Al expresidente del Gobierno algunas políticas le pasaron factura familiar

La ‘movida’ de Zapatero con su hija Laura, el fastuoso hotel de Rajoy y los enredos borbónicos

El séquito del jefe del Ejecutivo se hospeda a lo grande en Washington

La 'movida' de Zapatero con su hija Laura, el fastuoso hotel de Rajoy y los enredos borbónicos
Laura Rodríguez, la hija mayor del expresidente Zapatero. ZP

Barack Obama, el hombre por el que suspiran los mandatarios españoles. Lo hizo el anterior inquilino de La Moncloa y lo hace el actual, como nos recuerdan Manuel Ortega e Isabel de Dios en la revista de prensa online que hace en ‘El Semanal Digital’.

Fue una visita al líder interplanetario la que sacó a la luz a las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero y este 13 de enero de 2013 El Confidencial Digital daba una noticia sobre una de ellas:

«La hija mayor del entonces presidente del Gobierno, Laura Rodríguez, fue la que más acusó el cambio de rumo de la política socialista, iniciado en 2010».

«Le sentó tan mal lo que aprobó su padre, que dejó de hablarle durante un tiempo. Lo cuentan personas muy próximas a la familia Zapatero», asegura el digital de José Apezarena.

Su sucesor, Mariano Rajoy, acude a la cita de Washington y una cosa parece clara: dormirá de cine.

«Habitaciones de lujo, de 320 a 3.200 euros por noche, vistas a la Casa Blanca, servicio de limusina, ropa de cama italiana… un exquisito hotel-mansión, de estilo renacentista, alojará a la delegación española durante hoy y mañana en Washington. El Gobierno de Mariano Rajoy enarbola el discurso de la austeridad asiduamente, pero la suntuosidad y la opulencia con que ha preparado su visita oficial a Estados Unidos, la primera en dos años, deja en entredicho que vaya a dar ejemplo esta vez. Tanto el jefe del Ejecutivo y su equipo como los grandes empresarios del país se hospedarán en el fastuoso Hay-Adams Hotel, lejos de apostar por otro espacio más modesto y ofrecer una imagen de solidaridad y empatía con la ciudadanía española oprimida por la crisis», informa Segundo Sanz en Voz Populi.

Mientras tanto, las cosas en España siguen algo revueltas con la manifestación del pasado sábado.

«Hay animales capaces de aprender, según descripción de Aldous Huxley, que tildan como pertenecientes a la caverna o al Tea Party a quienes honran la ley. A ver si va a resultar que los del Tea Party son más razonables y respetables que ellos. Estos tipos ponen una etiqueta que les parece fea y no se miran al espejo. Por lo menos, los del Tea Party respetan las leyes de su país», escribe Vicente Torres en Periodista Digital.

José García Domínguez, en Libertad Digital, resalta otro aspecto:

«Una vez descargadas las pistolas, ETA y el PNV resultan indistinguibles en términos sociológicos. Absolutamente indistinguibles. Razón última de que fuese inevitable el cortejo de Urkullu a Bildu. Y es que ya están compitiendo por idéntica clientela en las urnas».

Claro que siempre nos quedarán los Borbones. Unos, los menores, dedicados a sus cosas, como detalla Daniele Grasso en El Confidencial:

«Entre España y Reino Unido hay, desde 2009, al menos 20 parientes de la Casa de Borbón que se reparten 71 cargos en 44 empresas. Desde la caza hasta la administración de fincas, desde sillones en grandes consejos de administración pasando por pequeñas sociedades de inversión personales, los registros mercantiles recogen los nombres y apellidos de eco medieval que identifican a los representantes de la descendencia borbónica».

Y otros, claro, dedicados a las suyas, aunque sean más propias de una Corte de otros siglos, como indica Antonio Martín Beaumont en El Semanal Digital:

«La teoría de la conspiración lleva tiempo circulando entre la prensa y en sobremesas y cócteles de la socialité, pero en las últimas semanas ha multiplicado sus partidarios al calor de los extraños acontecimientos (…) En todo ello no ayuda precisamente la actitud de Doña Letizia, que últimamente se permite hasta criticar a su suegro en algún que otro acto público. Que se ande con ojo la mujer del heredero, porque hace unas semanas una amiga íntima del Rey -sin identificar, todo sea dicho- la acusaba en Vanity Fair de estar a la cabeza de esas intrigas palaciegas para jubilarle».

 

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