Con el árbitro en contra y el canalla de Infantino conspirando desde el palco.
Que sí, que somos campeones del mundo… ¡¡otra vez!!.
Sufrimos, sí, pero lo merecimos de largo porque España fue el único equipo que quiso jugar al fútbol en la final del Mundial.
Argentina no quería —o no podía— jugar al fútbol; solo iba a la pendencia, campeona también, pero de las patadas, las provocaciones y las marrullerías.
Un desenlace con prórroga incluida nos dejó el corazón botando cuando Ferran Torres marcó, en el minuto 106, el gol que devolvió a España a la gloria. Veinte remates de la Roja por apenas dos de la Albiceleste retratan mejor que cualquier crónica lo ocurrido en el MetLife Stadium.
Este grupo de chavales redondea unos años mágicos: Nations League (2023), Eurocopa (2024), Juegos Olímpicos (2024) y ahora Mundial (2026). Y eso no es moco de pavo, que diría Luis Aragonés, quien puso la primera piedra de lo que hoy juega España. El pasado fin de semana, además, se ganó también la Eurocopa Sub-19 en categoría masculina y femenina —esta última con cinco títulos consecutivos—, un hito que corona algo inédito: nunca antes un país había sido, a la vez, vigente campeón mundial en chicas y en chicos. Enciendan la televisión con cualquier partido de España y verán siempre lo mismo: un fútbol bueno de verdad.
🗣️ Puyol: «Doy la enhorabuena a todo el equipo, han hecho un Mundial impresionante»#DAZNMundial pic.twitter.com/8cExzdyzdY
— DAZN España (@DAZN_ES) July 20, 2026
Era la segunda final de un Mundial hablado íntegramente en español —tras el Uruguay-Argentina de 1930— y un duelo con encanto en los banquillos, con Luis de la Fuente y Lionel Scaloni, que compartieron curso de entrenadores en la RFEF. Enfrente estaba la Argentina de Messi, vigente campeona del mundo, tosca y doliente, experta en hacerse la muerta cuando en realidad está de parranda; la Argentina de Infantino, a la que los malpensados ya llaman VARgentina. El riojano de Haro no tocó nada en su once, el mismo que tumbó a Bélgica y Francia: Unai; Porro, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Fabián; Lamine, Olmo, Baena; y Oyarzabal. Scaloni sí movió ficha, con Montiel, De Paul y Nico González de novedad, este último con un fantasma reciente a la espalda: su roja directa a Lamine en LaLiga el 4 de abril.
Primera parte: España manda, Argentina espera
Raudo se adueñó de la pelota España. La tuvo Lamine en el minuto 4 tras asistencia de Dani Olmo, pero pecó de exceso de confianza y el Dibu Martínez sacó el remate con los pies. Respondió Argentina con un regalo de Unai Simón que Julián Álvarez no supo abrir. Vinčić perdonó una clarísima amarilla a Mac Allister por sujetar a Porro, y volvió a guardársela en el minuto 14 tras otra entrada sobre Dani Olmo —el momento en que Lamine, como Messi, empezó por fin a asomar la cabeza.
España amasaba a Argentina con posesiones largas, en un partido lastrado por las interrupciones del equipo de Scaloni. Se llegó a la media hora sin ocasiones claras pero con España por delante en el marcador de intenciones: el Dibu evitó abajo un disparo de Oyarzabal, y Rodri gobernaba con mano de hierro. En el 42, un zurdazo de Cucurella rozó el palo; poco después se retiró lesionado Lisandro, ya amonestado, dando paso a Otamendi —«Hostiamendi» para los amigos—. Al descanso, 0-0 y Messi protestando, como siempre.
El entretiempo se alargó media horita, bien empleada solo por ver a Ronaldo Nazario en chándal. Scaloni metió a Leandro Paredes por Nico González para blindar el centro del campo.
Segunda mitad: control, dureza y asedio
Avisó Baena nada más arrancar con un disparo que el Dibu supo sacarse de encima. Paredes se llevó la amarilla tras un pescozón a Rodri. España perdonó una contra mal resuelta por Fabián y Oyarzabal, y De la Fuente respondió a los cambios de Scaloni con la entrada de Ferran Torres y Pedri. Dani Olmo rozó el gol con un disparo lejano; el Dibu empezaba a cantar más que Shakira, y Argentina ya ni salía de su campo. Ferran la tuvo de cabeza, algo centrada; Scaloni agotó sus cambios, y De la Fuente metió de golpe a Nico Williams y Merino, con Lamine intocable pese a su discreta actuación.
El monólogo español parecía preceder al gol: Ferran la tuvo en el 86 tras pase de Merino, pero la mordió fuera. En el 92, Enzo Fernández vio la segunda amarilla por un entradón a Cubarsí y se fue a la calle. En el 97, España dispuso de una falta para ganar el Mundial tras una coz de Paredes a Ferran: Yamal estrelló el disparo en el palo y el Dibu la sacó con una palomita. Con eso llegamos a la prórroga, con Argentina protestando, como todo el campeonato.
La prórroga: el gol que valía un Mundial
El asedio continuó. El Dibu volvió a salvar a los suyos ante un cabezazo de Nico Williams, y el propio Nico pareció marcar en el 95, pero Vinčić anuló el gol por una falta invisible de Merino a Otamendi, que fingió a lo Busquets, sin que el VAR revisara nada. De la Fuente tuvo que sustituir a Laporte y a Rodri, agotados, por Eric García y Zubimendi, que debutaba nada menos que en una final de Mundial; Scaloni metió a Senesi por Julián Álvarez. Un cabezazo de Merino se marchó desviado por centímetros en el 102.
Tenía que caer el gol, porque Argentina ya no se sostenía en pie. Y cayó en el 106: centro de Porro, robo de cartera de Nico Williams a Nahuel Molina, y Ferran Torres apareciendo para volear con el alma el 1-0 que España llevaba mereciendo media hora. Hubo tiempo incluso para un segundo gol de Ferran, anulado por fuera de juego. Argentina, con uno menos y a lomos de un Messi en plan Cid Campeador, tiró de orgullo hasta el final —un córner de Simeone despejado a las nubes fue su última bala—, pero el 1-0 aguantó hasta el pitido final.
España levantó así su segunda Copa del Mundo: segunda estrella cosida al pecho, sufrida hasta el último minuto, pero merecida de largo. Otra vez, los reyes del mundo.

