La imagen de decenas de miles de personas cruzando hacia Ceuta en cuestión de horas, mientras el Gobierno busca respuestas sobre la marcha, ha sido el disparador ideal para que el director de OKDIARIO, Eduardo Inda, resucite un viejo fantasma: la Marcha Verde.
En su videoblog “Más que invasión migratoria, esto parece un ensayo de ocupación de Ceuta y Melilla por parte de Marruecos”, el periodista argumenta que lo que ocurre en la ciudad autónoma no es solo una crisis migratoria, sino una prueba de estrés fronterizo con ambiciones territoriales.
«¿Y qué está pasando ahora? Más que una invasión migratoria, es un ensayo de lo que puede ser más pronto que tarde, la invasión por parte de Marruecos de Ceuta y Melilla. Es una nueva Marcha Verde, como la de 1975. Que lleguen 30.000 personas en tan poco tiempo a Ceuta, es muy llamativo. Cuidado porque a lo mejor lo que se está gestando es un conflicto internacional de tres pares de narices».
El paralelismo que traza es evidente: así como en 1975, cuando Hassan II aprovechó la inminente muerte de Franco para lanzar una Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental, Rabat estaría hoy evaluando hasta dónde puede sobrepasar a una España desgastada políticamente y con un Gobierno debilitado en el ámbito internacional. Esta no es una teoría aislada en el debate público, pero se expone con notable fuerza y escasos matices.
De la Marcha Verde al “laboratorio” de Ceuta
Inda recuerda que la Marcha Verde de 1975 se presentó como una movilización “pacífica” de cientos de miles de civiles, que en realidad forzó la entrega del Sáhara sin la necesidad de un conflicto militar abierto. La clave, tanto entonces como en la actualidad, es que no fue la guerra convencional lo que determinó la situación, sino la presión demográfica y política.
Hoy en día, los datos de la crisis en Ceuta hablan por sí solos respecto al nivel de inquietud:
- Más de 30.000 personas cruzando la frontera desde Marruecos hacia Ceuta en apenas 24 horas
- Una ciudad con poco más de 80.000 habitantes, desbordada en servicios básicos y seguridad
- Al menos 15 muertos en el incidente, según recuentos iniciales, lo que agrava la dimensión humanitaria
Para Inda, una entrada masiva de esta magnitud en un territorio tan reducido se convierte en un “ensayo general” de lo que podría ser una futura ofensiva demográfica sobre Ceuta y Melilla, una “segunda Marcha Verde” que busca convertir en un hecho consumado una reclamación que Rabat sostiene desde hace décadas. Esta idea no es nueva; diversos informes y análisis han señalado una estrategia marroquí que fusiona la presión migratoria, la propaganda en torno a “presidios ocupados” y movimientos diplomáticos en foros internacionales.
Gobierno acorralado, oposición en alerta y aliados distraídos
La lectura política interna de esta crisis es igualmente significativa. Mientras el Gobierno intenta presentar la situación como un episodio “puntual” y en vías de control, desde Melilla el presidente Juan José Imbroda calificó lo sucedido en Ceuta como una “catástrofe provocada por la inacción del Gobierno nacional” y ha exigido modificaciones urgentes en la ley de extranjería para otorgar cobertura legal a los rechazos en frontera en el mar. La estructura de seguridad se encuentra atrapada entre la presión migratoria, las sentencias judiciales y la falta de previsión.
En el ámbito internacional, la situación aún no ha alcanzado el nivel de ruptura diplomática, pero se enmarca en un panorama incómodo:
- Informes del Congreso de EE UU que presentan a Ceuta y Melilla como territorio marroquí bajo administración española, abriendo la puerta a “negociar” su estatus
- Artículos y análisis que sugerían abiertamente retomar una Marcha Verde sobre las dos ciudades autónomas para forzar un cambio de soberanía
- Un eje geopolítico Marruecos–EE UU–Israel que consolida a Rabat como aliado estratégico en el Estrecho, mientras España busca no quedar desplazada
Con este contexto, la advertencia de Inda sobre que Mohamed VI se estaría “quedando con Ceuta y Melilla” en entregas sucesivas no solo apela a la emoción nacional, sino a la sensación de que Madrid ha perdido la iniciativa frente a un vecino que actúa con más audacia y menos complejos.
¿Ensayo de invasión o guerra híbrida permanente?
La cuestión fundamental radica en determinar si lo que ha ocurrido en estos días representa un acontecimiento extremo dentro de una guerra híbrida que España lleva años enfrentando, o si se trata del preludio de algo cualitativamente diferente. Algunos análisis sobre la crisis de 2021 en Ceuta ya la catalogaron como una “Marcha Verde en miniatura”, una operación destinada a saturar fronteras y condicionar la política exterior española sin necesidad de disparar un solo tiro. La crisis de 2026 se alinea con este patrón, pero con mayor intensidad y en un contexto internacional más volátil.
La lógica de Rabat, según estos estudios, se basa en tres vectores que actúan de manera simultánea:
- Presión migratoria puntual pero masiva para mostrar la vulnerabilidad de las fronteras españolas y europeas
- Construcción de un relato sobre Ceuta y Melilla como “ciudades ocupadas”, un mensaje reforzado en su prensa y en ciertos foros internacionales
- Progresiva normalización de la noción de anexión “pacífica” a través de marchas humanas, al mismo tiempo que se consolida como potencia regional en el norte de África
Que España responda con un aumento de blindajes militares, refuerzo policial y contactos discretos con Bruselas y Washington puede contener la emergencia inmediata, pero no resuelve la cuestión de fondo: hasta qué punto el Estado está dispuesto a asumir costos políticos y diplomáticos para dejar claro que Ceuta y Melilla no son objeto de negociación, por más que algunos informes extranjeros o analistas poco rigurosos sugieran lo contrario.
