Gente que al no poder salir de casa intenta multiplicarse en la red molestando a los demás y proyectando la amargura que le produce su tara
Decía hace un mes, en una divertida entrevista que le hizo Gonzalo Altozano en ‘La Gaceta’, que no le gusta la polémica, pero es imposible imaginar a Salvador Sostres en otro ámbito periódístico que no se el de la polémica.
Fiel a esa esencia que el niega, este 23 de diciembre dedica su columna de ‘El Mundo’ a abrir en a periodistas, políticos, economistas, artistas y gente común que se ha colgado como ‘guacamayo a percha‘ de Twitter y las llamadas redes sociales.
Salvador Sostres no deja títere con cabeza:
«Lo peor de Internet y especialmente de Twitter es que han dado rienda suelta al tarado. Antes los tarados se quedaban en casa porque la rabia del complejo les invalidaba socialmente y eran incapaces de sentirse cómodos en público».
«Internet y Twitter permiten que los tarados salgan de su casa sin tener que salir de ella y que puedan interactuar con los demás sin que se haga obvia su tara. Y al final se nota, claro, porque rezuman resentimiento e incompetencia, y el proceder enfermo de quien no tiene otra vida que la vida de los demás».
«Tendría que ser obligatorio pasar un examen médico general -que incluyera un informe psiquiátrico- para poder participar en Twitter y que todo el mundo estuviera obligado a colgar los resultados en el perfil junto a la foto, que por cierto, tendría que ser auténtica y detallada».
«Mientras esto no suceda, por cada persona sana que te encuentras en Twitter hay una banda de perfiles falsos de gente que al no poder salir de casa intenta multiplicarse en la red molestando a los demás y proyectando la amargura que le produce su tara».
El vitriólico Sostres concluye proponiendo que «una vez consolidado el éxito de Twitter a través de la cantidad, tendría que velar por su calidad y soltar lastre»:
«Ya que si los tarados toman definitivamente el poder, las personas sanas tendrán que buscar otros cauces lejos de la enfermedad y de la comprensible rabia contra el mundo que genera siempre ser un pobre tarado».


