SEGURIDAD VIAL Y POLÍTICA

El negocio sin fin de la baliza V16: ahora llega el cono ‘mágico’

La DGT consolida la baliza V16… y ya promueve otro dispositivo conectado que promete generar nuevas controversias y más ganancias

Baliza V16.
Baliza V16.

La situación resulta familiar: la baliza V16 se ha convertido en un foco de desconfianza, rodeada de acusaciones de comisiones y cuestionamientos sobre su verdadera eficacia. Y mientras el debate sigue vivo, la Dirección General de Tráfico (DGT) ya está en marcha con un nuevo gadget conectado: un cono inteligente, que también promete un negocio millonario.

Según ha revelado la prensa especializada, el organismo dirigido por Pere Navarro no solo ha establecido la obligatoriedad de la baliza V16 conectada a partir de 2026, sino que también está preparando el terreno para que un nuevo dispositivo, un cono conectado para señalizar emergencias o trabajos en carretera, se convierta en el próximo estándar. Lo curioso no es solo la tecnología en sí, sino quiénes están detrás del invento y cómo se está desarrollando todo este proceso.

De la luz V16 al cono conectado: mismo elenco, nueva temporada

La historia de la V16 ya viene cargada de polémicas:

  • inventores con vínculos a la Guardia Civil,
  • un negocio que supera los mil millones de euros,
  • denuncias sobre presiones y supuestas “mordidas” para acelerar su regulación,
  • triángulos de emergencia relegados al olvido.

Ahora, la DGT ha otorgado un reconocimiento público a los creadores de la baliza, mientras que, según informaciones recientes, impulsa la llegada de otro de sus productos: un cono conectado que se integraría en el mismo ecosistema de dispositivos que reportan a DGT 3.0, el sistema telemático de tráfico. Este detalle no es trivial: se busca seguir expandiendo un modelo donde unos pocos actores concentran patentes, homologaciones y contratos.

Medios como OKDIARIO han apuntado que el organismo ya estaría favoreciendo normativamente este nuevo dispositivo, en lo que parece ser una secuela tecnológica del negocio de la V16. En su análisis sobre cómo la DGT premia a los inventores de la V16 mientras promueve su nuevo cono conectado, se destaca que los mismos nombres y empresas vuelven a ocupar el centro del escenario regulatorio.

Política pública, lucro privado y el conductor como cliente cautivo

El asunto trasciende si la V16 o el cono conectado realmente mejoran la seguridad vial. La cuestión radica en cómo se legisla:

  • Se establece una obligación legal para todos los conductores.
  • Se excluyen alternativas tecnológicas potencialmente equivalentes.
  • Se concentra el suministro en unas pocas empresas muy vinculadas al diseño normativo.

La jugada es conocida en la política española: transformar una recomendación técnica en una obligación reglamentaria, y esa obligación en un mercado cautivo. No sorprende que asociaciones de consumidores y parte del sector adviertan que este marco se construye “a medida” para determinados fabricantes.

El impacto político va más allá de un simple accesorio para vehículos. Alimenta la percepción de un Estado regulador que actúa como promotor de negocios privados, donde los ciudadanos no son tanto beneficiarios de políticas públicas como compradores obligados. La narrativa oficial insiste en la seguridad mientras se acumulan dispositivos conectados, cada uno con su propio coste y normativa específica.

Lo que se avecina: más datos, más dispositivos, más sospechas

El cono conectado se presenta como el siguiente paso lógico: mayor visibilidad, más señalización y más datos enviados a la plataforma de tráfico. Sin embargo, quedan preguntas sin respuesta:

  1. ¿Por qué se descartan soluciones más simples y económicas?
  2. ¿Cómo se seleccionan los productos que terminan siendo “los” homologados?
  3. ¿Quién audita este proceso para evitar que resurjan las palabras “mordida”?

Mientras tanto, los conductores se preparan para un futuro donde, tras adquirir la baliza V16 homologada, quizás tengan que añadir a su maletero un cono inteligente para no quedarse atrás. La seguridad es esencial, sí; pero para muchos empieza a parecerse más bien a una suscripción obligatoria al catálogo tecnológico de unos pocos.

Y visto lo visto, nadie puede descartar que después del cono conectado surja un “retrovisor cuántico ecosostenible” que también será obligatorio… por nuestro bien, claro está.

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