El Real Madrid vuelve a vivir algo que parecía casi olvidado: unas elecciones con debate real alrededor de la presidencia del club. La aparición de Enrique Riquelme ha abierto una discusión legítima sobre el modelo de club, la relación con el socio y el futuro del madridismo. Y eso, en sí mismo, puede ser positivo.
Pero una cosa es debatir y otra olvidar la realidad.
Y la realidad es que el Real Madrid de Florentino Pérez ha sido una de las instituciones deportivas más exitosas del mundo en las últimas dos décadas.
Se podrá criticar a Florentino. Yo mismo creo que ha cometido errores. Algunos deportivos, otros institucionales y otros relacionados con la comunicación con el socio. Nadie que gobierne durante tantos años puede acertar siempre. Pero reducir su legado a críticas coyunturales sería profundamente injusto.
Porque bajo su mandato el Real Madrid no solo ha ganado Champions. También ha sobrevivido y dominado en la época más salvaje y desigual del fútbol moderno.
Mientras otros clubes históricos han terminado en manos de estados, fondos extranjeros o magnates multimillonarios, el Madrid sigue perteneciendo a sus socios. Mientras otros viven hipotecados o dependen artificialmente de capital externo, el club blanco mantiene una fortaleza económica que le permite competir con cualquiera.
Eso no ocurre por casualidad.
Florentino entendió antes que nadie que el fútbol ya no era solo deporte. Era economía global, infraestructuras, imagen internacional y capacidad financiera. Y el nuevo Bernabéu, tan criticado por algunos, forma parte precisamente de esa visión estratégica.
Es legítimo preguntar cuánto ha costado. Es legítimo exigir transparencia. Pero también hay que entender que el fútbol de élite ya no se sostiene solo con romanticismo. Hoy competir exige músculo económico. Y quien no lo comprenda corre el riesgo de convertir al Real Madrid en un gigante nostálgico incapaz de mirar al futuro.
Ahí es donde aparecen mis dudas sobre Enrique Riquelme.
Puede representar renovación. Puede traer ideas interesantes. Incluso puede canalizar el cansancio de algunos sectores del madridismo. Pero dirigir el Real Madrid no es hacer oposición desde fuera. Es gestionar la mayor presión deportiva del mundo, tomar decisiones multimillonarias y defender al club en un entorno cada vez más hostil.
Y sinceramente, no creo que este sea el momento de experimentar.
El madridismo necesita unidad, estabilidad y ambición. No aventuras ni guerras internas. Porque cuando uno observa el fútbol europeo actual, entiende rápidamente que el Real Madrid sigue siendo una excepción: un club ganador, independiente y todavía propiedad de sus socios.
Eso también es parte del legado de Florentino Pérez.
Por eso, aun reconociendo errores y entendiendo críticas, creo que hoy sigue siendo la opción más sólida para liderar el club. No por idolatría ni por miedo al cambio, sino porque ha demostrado con hechos algo que en el fútbol vale más que cualquier eslogan electoral: capacidad para mantener al Real Madrid en la cima.
Y en una institución donde la exigencia nunca termina, eso merece respeto.
Y además hay algo que muchos madridistas sienten, incluso quienes alguna vez le han criticado: con Florentino Pérez el Real Madrid transmite fortaleza, respeto y grandeza institucional. Ha defendido el escudo frente a ataques externos, ha modernizado el club y ha construido una era que ya forma parte de la historia del fútbol mundial.
Quizá algún día llegue otro presidente. Es ley de vida. Pero quien venga después tendrá que medirse con un legado gigantesco. Porque Florentino Pérez no solo ha presidido el Real Madrid: ha marcado una época.
Y por eso, en estas elecciones, muchos creemos que apoyar a Florentino Pérez no es mirar al pasado, sino proteger el presente y el futuro del Real Madrid.
Yo apoyo a Florentino.
