Sin citar a Sánchez, pero apuntando bien alto

Ceuta: Pérez-Reverte dice que le piden su opinión sobre Ceuta y transforma a Albares en el ‘hazmerreír’ del mundo

El académico utiliza una fotografía del ministro vestido de gala y con cara de pasmado, para subrayar que España se convierte en una coña ante Europa, África, Asia, América y Oceanía.

Ceuta: Pérez-Reverte dice que le piden su opinión sobre Ceuta y transforma a Albares en el 'hazmerreír' del mundo
Pérez-Reverte y Ceuta. PD

Sin citar a Sánchez, pero apuntando bien alto

Pérez-Reverte no habla de Ceuta y, aun así, deja en ridículo a la diplomacia de Sánchez

El escritor, que nunca ha escondido su cariño por España y por su historia, resume en cuatro líneas y una fotografía de gala del ministro Albares lo que opina de la gestión exterior del Gobierno: somos, dice, «el hazmerreír» del mundo entero.

Arturo Pérez-Reverte no necesita nombrar a nadie para que se entienda a quién apunta.

Académico de la RAE, novelista de la historia de España y de sus glorias y miserias navales, el autor de El capitán Alatriste lleva años demostrando, libro a libro, un apego por su país que nadie discute; por eso mismo, cuando decide ironizar sobre la política exterior española, el golpe duele más que si viniera de un adversario declarado del Gobierno.

Y esta semana, ante la invasión de Ceuta, ha elegido la ironía en lugar del sermón: ni una palabra sobre el asalto a la frontera, ni una mención a Pedro Sánchez, ni una crítica directa a nadie con nombre y apellido.

Solo cuatro líneas y una fotografía.

Y todo el mundo ha entendido perfectamente adónde apuntaba.

El mensaje: cuatro líneas y una fotografía que sobra explicar

Tras días de silencio, Pérez-Reverte respondió el jueves por la noche en su perfil de X a quienes le reclamaban una opinión sobre Ceuta con una frase tan breve como demoledora, recogida por El Debate: «Me piden mi opinión… Por qué no dice nada de lo de Ceuta, etcétera. Y, bueno. Ya que me preguntan, lo que opino es que en política exterior somos el hazmerreír de Europa, África, Asia, América y Oceanía». Ningún dato, ninguna cifra, ninguna referencia a la gestión concreta de la crisis fronteriza: el escritor prefirió el trazo grueso de la caricatura a la crítica técnica, y ahí reside buena parte de su eficacia. Junto al texto, publicó una fotografía del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, vestido con el uniforme de gala del cuerpo diplomático: un retrato de marcado carácter institucional, cargado de la solemnidad decimonónica propia de estos actos, que Pérez-Reverte no acompañó de más comentario que el que la propia imagen ya insinuaba. No hizo falta.

Por qué esa imagen, y por qué precisamente ahora

El momento elegido no es casual. Horas antes de la publicación, el propio Ministerio de Asuntos Exteriores había convocado al embajador de Italia en Madrid para trasladarle el malestar del Gobierno por las declaraciones del vicepresidente italiano, Antonio Tajani, partidario de endurecer la respuesta europea ante la presión migratoria en Ceuta; una protesta diplomática que no impidió que Roma mantuviera reforzados sus controles fronterizos con España dentro del espacio Schengen. Frente a ese telón de fondo —un ministerio ocupado en gestos protocolarios mientras la frontera sur se desbordaba y los socios europeos reforzaban controles—, la fotografía de Albares de gala deja de ser un simple retrato institucional para convertirse, en manos de Pérez-Reverte, en un argumento visual: la distancia entre el boato de la diplomacia y la urgencia de lo que ocurre en las fronteras del país que esa diplomacia debería defender.

Un patriota que no necesita citar a nadie para señalar al responsable

No es la primera vez que Pérez-Reverte recurre a su perfil de X para cargar contra la gestión del Gobierno: ya lo hizo con los incendios del verano, con los altercados de la selección argentina tras el Mundial o con distintas decisiones del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Esta vez, el objetivo explícito de su ironía es Albares y la política exterior en su conjunto, no el propio Sánchez; pero la elección no es inocente. El presidente no aparece mencionado ni una sola vez en el mensaje, y sin embargo es él quien encabeza el Gobierno cuya política exterior el escritor describe como motivo de burla internacional: un palo que llega sin firma expresa, pero que cualquier lector reconoce dirigido, en última instancia, a quien preside ese Ejecutivo. Ese es, precisamente, el recurso retórico de Pérez-Reverte: no hace falta nombrar al responsable último cuando basta con retratar, con sorna, a quien lo representa ante el mundo.

Una fotografía de gala, cuatro líneas sin una sola cifra y ningún nombre propio del Gobierno citado directamente: así ha construido Pérez-Reverte uno de los golpes más comentados de estos días de crisis, sin necesidad de levantar la voz. A veces basta con enseñar el traje equivocado en el momento equivocado.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

Lo más leído