Faltan radares para anticiparse al suicidio

Andrés cerró los ojos y arriesgó su vida. Cuando puso un pie en la calle pensó lo que todavía piensa: «La vida no es gran cosa». Atravesó la acera con más miedo a la vida que a la muerte. Esa noche, algo lo salvó. «Cuando abrí los ojos todos los coches se habían detenido y yo seguía vivo».

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