No digan que no es una fantasía.
Detienen al humorista -malote- Quequé (la joya se llama Héctor de Miguel) en Salamanca por una reclamación judicial en Madrid.
Y es ahí donde interviene definitivamente Periodista Digital.
El reciente caso sitúa a la Policía en una calle de Salamanca, donde se identifica y detiene a un individuo que tiene una reclamación judicial activa relacionada con el proceso que sigue contra Quequé en un juzgado de Madrid. Y va ‘palante.
La Audiencia Provincial de Madrid le tiene condenado desde 2023, junto con la Cadena SER, a pagar más de 40.000 euros —que a la hora de la verdad y por los retrasos superó los 50.000— por vulnerar el honor del periodista Alfonso Rojo, en una sentencia que describe un patrón de insultos reiterados y califica dicha conducta como una forma de bullying mediático.
Eso sí, en la mencionada sentencia había más deberes, que eran algo más vergonzantes para el sujeto condenado, y se ha puesto remolón en lo de cumplirlos… Así lo contábamos entonces:
De este modo, el letrado Álvaro Rojo Quintana – abogado de su padre Alfonso y de Periodista Digital– han insistido en el cumplimiento de la sentencia, como es su derecho.
¿Es posible que Quequé ahora tenga material para sus chistes malotes en los programas de sus amigos?
Es posible. Pero lo importante es que la justicia funciona en este país.
Por puntualizar, para que no se le vaya a pasar, recordamos a Quequé que le falta por cumplir varias cosas, como subraya el abogado Alvaro Rojo Quintana:
– eliminar de su cuenta de Twitter todos los tuits objeto de la demanda.
– eliminar de Youtube todos los vídeos que contentan expresiones objeto de demanda.
– eliminar los podcasts que contengan estas expresiones.
– lectura del encabezamiento y fallo de la Sentencia en el programa ‘La Vida Moderna’ o similar en franja horaria y audiencia.
Pero por lo que sea el humorista no ha cumplido con la mayor parte de estos requerimientos. Y es a partir de ahí cuando le han ido llegando las multas, una a una:
Mientras se niegue a publicar la sentencia en sus redes sociales, al comunicador le va a salir la broma por un pico, nada más y nada menos que abonar una multa de 500 euros que saldrán de embargos de sus cuentas bancarias y devoluciones tributarias.
No Bertrand, no… lo ha encarcelado su inmensa gulipollez y quelis progres se creen intocables https://t.co/loGlx8ZjUo
— Alfonso Rojo López (@AlfonsoRojoPD) July 16, 2026
Lo que decía la Sentencia
Les dejamos aquí a modo de recordatorio unos fragmentos de la Sentencia, por si quieren entretenerse a conocer más detalles:
- En el caso que nos ocupa, sin mediar provocación directa por el Sr. Rojo al Sr. de Miguel, este le califica como “subnormal”, no una, sino hasta 16 veces, con evidente insistencia y animo recordatorio de su juicio peyorativo sobre el demandante, en comentarios de su programa radiofónico, canal de Youtube y en diversos tweets, para lograr una difusión continuada de dicha opinión con el propósito de lograr extenderla a una mayor audiencia, incitando a su difusión por cualquier red social, creando premios, dominios de web…
- Dicha difusión que pretendía extender tal muestra de desprecio hacia el Sr. Rojo, resulta probada con la documental reportada por el demandante en la demanda y en la Audiencia Previa.
- Resulta evidente, que los enfoques y modos de pensar del Sr. Rojo y del Sr. de Miguel, pueden no ser coincidentes, incluso ser notoriamente opuestos, pero tal discrepancia, no justifica ofensas notoriamente innecesarias al fin perseguido, que la realidad social actual no permite, ni tampoco ampara un pretendido ius retorquendi utilizado de modo reiterativo y continuado el insulto. Pues como ya sienta la doctrina que se ha expuesto, cabe amparar la ironía o el ingenio, nunca el insulto, en la connotación de humillación social, que tiene para cualquier persona, aun cuando sea un personaje público.
- No consideramos, nada irónico ni ingenioso, tildar de modo repetitivo de “subnormal” a una persona con la que se discrepa, exigiendo un premio con su nombre unido a tal apelativo para el demandante, o hacer un llamamiento en las redes sociales para lograr una vinculación inmediata de tal adjetivo peyorativo con el actor en google o Wikipedia alterando su perfil, o crear un dominio web en tal sentido. Consideramos que resulta lamentable un acoso semejante entre profesionales, semejándose a una cruel situación de bulling, que merece un justificado reproche social, pues se pretende provocar una situación de humor a costa de la humillación y denostación de una persona a nivel social.
Por qué lo detienen: desobediencia
En última instancia, el Juzgado de Instrucción Nº 28 de Madrid, bajo la dirección de la magistrada Ana María Gallegos Atienza, ha emitido un auto judicial en el marco de las diligencias previas 1315/2025 por un presunto delito de desobediencia de autoridades o funcionarios
- . Esta resolución surge tras la denuncia de Alfonso Rojo López contra Héctor de Miguel Martín, debido a que este último no compareció a los llamamientos judiciales en su domicilio y no pudo ser localizado mediante gestiones policiales
- El tribunal considera que estos hechos indican un intento por parte del investigado de sustraerse de la acción de la justicia
- En consecuencia, el juzgado ha decretado la detención y presentación de Héctor de Miguel Martín ante el tribunal para que preste declaración como investigado, bajo la advertencia de ser declarado rebelde si no se verifica su comparecencia. La requisitoria de búsqueda y captura tendrá una vigencia hasta el 9 de julio de 2031
Mientras tanto, se ha acordado el sobreseimiento y archivo provisional de las actuaciones hasta que el investigado sea hallado, momento en el que, tras las diligencias correspondientes y la designación de un domicilio, se procedería a su puesta en libertad. Y fíjense, ya lo han encontrado.

