OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

La izquierda suelta a sus lobos contra Gallardón por el aborto y le tilda de «emperador de los úteros»

A los tres días del mensaje de Nochebuena, Carrascal sigue arrodillado ante el Rey

Pedro Narváez, en La Razón, reclama que el debate sobre el aborto se centre en los datos científicos

Cuando he leído las páginas de opinión de El País he creído que el humo del tabaco me estaba velando las letras, hasta que me he dado cuenta de que todavía no había encendido el primer cigarrillo del día. ¡El País de Polanco y Cebrián ha lanzado a dos de sus perros de la guerra más viejos, pero con más mala leche, contra su tapado en el PP, Alberto Ruiz Gallardón! El mismo periódico que en 1996 propuso a Gallardón como alternativa a José María Aznar ahora lo apalea. ¿Qué pasará en la izquierda para que el dogma del aborto supere las estrategias políticas y las expectativas de negocio?

Juan José Millás, que hace unos días confesó que pensar en una mujer leyendo a Dostoievski le «excita mucho, muchísimo, y en todos los sentidos», compara a Ruiz Gallardón con uno de esos monstruos que secuestran a adolescentes y las encierran en sus casas. La lectura es aleccionadora sobre el nivel de los argumentos de la progresía.

Gallardón, el emperador de los úteros. Parece una cosa medieval. La historia de un hombre que sueña con pastorear el órgano reproductor de las hembras. Y que lo consigue. ¿Hay perversión mayor?

Y sin el peligro de acabar en la cárcel como esos monstruos que raptan a las jóvenes y las reducen en sus sótanos a un ganado doméstico; como esos piernas sin educación que las animalizan hasta que las chicas logran asomar una mano por la ventana para escándalo de las sociedades biempensantes, que tanto hacen sin embargo para favorecer la dominación descrita más arriba.

Si la última es para Millás, la página grande opinión en el interior se la queda José María Izquierdo, que también dispara con escupitajos:

Hoy, Ruiz-Gallardón hijo, nos vuelve a las tinieblas en las que él mismo, oscuro concejal y a un paso de la extrema derecha, vivía por aquella época.

Vaya, ¿pero no era Gallardón en los años de Aznar un ejemplo de esa derecha tan maja, simpática y progresista que casi no parecía derecha? Ahora se ha convertido en el vampiro de Düsseldorf.

En el colmo de la paradoja, Izquierdo acusa a Gallardónn y a los demás ministros del Gobierno de ser

Hipócritas, proclaman que así defienden la familia. (…) Vamos a favorecer a la familia con menos sueldos, más impuestos y suprimiendo becas

Y lo escribe uno de los supervivientes de las ERE de PRISA. ¿Es que los despedidos de El País, la SER y Cinco Días no tenían familia?

En La Razón, Pedro Narváez plantea algo muy sensato, tanto que ni Millás ni Izquierdo le harán caso, porque ellos ya tienen su verdad. La ciclogénesis del aborto, se titula su columna.

No encuentro ninguna voz científica de cuya probeta podamos agarrarnos para no volar ante el viento huracanado de los pepepótamos de la izquierda. Pero si hablamos de tema tan delicado, más que de derechos e igualdad, palabras que van quedando huecas como los donuts, deberíamos mirar por el microscopio y atender a los sabios, de los que ahora nadie quiere acordarse

Tres días después del discurso del Rey, otros viejos columnistas siguen de rodillas ante don Juan Carlos como las viejas en misa a las que les cuesta levantarse después de la consagración. El último es José María Carrascal, en ABC:

Da la impresión de que hubiera salido del hospital más maduro y con nuevas fuerzas para continuar la misión que se propuso al subir al trono hace 37 años, que España sea la nación que entonces nos imaginamos los españoles.

Seguramente desde los 83 años recién cumplidos de Carrascal, los 75 del Rey se ven como una madurez plena.

La decadencia de la Transición

Enric González, en El Mundo, rompe con esas reverencias.

Cada vez que el lenguaje oficial invoca los valores de la Transición, los devalúa. Los sepulta bajo una montaña de retórica. Después de los discursos, la vida sigue. No ocurre nada, salvo lo que viene ocurriendo: insatisfacción colectiva y erosión de las instituciones. A ver quién aguanta más, si las palabras o la realidad.

Como ya saben ustedes, La Gaceta cierra definitivamente su edición de papel. Me permito despedirla citando el análisis que anunciaba en su última portada, también sobre el discurso real y escrito por Javier Esparza:

El rey (…) va a legar a su heredero un país roto, con un desafío separatista -el catalán- en vías de ruptura definitiva, con la batalla más importante que ha tenido que librar el Estado -la del terrorismo de ETA- ganada por el chocante procedimiento de poner un confortable sillón al enemigo y con una economía nacional privada de los recursos imprescindibles para organizar su propio destino.

Y nos despedimos con uno de los artículos más hermosos que hemos leído estos días, el de Hermann Tertsch en el que recuerda la foto de un niño austriaco en 1945 feliz con un par de zapatos nuevos que le acababan de regalar y nos dice:

El regalo a un niño. Un gesto de reconciliación con la humanidad.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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