Trapiello cree que «la inteligencia de nuestro país arrojó a las librerías de viejos obras de Baroja, Machado o Azorín»

El escritor leonés Andrés Trapiello cree que la «inteligencia de nuestro país, con buena parte del profesorado, crítica y academia, así como de escritores y poetas, arrojó las obras de los Machado, Azorín, Baroja, Unamuno o Galdós, entre otros, a las librerías de viejos», según ha afirmado en el transcurso del pregón inaugural de la XXXIII edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla, que se inaugura este viernes y finaliza el próximo 8 de diciembre.

El autor de ‘Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939)’, que ha tomado el testigo de José Manuel Caballero Bonald, pregonero en 2009, ha señalado que durante muchos años buscaba en las librerías de viejos «obras que el tiempo había orillado de manera explicable, injusta y caprichosa». En este sentido, ha indicado que «no eran autores y libros del pasado remoto, góticos o incunables, ni siquera se trataban de autores menores o de segunda fila, entendiendo por tales a Fernando Fortún, Cansinos Assens, Azaña, Noel o Solana, incluso se podían hallar las obras de los citados anteriormente». «Escritores tan grandes como los del Siglo de Oro», ha manifestado.

Trapiello, Premio Nadal con ‘Los amigos del crimen perfecto’, ha expresado que «lo más luminoso de una época únicamente era posible encontrarlo bajo una capa de polvo». Las razones, según el escritor leonés, son «menos compleja» de lo que la gente piensa, «la inteligencia de nuestro país hacía tiempo que habían dado en pensar que todo lo español era sospechoso, si no abiertamente franquista», esto es, «como si los escritores, exceptuando a los exiliados, hubieran sido responsables directos de un atraso literario en que se tenía a Unamuno por casticista español, pero no a Joyce por uno irlandés», ha precisado.

El escritor, que ha confesado que fijó en Sevilla la idea de que «los libros viejos sin vida no son nada», ha añadido que «en tres o cuatro décadas la literatura española fue arrojada a las librerías de viejos como se abandonaba las pobres bestias en los pudrideros que se recogían en ‘La España negra'».

Por otro lado, Trapiello, que ha reconocido que los libros viejos forman parte de su vida, ha señalado que los buscan en las librerías de viejos, aquellas «covachas angostas, destartaladas, congestionadas y en un desorden doloroso y acumulativo», buscan «además de libros, otras cosas». Aunque reconoce que hoy día en las librerías de nuevo «encontramos más y mejor literatura y más y mejor poesía que en la mayor partes de las de viejo», reconoce que los que buscan en ellas «profesan tal amor que no podrían prescindir de ellas, como tampoco podría un vagabundo prescindir de su sombra o de su perro sin raza».

Trapiello, que no ha querido hacer «un alarde de pescadores» contando todos los libros de viejos que ha comprado en su vida, ha apuntado que en los libros arrojados a las librerías de viejos halla «la razón poética y literaria que la literatura de nuestro tiempo se obstinaba en hurtanos y los sueños puros en un mañana mejor que ya era el nuestro».

«ESNOBISMO»

Más que bibliófilo, prefiere que le llamen «bibliópata», ha aclarado, resaltando que hoy día «huronear libros viejos se ha convertido en un esnobismo más», pues ya aquellas ediciones arrojadas a las estanterías se pueden encontrar en las librerías de nuevos. En este sentido, opina que éste hecho es «desconcertante», pues los mismos que entonces despreciaban a quienes citaban a esos escritores o a Sánchez Maza, Foxá, Chaves Nogales o Juan Ramón Jiménez, son los que hoy «presumen de ellos».

Trapiello se ha planteado por qué vuelve a las librerías de viejos, quizá para encontrar «el arcano que habla de nosotros como ni nosotros somos capaces de hacerlo, con voz apagada, sin retórica, tal y como se presentan los libros, viejos y gastados», ha expresado.

Consciente de que la llegada de Internet cambiarán las librerías de viejos, el escritor considera que cuando sea el momento «habrá que buscar un lugar donde los libros sean algo más que una ficha parpadeante junto a otros, tal como aparecen en los portátiles».

Por último, ha manifestado que «la semilla que lleva dentro un libro viejo se pregona sola, pero hay que saber descubrirla», una tarea que, «únicamente», puede llevarse a cabo «en silencio y en soledad, formando parte del viejo oficio de los ‘happy few'».,

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