La heredera tapada de Grace Kelly

Súper a favor de Camille Gottlieb. Fan total de la hija pequeña de Estefanía de Mónaco, a la que hemos visto con su madre animando a Pauline en sus saltos de trampolín. Los saltos son uno de esos deportes que tanto gustan a Alberto de Mónaco. Por un lado, está el bobsleigh, tan propio del principado como de Jamaica. Y por otro, los saltos que practicaba su amigo Greg Louganis. Pero iba a la adorable Camille, que es la única Kelly de las Grimaldi. La única que se parece a su abuela Grace. Es verdad que como está un poco tocineta, de momento, se da más un aire a Lizanne Kelly, la hermana de la fallecida princesa, pero los niños espigan. Y no es que piense que lo pase mal por eso. O sea, no en el sentido en el que lo decía Lorena de «Aída»: «Me voy a mi cuarto a escuchar baladas de Andy y Lucas, que ellos sí saben lo que es sufrir, sobre todo el gordo». Y cualquiera puede ser delgado pero no cualquiera puede ser guapo. La niña es una monada y todavía me gusta más oponiéndola a los primos maniquíes por parte de madre, que en lugar de álbumes tienen que tener «books» familiares. Bueno, Andrea, Carlota y Pierre. Alexandra, no. Además, que hay niños que engañan y, zas, te pegan el cambiazo. Mira a Alonsito Aznar. O al hijo de María Jiménez y Pepe Sancho. Aunque esto lo digo inducida por mis amigas, y porque se me puede estar escapando algo. Es que yo los veo igual pero con derecho a voto.

Súper a favor de envenenar a Gabriela Spanic. Con el tiempo que me ha hecho perder a mí esa mujer. Viendo sus telenovelas, claro. Sobre todo, «La usurpadora» y «Prisionera», que me río yo de esos que se acordaron de la madre de Damon Lindelof en su twitter cuando acabó «Perdidos». Esos que le pedían que les devolviera seis años de su vida. Nano, que diría Rafa Mora, si no te das cuenta de que estás perdiendo el tiempo mientras ves la tele, eres más tonto que pellizcar cristales. A veces creo que no todo el mundo está capacitado para ver la televisión, igual que no todo el mundo puede llevar aviones o pantalones de campana. A la actriz venezolana la ha estado envenenando su asistente, Marcia Celeste, con sulfuro de amonio. Y con el nombre, no te digo. Tu nombre envenena mis sueños, como la película de Pilar Miró. Pero, vaya, una cosa es envenenar a Gaby y otra envenenar a toda su familia, que tampoco es eso, que su madre y su hijo no tienen culpa. Es broma, sí, pero es que me he envalentonado en el mal con ese cura de Lille que reza para que Sarkozy tenga una crisis cardiaca que le impida echar a los gitanos rumanos de Francia.

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