ARTÍCULO PUBLICADO EN ‘EL DEBATE’

Paco Rosell atiza a «Noverdad» Sánchez y su acólito Marlaska por su cúmulo de falsedades con Ceuta

Francisco Rosell destaca la vulnerabilidad española frente a Marruecos y el papel de Pedro Sánchez en esta crucial partida sobre Ceuta y Melilla

Paco Rosell atiza a «Noverdad» Sánchez y su acólito Marlaska por su cúmulo de falsedades con Ceuta
Paco Rosell. PD

La advertencia se presenta como una columna, pero tiene el eco de una guerra diplomática. El periodista Francisco Rosell escribe hoy en El Debate un artículo titulado Un Sánchez vendido a tantos, ¿no va a estarlo a Rabat?, donde cuestiona hasta qué punto está dispuesta a ceder España en su relación con Marruecos. La fecha y el contexto no son triviales: crisis profunda en Ceuta, tensiones judiciales y un tablero internacional donde el reino alauí se hace fuerte con apoyos estratégicos.

Desde el inicio, Rosell lanza una tesis incómoda: en el enfrentamiento por Ceuta y Melilla, España se presenta con las peores cartas. No solo por el avance marroquí respaldado por EEUU, Israel, Francia y la UE, sino porque al mando del Gobierno hay un presidente que, «aferrado al poder a toda costa», termina actuando como su propio enemigo interno. Esta mezcla de debilidad institucional y dependencia política hacia Rabat sustenta el núcleo de la columna.

Un Sánchez «vendido» y un Rabat que aguarda su oportunidad

Rosell conecta el recorrido diplomático de Pedro Sánchez con una serie de concesiones que comienzan en el Sáhara Occidental y que, en su opinión, podrían extenderse a Ceuta y Melilla. El cambio de postura de España en 2022 al respaldar el plan de autonomía marroquí, presentado como la opción «más seria y realista», y posteriormente avalado por resoluciones de la ONU que favorecen la autonomía bajo soberanía marroquí como salida «viable», ha colocado a España de la mano de Rabat y distante de su histórica defensa del referéndum. Este contexto permite a Rosell vislumbrar un escenario alarmante que utiliza como advertencia.

Uno de los pasajes más impactantes del artículo recoge su inquietud sobre el futuro de las plazas norteafricanas: «Llegado el momento, nadie descarte que Rabat publique otra misiva de Sánchez consintiendo, sin saberlo su Consejo de Ministros, aprobarlo las Cortes y sancionarlo el Rey, la absorción del reino alauita de Ceuta y Melilla como la del ex Sáhara español contraviniendo la resolución de la ONU mandatando un referéndum». La sombra de la carta de 2022 dirigida al rey Mohamed VI, que puso fin a años de neutralidad española en el Sáhara, resuena en esta hipótesis.

El articulista ve un patrón repetido: decisiones significativas tomadas de manera opaca, espaldas al Parlamento y a los socios de coalición, mientras el relato oficial destaca la «mejor etapa» en las relaciones con Rabat, a pesar de que persisten los puntos de fricción más delicados —Sáhara, Ceuta y Melilla, equilibrio con Argelia— y se incrementan las manifestaciones de dependencia.

Un gobierno «rendido» y el precedente chavista

La crítica se intensifica cuando Rosell compara la política hacia Marruecos con la relación de Sánchez con otros regímenes, especialmente la dictadura chavista. En un fragmento revelador, afirma: «Un gobierno rendido a tantos, como Sánchez con la dictadura chavista para sufragar su campaña a la Internacional Socialista, ¿acaso no iba a hacer igual con Marruecos cruzándose de brazos?». La noción de «rendición» no es solo retórica; sirve para describir un Ejecutivo dispuesto a aceptar condiciones ajenas a cambio de beneficios personales o de partido.

El texto sugiere un escenario de vulnerabilidad:

  • Un presidente que, según análisis de servicios de inteligencia, habría sido «amortizado» por Rabat tras ceder en lo esencial sobre el Sáhara, transformándose en «juguete en sus manos».
  • Una política exterior en la que la búsqueda de estabilidad con Marruecos se traduce en una limitación de maniobra en asuntos delicados, desde fronteras hasta la agenda económica de Ceuta y Melilla.

Rosell describe esta dinámica como la de un gobernante que abre puertas difíciles de cerrar, mientras el socio marroquí suma apoyos internacionales y margen de presión.

Ceuta, Melilla y la frontera como tablero de juego

La columna se centra en el caso concreto de Ceuta, en un instante en el que las decisiones judiciales sobre la frontera son vistas por Rabat como una amenaza y utilizadas como herramienta en la relación bilateral. Rosell evita tecnicismos, pero subraya la gravedad de una invasión «que difícilmente puede obedecer a una sentencia del Tribunal Supremo», y critica la inacción gubernamental ante episodios migratorios que evocan crisis pasadas.

En uno de los pasajes que mejor refleja su estilo, sostiene: «Un gobierno rendido a tantos, como Sánchez con la dictadura chavista para sufragar su campaña a la Internacional Socialista, ¿acaso no iba a hacer igual con Marruecos cruzándose de brazos ante una invasión que difícilmente puede obedecer a una sentencia del Tribunal Supremo que refrendaba lo resuelto por otras instancias?». De este modo, Ceuta y Melilla no se presentan solo como enclaves geopolíticos, sino como un termómetro de la fortaleza —o fragilidad— del Estado ante un vecino que mezcla presión migratoria, ambición territorial y astucia diplomática.

El Sánchez de Rosell: poder, concesiones y silencios

El retrato de Sánchez que va esbozando Rosell recuerda a otras columnas del autor, en las que lo ha descrito como un líder en fuga hacia adelante frente a la corrupción, a la par que Puigdemont en su ansia de autoamnistía. En este caso, el enfoque se traslada a la política exterior, pero la constante persiste: un uso instrumental del poder, con decisiones tomadas sin un control parlamentario real y que comprometen las posiciones históricas de España.

En esta reflexión se aprecian varios elementos del texto original:

  • La repetida asociación entre Sánchez y términos como «vendido» o «rendido».
  • La insistencia en que la peor carta de España no es Rabat, sino quien está en el poder.
  • La utilización de hipótesis extremas —el hipotético envío de otra carta sobre Ceuta y Melilla— como recurso para iluminar el riesgo acumulado.

Todo esto ocurre en un clima donde el Gobierno proclama la «excelente» relación con Marruecos, mientras que la oposición y parte de la opinión pública advierten de un futuro «turbulento e incierto» en el otoño del sanchismo.

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