Actores, intelectuales o políticos reciben avalanchas de insultos por criticar a Pablo Iglesias

Los secretos de la jauría tuitera montada por Podemos para atacar a sus críticos en las redes sociales

Los dirigentes de la casta podemita acuden a las televisiones escoltados por asistentes que tuitean en directo sus mensajes

Los secretos de la jauría tuitera montada por Podemos para atacar a sus críticos en las redes sociales

Cuenta I.I. Caro en ‘ABC‘, este 3 de febrero de 2015, que el pasado sábado, a la vuelta de publicidad en el programa La Sexta Noche, la diputada del PP Arenales Serrano tuvo que rogar en directo que le dejaran de enviar a su cuenta de twiter improperios en los que, entre otros, se le deseaba que sufra un accidente de tráfico.

Minutos antes, la parlamentaria había mantenido con el secretario de Participación Interna de Podemos, Luis Alegre, un rifirrafe sin mayor alcance.

«Siempre que voy a un plató y hay un representante de Podemos sucede lo mismo», narra la política, que recuerda que los líderes del partido acuden siempre a las televisiones escoltados por «un séquito» bien provisto de ordenadores. Desde ellos, sin salir de una habitación, movilizan las redes sociales y, a menudo, las incendian.

La entrevista de Pablo Iglesias en diciembre en 2uHoras de TVE es buen ejemplo: fue trending topic mundial y su conductor, el periodista Sergio Martín, objeto de una cascada de descalificaciones por un desafortunado comentario, que Podemos se ocupó instantáneamente de amplificar.

«INCREÍBLE: El presentador de TVE dice a Pablo Iglesias «hoy han salido varios etarras de las cárceles, estarás de enhorabuena»».

Tras insertar ese comentario en el microblog oficial, la estampida tuitera estaba servida.

La ola contra el comunicador acabó poniendo sobre la mesa su destitución. «No se trata tanto de que Podemos orqueste una respuesta contra quienes les critican como que sus reacciones hacen reaccionar a los demás, como una bola de nieve», explica Manuel Moreno, experto en redes sociales y autor de «El gran libro del community manager».

Destaca Moreno que el perfil de los seguidores de la formación de Iglesias es de personas «mas combativas», y si un asunto referido a Podemos les inquieta o les preocupa, lo comparten de forma espontánea.

«La onda expansiva que puede generar un opinión de Podemos o sobre Podemos no es distinta de la que hay cuando un famoso mete la pata».

La anécdota de David Bisbal defendiendo vía twitter el turismo en las pirámides en plena Primavera Árabe es un paradigma.

El análisis de la catedrática de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid Edurne Uriarte es otro. Enfatiza la necesidad de zanjar primero que Podemos es «un grupo de extrema izquierda» de «inspiración bolivariana» que, por tanto, «tiene enormes problemas de tolerancia y respeto a la libertad de expresión».

«Utilizan técnicas de acoso a periodistas o intelectuales que les critican», explica la politóloga, que narra que presencias como la suya en medios percibidos en el espectro sociológico de la izquierda van precedidas de «campañas en Twitter con todo tipo de insultos» (Podemos decreta una ‘fatwa’ para perseguir a Alfonso Rojo, Martín Beaumont y otros periodistas).

«Pretenden no solo amedrentarnos, sino transmitir al medio que nos acoge el mensaje de que habrá una ola popular en contra», expone Edurne Uriarte.

«Son totalmente proclives a la intolerancia contra el adversario» (Luis Alegre se quita la careta y exige a Ana Rosa la purga de Alfonso Rojo y Eduardo Inda).

Uno de los últimos en probar la ira exprés que sobreviene a los que no están de acuerdo con Podemos ha sido el actor gallego Moncho Borrajo. En su cuenta, los mismos que se declaran alérgicos a la casta le tildan sin parar de «maricón» y «facha» (Moncho Borrajo critica a Pablo Iglesias y los ‘podemitas’ los ponen a caldo en Twitter).

En paralelo a la potencia abrumadora del partido de Pablo Iglesias en las redes y a la presión sobre quienes se atreven a rechistarles ha surgido un hashtag, #no podemos, desde el que este 2 de febrero de 2015 se les acusaba de estar inculcando «el miedo como forma de política».

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