En su columna publicada este 22 de mayo en El Debate, el periodista Antonio Naranjo plantea que el verdadero motor de la política española actual no se encuentra en La Moncloa, sino en la retaguardia. Bajo el título original «ZP es la trama de todas las tramas y Sánchez es su cómplice», el autor presenta a José Luis Rodríguez Zapatero como el artífice de un entramado ideológico y político que ha cruzado legislaturas, gobiernos y crisis internas del PSOE.
La afirmación es clara: lo que hoy puede interpretarse como una maniobra táctica de Pedro Sánchez sería, en gran medida, la continuación de un guion redactado hace años. El escrito va entrelazando nombres, fechas y decisiones, retratando a Zapatero como el “cerebro” de una red que abarca desde las negociaciones con el independentismo hasta la reinterpretación del pasado reciente de España.
Uno de los pasajes más destacados resalta ese papel oculto:
«ZP es la trama de todas las tramas porque todo lo que hoy indigna, divide o fractura a España empezó con él, con sus experimentos de ingeniería política y moral».
No solo se enfatizan las decisiones específicas, sino también el marco cultural que, según Naranjo, habría dejado como legado.
De los experimentos de ZP al sanchismo actual
El artículo refuerza la idea de continuidad entre el zapaterismo y el sanchismo, subrayando que no se trata simplemente de “desviaciones” del proyecto socialdemócrata clásico, sino de su reemplazo por algo diferente. Naranjo lo resume con contundencia: «Sánchez no es un accidente; es la consecuencia lógica de un partido que entregó su brújula a Zapatero y decidió navegar a oscuras».
En esta línea, el autor:
- Sitúa la memoria histórica promovida por Zapatero como un antecedente directo de los relatos oficiales actuales sobre el pasado.
- Establece una conexión entre el modelo de pactos territoriales del pasado y la normalización del diálogo con el independentismo.
- Relaciona el estilo personalista del liderazgo de aquellos años con la estructura de poder que ahora rodea a Sánchez.
En otro fragmento clave de la columna, Naranjo insiste en esa genealogía del poder: «Lo que hoy llamamos sanchismo no es más que la versión perfeccionada del zapaterismo: más descarada, más cínica y más profesionalizada en el uso del Estado como herramienta partidista». La crítica se dirige tanto hacia la ocupación institucional como hacia las formas en que se comunican y manejan los conflictos políticos.
La conclusión de @AntonioRNaranjo en su despedida:
🗣️ «Zapatero no se entiende sin Sánchez y Sánchez no se entiende sin Zapatero»#ElAnalisisDN
✖️ @telemadrid
📡 https://t.co/VHYMhGT6O8 pic.twitter.com/4RnYL2AiXR— El análisis: Diario de la Noche (@analisisDN) May 21, 2026
Cómplices, lealtades y silencios
La acusación sobre la complicidad de Sánchez no se plantea únicamente desde una perspectiva moral; también tiene un enfoque operativo. Para Naranjo, el presidente actual ha puesto los recursos del Estado al servicio de una lógica previamente establecida. Por ello, destaca otra frase contundente: «Si Zapatero diseñó la maquinaria, Sánchez ha sido el operario perfecto: no pregunta, no duda; solo aprieta los botones que le indican».
Alrededor de esta imagen del “operario” se organiza gran parte del análisis político:
- La amnistía y las concesiones a los socios nacionalistas son vistas como culminación de un proceso iniciado anteriormente.
- La erosión gradual de los contrapesos institucionales se describe como un proceso escalonado más que como una ruptura abrupta.
- El silencio presente en amplios sectores del PSOE se interpreta como un signo revelador de una transformación profunda dentro del partido.
Naranjo refuerza esta idea con otra cita directa: «El verdadero milagro de Zapatero no fue ganar unas elecciones; fue cambiar para siempre el código genético del PSOE sin que casi nadie dentro se atreviera a señalar que el rey estaba desnudo». Este análisis hace hincapié en esa mutación interna, considerada más determinante que las maniobras tácticas propias de cada legislatura.
La trama como método de poder
La columna va más allá del reproche histórico; describe una manera de gobernar que Naranjo considera ya sistémica. Habla sobre tramas no solo entendidas como conspiraciones, sino como métodos: redes leales, relatos prefabricados y un uso intensivo de la comunicación política donde la polarización actúa como combustible. En este contexto, Zapatero aparece como ideólogo mientras que Sánchez desempeña su papel como ejecutor.
El texto concluye reafirmando esa continuidad entre ambos liderazgos y anticipando que incluso cuando Sánchez ya no esté presente, la influencia zapaterista seguirá vigente: «Aunque mañana Sánchez abandonara La Moncloa, la trama de Zapatero permanecería intacta; porque ya no está solo en las leyes o en los pactos, sino en la mente de una parte del país».
Con esta reflexión final, queda planteada una incómoda pregunta: ¿cuánto hay en la política española contemporánea que responde a coyunturas específicas y cuánto forma parte de un diseño preestablecido que Naranjo sostiene lleva años escrito con tinta invisible?
