Escaño Cero.- Lo mismo y lo contrario.

MADRID, 10 (OTR/PRESS)

El problema del presidente Zapatero y de su Gobierno es la credibilidad. Por decirlo claramente, cada vez les queda menos credibilidad, y la causa es esa política de paso adelante y paso atrás que desconcierta hasta al más benévolo de los ciudadanos. Aprovechando la visita de la canciller alemana Angela Merkel, desde nuestro Gobierno se aseguró con gran pompa que no se iba a permitir a las comunidades autónomas endeudarse ni en un euro más. El anuncio fue bien acogido en vista de que son los organismos internacionales quienes más insisten en la contención del gasto en nuestro país.

Unos días más tarde, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, visita en la Moncloa al presidente Zapatero, y sale con un as en la manga: el Gobierno permitirá a Cataluña emitir deuda. Más allá del comprensible enfado del resto de los gobiernos autonómicos por aquello del agravio comparativo, el problema de fondo, el problema de verdad, es que el Gobierno Zapatero vuelve a aparecer como un Gobierno poco fiable, porque donde dice digo luego dice Diego. Es decir, tenemos un Gobierno que no parece tener una política decidida y clara, un plan que seguir, un criterio. Y eso desconcierta y despierta la desconfianza de los mercados, de los organismos internacionales y, desde luego, de los ciudadanos.

Por si fuera poco, el Gobierno, después de haber asegurado que no iba a permitir que se ampliara el endeudamiento de comunidades como Castilla-La Mancha y Murcia, ahora, ante la protestas de estas, dice que sí, que sí. Y puestos a desdecirse explican que es que con determinadas condiciones las comunidades sí pueden endeudarse, que no es que hayan cambiado de opinión. O sea, el caos.

No es extraño que las encuestas reflejen el hartazgo y la falta de confianza de los ciudadanos respecto a Zapatero con el que es difícil saber a qué atenerse. Son bandazos como este de la deuda de las comunidades autónomas lo que al presidente Zapatero le ha ido minando la credibilidad. Ahora, por más que la vicepresidenta Salgado y el resto del Gobierno, e incluso él mismo, expliquen que donde habían dicho «no» era que «posiblemente», sólo contribuirá a aumentar la ceremonia de la confusión en que se ha convertido la política gubernamental.

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