La aritmética que sostuvo la investidura de Pedro Sánchez ha recibido un aviso serio desde Cataluña, un territorio clave para el PSOE en su estrategia política. El reciente barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), conocido como el “CIS catalán”, pinta un horizonte complicado para los socios del Gobierno, debilitando así el llamado bloque Frankenstein que, hasta ahora, parecía sólido en la comunidad.
Los datos son contundentes: los partidos que apoyan a Sánchez —PSC, ERC y Sumar/Comuns— retroceden en escaños, mientras que las fuerzas que la Moncloa había utilizado como espantajo durante la campaña, Aliança Catalana y Vox, están en ascenso, capitalizando el descontento generalizado. La imagen de un «muro de contención» comienza a desmoronarse en el lugar donde el PSOE se sentía más seguro.
Qué dice exactamente el ‘CIS catalán’
El CEO ha publicado su barómetro, resultado de más de 2.000 entrevistas y trabajo de campo entre finales de mayo y junio de este año. A grandes rasgos, los resultados sitúan al PSC como primera fuerza, pero con una evidente pérdida de apoyo, lo que repercute desproporcionadamente en el resto del espectro político catalán.
Destacan los principales movimientos que recogió el barómetro:
- PSC: proyectado a perder entre 4 y 6 escaños, bajando de 42 a 36-38.
- ERC: podría mejorar ligeramente con 24-26 diputados, pero sin capacidad suficiente para liderar un bloque.
- Comuns: caen de 6 a 4-5 escaños, mostrando el desgaste de la coalición.
- Junts: se hunde, pasando de 35 a 16-18 diputados, colocándose detrás de nuevas fuerzas emergentes.
- Aliança Catalana: experimenta un ascenso significativo, con proyecciones de 23-25 escaños.
- PP y Vox: ambos proyectados en torno a 12-13 escaños, recortando el espacio los tradicionales partidos de izquierda.
- CUP: podría mantener entre 4-5 escaños, en una situación apretada.
La proyección del CEO indica que la suma de PSC, ERC y Comuns no alcanzaría la mayoría absoluta de 68 escaños, quedándose en 64 de un total de 135. La “resiliencia” de este bloque se ve seriamente comprometida.
El efecto dominó sobre el Frankenstein estatal
El impacto de estos resultados en el ámbito nacional va más allá de lo que ocurre en Cataluña. Las variaciones en las intenciones de voto tienen un eco directo en la composición del Congreso de los Diputados. Así, el descalabro de los partidos que forman el bloque de investidura en Cataluña afecta la estabilidad del Gobierno de Sánchez, quien podría verse obligado a navegar en aguas más turbulentas.
Tres derivadas clave de esta situación son fundamentales:
- Perdida de hegemonía moral y narrativa: El relato del PSOE ha girado en torno a ser la opción “responsable” frente a una extrema derecha en auge. Si en Cataluña el bloque tradicional se debilita mientras crecen fuerzas como Aliança Catalana y Vox, el discurso se desdibuja, y lo que era un mensaje claro ahora se hace confuso.
- Mayor dependencia de socios incómodos: Un Junts menor, en un contexto de competencia interna con una derecha más radical, podría endurecer su posición frente al Gobierno central. Por otro lado, un ERC que no logra consolidarse podría debilitar la estabilidad que necesitan los socialistas.
- Advertencia para las generales: Aunque el CEO mide principalmente intención de voto autonómica, estas tendencias invitan a pensar que el impacto en el Congreso también podría ser notable, con proyecciones de Junts disminuyendo de 7 a 4 o 5 escaños.
La percepción de un bloque estable y progresista se desdibuja, y el «CIS catalán» refleja que el Parlament se orienta hacia una polarización más amplia, poniendo en riesgo el equilibrio logrado hasta ahora.
La paradoja del voto del miedo y el auge de la extrema derecha catalana
Uno de los resultados más llamativos del barómetro es el ascenso de Aliança Catalana, que podría convertirse en la tercera fuerza en el Parlament, algo que trastoca la estrategia del PSOE basada en el voto del miedo. Cada vez más, el miedo no se traduce en un respaldo sólido, sino en la crisis de un modelo que necesita resultados concretos.
Como una curiosidad, el CEO, conocido tácitamente en Madrid como el «CIS catalán», ha tenido la inusual capacidad de incomodar a todos los que están en el poder, ya sea al independentismo o, ahora, al sanchismo. Es la radiografía de un territorio. Allí, el PSC pierden más de 30 escaños, lo que se convierte en un dato irrefutable, resaltando la erosión de un gobierno que parecía infalible hasta hace poco.
En definitiva, el escenario catalán se presenta como un espejo que refleja, de manera incómoda, los desafíos que enfrenta el Gobierno de Sánchez en su conjunto, donde las promesas de estabilidad se convierten cada vez más en un correlato de incertidumbre.
