ESCÁNDALO EN LA ERA SÁNCHEZ

La deleznable última semana de Ábalos como ministro: tiene de todo lo que se pueda imaginar y más…

Una agenda privada frenética, viajes, fiestas y mudanzas cruzadas con su amante y su exmarido mientras aún manejaba un importante ministerio

La deleznable última semana de Ábalos como ministro: tiene de todo lo que se pueda imaginar y más...

Cinco años después, la despedida de José Luis Ábalos como ministro de Transportes allá por 2021 ha mutado en un caso paradigmático sobre cómo se desmorona el poder cuando se considera agotado.

El Español saca a la luz mediante Jorge Calabrés un tema sensacional a la par que deleznable. Cómo el número dos de Sánchez, su mano derecha en el Gobierno, estaba, sin saberlo, ante sus últimas horas al frente de la cartera de Transportes, y a la vez, llevando una vida personal de absoluto desenfreno.

La lista:

  • un viaje oficial que se tornó en escapada romántica con su amante Jésica Rodríguez
  • una orgia y un trío con prostitutas relacionadas con el entorno del ministerio
  • una última noche con Jésica en la residencia oficial
  • una mudanza apresurada con su esposa e hija

Todo esto sucedió al mismo tiempo que su agenda institucional se reducía drásticamente y se hacía un uso intensivo de recursos públicos para desplazamientos y alojamientos, fusionando sin pudor trabajo, placer y logística sentimental.

Por si prefieren escucharlo, aquí lo tienen narrado por el periodista en Horizonte en Cuatro:

La yincana sentimental y el uso de medios públicos

Ya saben ustedes que hoy en día José Luis Ábalos ya cumple condena en la cárcel y lo hará por los próximos 24 años -al menos esa es la sentencia del Tribunal Supremo-, pero no lo hace obviamente por estos desmanes y trajines en su última semana como ministro, sino por algo mucho más grave centrado en el Caso Mascarillas.

No obstante, esta parte es tremendamente deleznable y por eso, casi magnética. El relato reconstruido por la investigación periodística revela una semana que parece sacada de un guion televisivo, pero que se desarrolló a expensas del contribuyente.

Jésica, llegando a su declaración ante el juez.

Jésica, llegando a su declaración ante el juez.

De acuerdo con esa reconstrucción:

  • Viajes oficiales: se utilizaron salidas laborales para incluir paradas privadas, encuentros íntimos y noches en hoteles donde se difuminaba la frontera entre misión institucional y escapada amorosa.
  • Acompañantes “asesoras”: al menos en una visita oficial, dos prostitutas habrían viajado con salvoconductos de Transportes bajo la etiqueta de “asesoras”, todo ello en medio de restricciones por la covid.
  • Residencia oficial: la vivienda del ministro fue escenario durante esos días tanto de despedidas amorosas como de rupturas domésticas y mudanzas familiares.

El artículo de EL ESPAÑOL sobre la última yincana del ministro Ábalos, entre viaje con su amante, orgía, trío, noche con Jésica y mudanza con su ex describe cómo esa semana encapsula el cruce entre una vida privada desenfrenada y un cargo público que se encuentra en sus últimos estertores.

Del culebrón personal al caso judicial

La última semana en Transportes no fue un episodio aislado. Hoy se contempla como parte del trasfondo de un ministro que terminó sentado en el banquillo del Tribunal Supremo por el llamado caso Koldo y los supuestos amaños en contratos de mascarillas durante la pandemia.

Algunos elementos conectan lo personal con lo judicial:

  • Jésica acompañó a Ábalos en al menos 13 viajes oficiales, siendo 8 de ellos sin que quede claro quién cubría sus gastos. Esto ha suscitado interrogantes sobre el uso indebido de fondos públicos para sufragar esa relación.
  • El alquiler lujoso donde residía la pareja en la Torre de Madrid, que superaba los 82.000 euros, fue abonado por sociedades vinculadas al empresario Víctor de Aldama, comisionista clave en los contratos investigados.
  • La Guardia Civil menciona pagos mensuales en efectivo a Koldo García, asesor del ministro, describiéndolos como una “nómina” destinada a obtener favores y trato preferente en Transportes.

Sobre este entramado se sostiene el proceso que ha llevado a Ábalos desde su despacho ministerial hasta el Supremo. Las peticiones de penas alcanzan hasta 24 años de cárcel por organización criminal, cohecho, tráfico de influencias y malversación.

Una semana que explica una época

Más allá del escándalo mediático, esos días finales de Ábalos al frente de Transportes sirven como metáfora sobre una etapa reciente en la política española:

  • El poder concebido como una extensión incontrolada de lo privado
  • La trivialización del uso indebido de recursos públicos
  • Y esa sensación persistente de que todo puede estirarse un poco más… hasta que aparece un juez, un sumario o un vídeo festivo al estilo Pretty Woman convertido en prueba judicial.

De aquellos días quedan hoy huellas: una carpeta repleta de mensajes por WhatsApp, un gato compartido por la pareja como detalle casi anecdótico dentro del proceso, una sentencia inminente y una agenda final digna incluso del guion más extravagante… incluso para una ficción.

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