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La semana política comienza con un texto apasionado en el que Carlos Dávila, periodista, sitúa al presidente del Gobierno en el centro de una grave acusación: la de alta traición a la España constitucional.
Publicada el 31 de agosto de 2026 en The Objective, su columna, titulada Este sujeto llamado Sánchez es un traidor absoluto, presenta un argumento que fusiona derecho constitucional, política internacional y un clima de indignación ciudadana que tiene a Ceuta como centro de atención.
Desde el primer párrafo, el autor se distancia de cualquier atisbo de eufemismo y se sumerge en un campo de acusaciones que, más que retóricas, pretende mostrar como justificadas desde lo jurídico. El relato gira en torno a una tesis contundente: la actuación de Pedro Sánchez en relación a Marruecos y la crisis de Ceuta no solo es políticamente reprobable, sino que podría encuadrarse dentro de los delitos de traición establecidos en la Constitución española.
La acusación de traición y el artículo 102
La columna se centra en el artículo 102 de la Constitución, que regula la responsabilidad penal del presidente del Gobierno y de sus ministros. Dávila alude a la interpretación que han realizado diversos sectores políticos y analistas: la viabilidad de activar este precepto si se determina que ha habido traición o infracciones contra la seguridad del Estado.
El texto constitucional, mencionado recientemente en otros medios, establece que la responsabilidad penal del presidente por traición solo puede ser planteada por una cuarta parte del Congreso y debe ser aprobada por mayoría absoluta de la Cámara. En este contexto, el columnista desarrolla su argumento: la eventual iniciativa parlamentaria no tendría éxito, sostiene, debido al bloqueo que imponerían los aliados del Gobierno. En un pasaje clave, Dávila comenta: «A juicio de numerosos analistas, incluso constitucionalistas, la iniciativa, aunque no llegue a prosperar, retrataría la condición de «traidor» del jefe del Gobierno, una condición que no se aprobaría porque los cómplices de Sánchez, tanto los afines como los añadidos, no la apoyarían».
La columna se inscribe en una tendencia más amplia, presente en otros textos de opinión y en declaraciones políticas, donde se tilda a Sánchez de “traidor” por sus pactos parlamentarios, su vínculo con Marruecos o su gestión de la crisis de Ceuta. Dávila no solo utiliza este término; lo dota de un significado legal y lo relaciona con un posible proceso ante el Tribunal Supremo.
Ceuta, Marruecos y la seguridad del Estado
El núcleo visceral de la columna se desplaza rápidamente hacia el sur. La referencia a la “invasión” de Ceuta y al papel de Marruecos en esta crisis constituyen gran parte de la esencia del texto. Según Dávila, el Gobierno habría incurrido en “dejaciones inexplicables” frente a un país que “no se comporta especialmente como amigo”.
El autor plantea su argumentación en forma de preguntas encadenadas, buscando involucrar al lector en su análisis jurídico-político: «¿Ha traicionado Sánchez a la España Constitucional? Sus inexplicables dejaciones ante un país que no actúa como aliado pueden considerarse contrarias a la Seguridad del Estado? ¿El no frenar la invasión del territorio nacional puede considerarse también como traición? ¿Lo es igualmente el haber firmado bochornosos acuerdos a escondidas con Marruecos sin aclarar los motivos?»
Para aumentar el dramatismo, Dávila recurre a la imagen de las plazas rebosantes de gente en contra del presidente. En uno de los fragmentos más llamativos se puede leer: «Ese jueves, las plazas de toda España se llenarán con gritos de rechazo político hacia un personaje indeseable que está traicionando a Ceuta en favor de Marruecos». Aquí se cruzan tres elementos: la acusación de alta traición, la movilización social y la percepción de una entrega encubierta de soberanía sobre un territorio especialmente delicado.
De la responsabilidad política a la alta traición
El giro del juicio político al reproche penal es uno de los movimientos más osados del artículo. Dávila no solo expresa su desaprobación; imagina un escenario hipotético de un Parlamento diferente, con otra mayoría, que ya habría activado las medidas más severas del sistema constitucional contra Pedro Sánchez.
El periodista lo resume en una declaración que se siente como un veredicto anticipado: «Una mayoría absoluta distinta en el Parlamento ya habría condenado a Sánchez como presidente del Gobierno; habría aplicado las responsabilidades penales del artículo 102. Es más: el sujeto estaría siendo investigado en el Supremo y probablemente imputado por alta traición». En la sutileza de sus palabras, se insinúa que la actual aritmética parlamentaria no solo mantiene al Gobierno a flote, sino que también actúa como un escudo contra cualquier intento de depurar responsabilidades legales.
Dávila añade otro comentario contundente: «En España hay un amplio consenso sobre la naturaleza felona de Sánchez. No hay debate sobre el tema». Más allá de la exageración, esta afirmación se entrelaza con un ambiente mediático y político donde la palabra “traidor” se ha convertido en un término recurrente en múltiples discursos críticos con el Ejecutivo.
La palabra “traidor” y la tradición histórica
La columna dedica un apartado especial a la discusión sobre el uso del término “traidor”. ¿Se trata de un insulto, de una simple descalificación política, o busca convertirse en una categoría moral e incluso legal aplicada al presidente? Dávila adopta una postura decidida.
En uno de los párrafos más destacados menciona: «Llamarle traidor no es un agravio, ni un insulto; es, simplemente, la definición más precisa que corresponde a su miserable comportamiento. Desde Bellido Dolfos no se había visto algo similar». La referencia a Bellido Dolfos, figura asociada a la traición en la tradición castellana, intenta arraigar el reproche en un imaginario histórico que ha perdurado a lo largo del tiempo.
El artículo concluye su parte central con una posdata que introduce otro tono, el de la ironía política. Dávila recuerda una sentencia de Leopoldo Calvo-Sotelo, expresidente del Gobierno: «Los socialistas se caracterizan por afirmar una cosa y la contraria y decir que ambas son verdad». Y termina con una crítica dirigida a Pachi López: «Se adelantó al patético Pachi López». Esta posdata actúa como un nexo entre la crítica hacia la figura de Sánchez y una visión más amplia sobre la cultura política en el seno del PSOE.
Apuntes y curiosidades en torno a la figura del “traidor”
El uso reiterado del término “traidor” en el debate público español reciente presenta algunas curiosidades que giran en torno al texto de Carlos Dávila.
Algunos datos notables:
- En las últimas semanas, se han publicado diversas columnas con títulos como “Sánchez, el traidor” o “Llevar a juicio a Sánchez por traidor”, lo que sugiere cierta coincidencia en el lenguaje utilizado por varios opinadores.
- Referencias históricas como Bellido Dolfos se mezclan con otras más contemporáneas, como la expresión “traidor de Europa” utilizada en debates parlamentarios y recogida en artículos recientes.
- La crisis de Ceuta, las relaciones con Marruecos y la discusión sobre la seguridad del Estado se han convertido en el contexto principal donde surge la acusación de traición contra el Gobierno.
- La frase de Leopoldo Calvo-Sotelo sobre los socialistas, recuperada en la posdata, sirve como guiño histórico a una tradición de crítica interna entre antiguos presidentes y la actual dirección del PSOE.
En medio de acusaciones de felonía, ecos de épocas medievales y referencias constitucionales, la columna de Dávila se alinea con una etapa política en la que la palabra “traición” ha dejado de ser un recurso excepcional y ha pasado a asumir un papel protagónico en la batalla por el relato.
