del poder, incapaz de ejercer la necesaria fiscalización y dedicado a desacreditar a quienes sí lo intentan.
Carrillo, reconocido historiador, periodista y consultor, inicia con una crítica contundente al periodismo de felación, ese que se abstiene de confrontar al Gobierno y sus aliados. En los primeros compases, reproduce su opinión:
«Hay periodistas acreditados en el palmerismo. Algunos, incluso, lo llevan insertado en el apellido. Dedican sus minutas televisivas a pontificar sobre el buen o mal periodismo mientras replican argumentarios enviados por guasap, a tanto la tertulia y el mensaje.»
Esta imagen irónica retrata a profesionales que anteponen el alpiste público a su independencia, organizados en asociaciones gremiales como aves hambrientas de subvenciones.
El autor amplía su crítica al señalar cómo estos periodistas atacan a quienes realmente investigan los excesos del Gobierno. Otro fragmento literal ilustra su postura:
«Son activistas profesionales, que se reúnen en torno a asociaciones gremiales como palomas esperando el alpiste público. Denuncian que haya quien, bajo formas cuestionables, pregunte al Gobierno y sus socios, lo que ellos, atrapados en la felación de taberna, son incapaces de hacer.»
Carrillo contrasta esta actitud sumisa con la necesidad de un debate público robusto, que estos «activistas» buscan deslegitimar. Prefieren sentarse con el poder para halagarlo en artículos insulsos, en lugar de señalar sus errores.
Cuando hice Periodismo, creía en poder contar las cosas que importan. Con los años, comprobé que lo que importa son las cosas que cuentan. Y ahora, lo que cuenta es el marco ideológico de quienes cuentan lo que ocurre a través de los que deciden qué pasa.https://t.co/eysskDsQtF
— Fran Carrillo Guerrero 🇪🇸 (@francarrillog) May 4, 2026
La reflexión avanza con un párrafo textual que resume su estrategia de desprestigio:
«Prefieren sentarse con el poder para palmear su ego, defenderlo en articulitos y criticar a quien denuncie sus excesos, para luego plantear un descrédito del debate público que sólo se produce porque las ovejas quieren seguir siendo vigiladas por el perro.»
Aquí, Fran Carrillo recurre a la metáfora pastoral para evocar un periodismo que anhela controlar al rebaño en lugar de servir a la ciudadanía. Su columna invita a pensar sobre la erosión de la fiscalización en España, donde el servilismo mediático ahoga las voces disidentes.
En un entorno marcado por la polarización, Carrillo entrelaza esta crítica con la realidad actual de los medios: tertulias financiadas por mensajes prefabricados, asociaciones que dependen de fondos públicos y un gremio dividido entre palmeros y críticos. Resalta que el auténtico periodismo nace del cuestionamiento y no del simple halago.
La pieza resuena en un contexto donde el palmerismo —esa adhesión incondicional al poder— se arraiga hasta en apellidos y minutas, dejando el debate público en manos de quienes tienen valor. Carrillo concluye su incisiva reflexión recordándonos que el perro pastor, por dócil que parezca, vigila para su amo, no para las ovejas.
