ARTÍCULO PUBLICADO EN ‘EL DEBATE’

El Rey Felipe VI está ahora en el punto de mira de Sánchez y su cuadrilla de maleantes

Naranjo subraya que todo se ha acelerado un poco tras el ataque público de Óscar Puente al monarca, por un saludo institucional a un periodista no adicto al régimen

El Rey Felipe VI está ahora en el punto de mira de Sánchez y su cuadrilla de maleantes
Antonio Naranjo. PD

La imagen del Rey Felipe VI como blanco político refleja adecuadamente el clima de tensión institucional que envuelve a la Monarquía en medio de la ofensiva del sanchismo.

Lo que debería ser un gesto protocolario se convierte, una vez más, en munición para la confrontación partidista.

En su columna publicada el 15 de agosto de 2026 en El Debate, Antonio R. Naranjo, periodista, titula su artículo Y ahora, el Rey Felipe VI en la diana y señala a un protagonista inesperado en el reciente enfrentamiento: el saludo del Rey a un comunicador en un acto oficial en Colombia, que se convierte en el pretexto perfecto para que el sanchismo le señale con una falta de respeto que habla por sí sola.

El ataque de Puente y la diana sobre la Corona

La columna cambia de la anécdota al contexto político que lo respalda: el uso del Rey como un blanco fácil en una estrategia de confrontación constante. Naranjo presenta este episodio como un indicativo de cómo el entorno de Pedro Sánchez busca nuevas dianas para mantener la polarización en la agenda pública.

El artículo comienza dejando claro que esto no es un arrebato aislado del ministro de Transportes, sino parte de una estrategia bien pensada del partido:

  • Se inicia con un gesto regulado de la Jefatura del Estado.
  • Se amplifica hasta convertirlo en un supuesto agravio.
  • Se concluye apuntando al monarca como un personaje político sospechoso.

En este sentido, el autor destaca la figura de Óscar Puente como un instrumento clave:

  • Portavoz no oficial del descontento de Moncloa hacia la Corona.
  • Referente del discurso confrontativo dentro del sanchismo.
  • Altavoz que normaliza el ataque público al Rey.

En uno de los párrafos cruciales, Naranjo se detiene en la esencia del saludo protocolario, así como en la exageración de la reacción a este, señalando que no es casualidad que el entorno de Sánchez elija justo ese gesto para abrir fuego contra la Monarquía.

“El ataque de Óscar Puente al Rey por saludar a quien le saluda en un acto oficial, en este caso la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia en la que estaba el comunicador Javier Negre, no es y no puede ser otro de los proverbiales impulsos del aguerrido titular.”

Felipe VI entre la neutralidad y el fuego político

El trasfondo de este análisis es la creciente tensión entre la necesaria neutralidad de Felipe VI y el deseo del sanchismo de arrastrarle al juego político. Naranjo insiste en que cada gesto del monarca es examinado como si se tratara de un pronunciamiento, lo que abre una nueva vía de erosión institucional.

A lo largo de la columna se aprecia una preocupación constante:

  • La Corona se encuentra en un dilema entre su deber de representar a todos y la presión ejercida por el Gobierno.
  • Las lecturas malintencionadas de sus actos convierten la presencia del Rey en una fuente de conflicto.
  • Se intenta forzar al monarca a tomar partido, simbólicamente, entre dos bandos.

Al fondo, el autor relaciona esta situación con otros episodios en los que la Casa Real ha sido puesta en entredicho por decisiones que, en realidad, eran dictadas por el propio Gobierno. Esta relación de dependencia constitucional se convierte, de manera paradójica, en un arma arrojadiza contra el Rey.

En esta línea, el texto incluye una reflexión sobre el papel del jefe del Estado y los límites de su intervención política, subrayando que el verdadero problema no es la Corona, sino quienes condicionan su margen de actuación desde la Presidencia del Gobierno.

El sanchismo y el relato de las “dos Españas”

La columna se integra en una tesis que Antonio R. Naranjo ha estado desarrollando: el sanchismo necesita dividir a la sociedad en bloques opuestos para mantener su discurso. En este tablero, la figura del Rey se hace esencial, utilizada como símbolo de una España que se quiere acorralar.