UN CARADURA QUE QUE SE CREÍA INTOCABLE
La controversia se origina en los tiempos de La vida moderna, el programa de humor de la Cadena SER, donde Quequé compartía escenario con otros cómicos y se lanzaban repetidos ataques contra Alfonso Rojo y Periodista Digital.
La Audiencia resolvió que aquellas expresiones no eran meras bromas aisladas, sino una conducta habitual que pisoteaba el derecho al honor del periodista.
En la sentencia, el tribunal fijó que el cómico y la emisora debían pagar 41.800 euros en indemnización a Alfonso Rojo. Además, se les ordenó hacer pública la resolución en los mismos canales en los que fueron emitidos los insultos: el programa de radio y las plataformas digitales de la emisora. También se estableció un coste adicional cercano a los 10.000 euros, que debían asumir de forma solidaria.
Para Quequé y la SER, el aspecto más comprometedor no fue tanto la cuestión económica, sino el mandamiento mediático: el tribunal exigió la difusión del contenido esencial de la sentencia, algo que, según los demandantes, nunca se ha llevado a cabo de manera clara y notoria. Por este motivo, se ha generado la actual guerra de multas, requerimientos y, por último, la detención.
Multas reiteradas y pulso abierto con el juzgado
Frente a la negativa del humorista a seguir las órdenes de difusión, el juzgado inició una serie de sanciones económicas. En resoluciones recientes, se impusieron multas de 500 euros por cada requerimiento no cumplido, argumentando que el condenado continuaba ocultando la sentencia y evitando que su público conociera el fallo en su totalidad.
El esquema que retratan las fuentes judiciales es sencillo:
- La Audiencia emite condena que contempla:
- – indemnización económica
- – obligación de difusión mediática
- El juzgado de ejecución verifica que:
- – no se ha promulgado la sentencia como indicaba el fallo
- – persiste la resistencia a corregir la situación
- La consecuencia es:
- – multas sucesivas de 500 euros
- – orden de detención para asegurar la comparecencia
Lo esencial aquí no es el contenido humorístico en sí, sino el desacato reiterado a una resolución firme. Cada vez que Quequé esquiva cumplir con la parte mediática del fallo, el juzgado interpreta que desafía al sistema judicial, lo que endurece la respuesta.
Contexto: otras causas abiertas y presión judicial creciente
Mientras se agrava el litigio con Alfonso Rojo, el cómico enfrenta otro desafío notable. La Fiscalía ha solicitado dos años de prisión para Héctor de Miguel Martín por presunto acoso a Polonia Castellanos, conocida como presidenta de Abogados Cristianos, tras ciertas burlas públicas y llamadas masivas incitadas desde sus espacios de humor. El Juzgado de Instrucción número 6 de Valladolid ha decidido abrir juicio oral por estos hechos, y diversos medios han informado que el procesamiento ya se ha confirmado.
Este segundo procedimiento, aunque no está directamente relacionado con la detención en Salamanca, pinta un cuadro similar: un humorista que lleva la provocación al plano judicial, enfrentándose a acusaciones de acoso, insultos y ataques al honor. La acumulación de causas, sanciones y requerimientos de difusión transforman a Quequé en un personaje relevante en la discusión sobre los límites del humor y la responsabilidad en los medios.
Para entender la magnitud del conflicto, es conveniente recordar:
- Que hay una condena firme de la Audiencia de Madrid por vulneración del honor de Alfonso Rojo.
- Existe una obligación de difusión pública de la sentencia que, según los demandantes, no se ha cumplido.
- Se acumulan multas por incumplimiento reiterado, de 500 euros cada una.
- La Fiscalía está pidiendo pena de prisión en el caso relacionado con Abogados Cristianos.
La detención en Salamanca se sitúa en este contexto de presión creciente. No se trata de una redada espectacular, sino del intento de que el humorista comparezca, escuche al juez y, al final, cumpla con la resolución que arrastra desde hace años.
Curiosidades de un showman en apuros
El contraste entre el personaje público y la situación judicial resulta notable. Quequé, quien muchas veces se ha identificado como “el gracioso de la radio”, acumula ahora más titulares en los tribunales que en los escenarios. El cómico que se reía de todo ahora se enfrenta a conceptos como “bullying mediático” y “acoso”, incluidos en autos y sentencias.
Algunos detalles curiosos del caso enfatizan por qué se ha convertido en un tema tan resonante:
- El programa La vida moderna se despidió hace un tiempo, pero las bromas continúan generando consecuencias legales.
- La obligación de leer o publicar la sentencia en antena se ha tornado el punto más delicado, por lo que implica para la imagen del humorista y de la SER.
- La cifra de 41.800 euros en indemnización no es común en litigios por el honor vinculados a espacios de humor.
- El pulso con Periodista Digital ha transitado de la ironía en la radio a confrontaciones en los juzgados, con cada parte jugando su partida en el tablero mediático.
El showman que construyó su carrera desafiando los límites del humor se enfrenta, ahora más que nunca, al límite más serio de todos: el que establece la justicia cuando una broma deja de ser un simple chiste y se convierte en sentencia.
