La inaudita parálisis de la policia noruega.

MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Los medios se están centrando ahora en la ideología del monstruo y sus desvaríos. Creo que debemos ser conscientes de que tales individuos y grupos existen en Europa. Pero lo inaudito de esta tragedia es que este trastornado asesino haya logrado culminar su matanza. Y pareciera que no se quiere poner el énfasis en algo que resulta de una estremecedora evidencia. La parálisis, la ineptitud, la inoperancia e ineptitud de la policía noruega y del conjunto de sus sistemas de seguridad. La falta de antecedente puede excusar la colación del coche bomba pero ¿Cómo puede entenderse en la civilización de las comunicaciones inmediatas que un asesino campara a sus anchas durante una ¡hora y media! sin que la policía interviniera! Porque es claro que hubo de tenerse noticia al instante -los móviles existen- y de hecho hubo ribereños que acudieron con sus lanchas y salvaron a algunos jóvenes que se habían lanzado al agua.

Pero ¿Por qué la policía ni puso un mínimo control en aquella concentración de jóvenes laboristas, ni tras el atentado en Oslo se preocupó de una mínima seguridad pero, sobre todo, y esto resulta clamoroso, por qué no reaccionó ante el tiroteo en la isla? No es explicable ni asumible su incapacidad de respuesta, su parálisis, la de sus mandos y la de sus responsables ministeriales?.

No hay más culpable que el terrorista asesino de las muertes de esos muchachos, muchos casi niños, pero no queda más remedio que mirar también al lugar y a quienes podían haber hecho algo más por evitarlo. Y a nadie se le escapa que existe una tremenda responsabilidad en esa increíble tardanza. El monstruo pudo ensañarse durante noventa eternos minutos persiguiendo a sus víctimas a su total antojo mientras que quienes debían defender la vida de sus conciudadanos se demoraban en acudir en una reacción tan torpe, lenta y parsimoniosa que sin duda ha amplificado la brutal tragedia y que nadie parece querer explicar. Pero habrá de hacerse y de asumirse la responsabilidad por parte de quienes actuaron con tan trágica negligencia. Porque el asesino es el terrorista pero ¿dónde estaba quienes debían defender a sus indefensas victimas de su furor?. ¿Cómo es posible que no actuaran de inmediato y permitieran que pudiera proseguir su vesánica cacería sin que hicieran ni siquiera acto de presencia?. Cuando al fin llegaron el criminal se les entregó si oponer resistencia. Quizas es que ya se le había agotado la munición.

El mundo está impactado y el pueblo noruego conmocionado en lo más profundo. La solidaridad con ellos y con esos jóvenes laboristas va por delante de todo. Pero la exigencia de responsabilidades a quienes tienen en sus manos la seguridad de todos y han fallado de manera tan lamentable también hay que comenzar a exigirla. Y me parece más importante desbrozar esto que la diarrea ideológica del asesino.

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