El autor presenta dos perspectivas:

  • Una interpretación democrática de la Monarquía parlamentaria como garante de la continuidad institucional.
  • Una interpretación partidista que posiciona al Rey como obstáculo para un proyecto de poder basado en alianzas con fuerzas que cuestionan la Constitución.

Para ilustrar esa tensión, Naranjo utiliza la idea de una “lucha de bandos” que Sánchez intenta reactivar, recuperando la imagen de las “dos Españas” en un conflicto perpetuo. En este relato, la Monarquía deja de actuar como árbitro para convertirse en un jugador más, marcado por una etiqueta ideológica.

En este contexto, la glosa enfatiza varias ideas contundentes:

  1. El sanchismo genera suspicacias sobre cualquier gesto del Rey.
  2. Se diluye la línea entre crítica legítima y deslegitimación de la institución.
  3. Se crea un clima donde la lealtad institucional parece más una opción de partido que una obligación democrática.

“Él lo presenta como una lucha de bandos, en ese escenario imaginario de las dos Españas en trincheras que tanto hace por resucitar, pero en realidad la dicotomía es más sencilla: a un lado, los demócratas. Y al otro, quienes no lo son, encabezados por el Señor de la Mareta y sus tristes secuaces, entre los cuales el bocazas es un icono.”

La posición imposible del Rey frente a Moncloa

En la parte final, Naranjo dirige su atención a la realidad del Rey ante un Gobierno que combina dependencia formal con hostilidad política. La glosa resalta una tensión que atraviesa todo el texto: ¿cómo ejercer la Jefatura del Estado cuando quien tiene que refrendar tus actos te utiliza como una pieza de desgaste?

El autor lo expresa con una frase extensa y deliberadamente incómoda, la cual sirve como clave de lectura para todo el asunto:

“Al Rey no se le puede exigir que actúe como jefe del presidente del Gobierno, pero tampoco que se contente con ser el ujier de un perdonavidas, y meterle en esa tensión es otra de las características distintivas de la calamidad monclovita: siempre somete a todo a una presión inaceptable, rompiendo las costuras del Estado de derecho con tácticas, decisiones y objetivos que obligan a todo y a todos a decantarse.”

Esta propuesta conecta con la crítica de fondo sobre la forma de gobernar del sanchismo:

  • Se gobierna a golpe de presión sobre las instituciones.
  • Se fuerza a la Corona, a los tribunales y a los medios a tomar posición.
  • Se convierte la neutralidad institucional en sospecha política.

La glosa también recoge, como cierre argumental, la dicotomía que el autor plantea entre demócratas y aquellos que empujan el sistema hacia el límite, incluyendo una referencia directa al enclave veraniego de Pedro Sánchez y a la figura de su ministro más combativo como advertencia para navegantes:

“Él lo presenta como una lucha de bandos, en ese escenario imaginario de las dos Españas en trincheras que tanto hace por resucitar, pero en realidad la dicotomía es más sencilla: a un lado, los demócratas. Y al otro, quienes no lo son, encabezados por el Señor de la Mareta y sus tristes secuaces, entre los cuales el bocazas es un icono. Pero también un aviso para navegantes que un buen marino sabrá entender.”

Curiosidades en clave ligera sobre el “animal político” del artículo

Más allá de la tensión institucional, la columna brinda la oportunidad de explorar algunas curiosidades sobre ese “animal político” que se esboza entre Felipe VI y el sanchismo:

  • La imagen del Rey como “diana” política evoca el lenguaje de las redes sociales, donde cada gesto se viraliza e interpreta como una toma de partido.
  • El apodo de “Señor de la Mareta” para Pedro Sánchez mezcla geografía y poder, ubicando el centro de mando vacacional lejos de la tradicional La Zarzuela.
  • La figura de Óscar Puente como “bocazas icónico” retrata a un líder que no vacila en transformar cada acto institucional en material de combate, incluso cuando el foco es la Jefatura del Estado.
  • La metáfora del “buen marino” que sabe leer los avisos para navegantes introduce una imagen sugerente: quien observe con atención estos enfrentamientos entenderá que no son episodios aislados, sino señales sobre el rumbo político del país.

En este entorno, el Rey Felipe VI se presenta como un animal político que debe moverse con cautela en aguas cada vez más turbulentas, mientras el sanchismo decide si desea convivir con la Monarquía parlamentaria o si prefiere seguir colocando al monarca, día tras día, en el centro de la diana.

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