Siguen tan «indignados» y «cabreados» como hace tres semanas, cuando, junto a decenas de miles de personas, se manifestaron para denunciar la perversión del concepto de democracia por parte de «los poderes económicos y políticos». No se resignaron a que su protesta fuera un acto único y decidieron acampar en las plazas de sus ciudades para exigir «cambios urgentes» en un sistema que ni les gusta, ni les representa …
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