Antonio Naranjo titula en su columna de hoy: “A la calle por Ceuta… y contra Sánchez”, en El Debate del 2 de septiembre de 2026. Su argumento principal es claro: la respuesta de la ciudadanía debe ser inmediata, notoria y sin dudas ante una crisis que Naranjo percibe como una presión sobre Ceuta y, al mismo tiempo, como un reflejo del estilo político de Pedro Sánchez.
Desde esta premisa, el autor llama a la movilización y a identificarse con la ciudad autónoma, que presenta como una parte indivisible de España. El inicio, que merece una lectura detenida, enfatiza un tono de urgencia y de lucha política: “hoy hay que salir a la calle por Ceuta, y de paso contra Sánchez, que busca transformar una invasión en un drama humanitario para los asaltantes, no para sus víctimas, que son los ceutíes”.
La columna subraya que no se puede optar por la neutralidad cuando lo que está en juego es la seguridad de una ciudad española. Naranjo convierte la protesta en un acto de afirmación nacional y en un mecanismo de protección simbólica para Ceuta. En este contexto, el énfasis no recae en la descripción del incidente, sino en la respuesta que debería suscitar, con una lectura política muy marcada.
El texto también critica la actitud del PSOE, a quien reprocha una creciente desconexión con la ciudadanía. En una de sus afirmaciones más potentes, el autor sostiene: “Que el PSOE haya decidido no participar en las concentraciones revela su irrecuperable distancia de la gente, su sumisión a los caprichos, debilidades y necesidades de su patrón y su desprecio a atender este drama con la autoridad y rapidez que demanda”. La exposición no admite interpretaciones: el reproche es a la vez político, moral y de estrategia.
El lenguaje como primera batalla
En otro de los puntos centrales del artículo, Naranjo afirma que la reacción pública comienza por nombrar con exactitud lo que acontece. Para él, no es suficiente con la gestión; también cuenta el marco verbal que se utiliza para entender la crisis. Por ello recalca que “un acto bélico no se responde agradeciendo al país invasor, y la primera respuesta tiene que ser el uso preciso del lenguaje”. Esta afirmación encapsula una idea recurrente en la columna: el lenguaje no es un mero detalle, sino una herramienta de poder.
Esta crítica conduce a una denuncia más amplia sobre la figura del presidente. El articulista sostiene que a un líder del Ejecutivo se le exige autoridad, claridad y coherencia, pero ve justo lo contrario. Lo expresa de manera despectiva y satírica: “De un presidente se espera que actúe como tal, pero en Sánchez habita una «Barbie Gaza»”. Así, retrata una supuesta superficialidad política, vinculada a gestos que el autor considera vacíos o puramente performativos.
La caricatura política y el choque de relatos
La columna navega entre la indignación y la caricatura. Naranjo pinta a Sánchez como alguien que confunde empatía con impostura, y política exterior con espectáculo. La cita utilizada por el autor intensifica esta crítica con una imagen particularmente incisiva: “la indocumentada que reparte trozos de tarta a los asaltantes y canta «Free Palestine» con la ligereza de quien acumula una misma dosis de sectarismo que de cretinismo”. La dureza del lenguaje define el estilo del artículo, que evita la conciliación y busca un enfrentamiento directo.
Desde este punto, la columna intenta devolver la atención a los habitantes de Ceuta. El mensaje final de esta sección es que la ciudad no debe sentirse aislada ni ser tratada como un problema periférico. El texto insistente en que la reacción social tiene valor por sí misma, porque expresa apoyo y porque evita normalizar una situación que el autor considera inaceptable.
| Eje del texto | Lectura que propone el autor | Efecto buscado |
|---|---|---|
| Ceuta | Ciudad afectada y símbolo nacional | Movilización y respaldo |
| Sánchez | Dirigente al que se atribuye frivolidad | Crítica política directa |
| PSOE | Partido alejado de la ciudadanía | Deslegitimación moral |
| Lenguaje | Herramienta de respuesta política | Reencuadre del conflicto |
Lo que queda en primer plano para el lector
La columna no busca ser un ejercicio de neutralidad. Su fortaleza radica en la toma de partido explícita, en la invitación a salir a la calle y en la idea de que la respuesta debe ser inmediata, visible y sin vergüenza. El texto también sugiere que hay situaciones en las que la política consiste en elegir con claridad de qué lado se está, y que esa decisión tiene un valor cívico por encima del partidismo.
En este ambiente, el artículo convierte la concentración en un acto de afirmación colectiva y en una forma de manifestar que Ceuta no está sola. La frase final que refleja este espíritu recorre toda la pieza: toda España debe sentir como propio lo que allí ocurra, pues lo que sucede en la ciudad no es un asunto lejano, sino una cuestión de pertenencia, dignidad y respuesta pública.
- Entre los elementos que atraviesan la columna destaca una oposición constante entre autoridad y frivolidad.
- También enfatiza que el conflicto no solo se libra en el ámbito político, sino en el relato.
- Y, como telón de fondo, la pieza convierte la protesta en una forma de pertenencia compartida.
Un detalle interesante sobre este tipo de columnas es que operan casi como un altavoz de la urgencia: condensan una indignación compleja en imágenes muy directas y, por lo tanto, dejan una huella inmediata, aunque áspera, en quien las lee.
