Silvio Berlusconi lleva dos días en silencio, mudo. Tras la inoportuna entrevista que puso al borde de la dimisión a su ministro de Economía, Giulio Tremonti, y el viernes negro en la Bolsa de Milán y los mercados de deuda, el primer ministro ha evitado comentar durante el fin de semana la penúltima mala noticia: la sentencia que condenó a Fininvest, su empresa madre, a indemnizar con 560 millones de euros a CIR, la compañía de su competidor histórico, Carlo de Benedetti …
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