«Marco murió feliz»

En el aire, el olor a gasolina, el fragor de un aplauso que no se apaga y el zumbido de las motos que aprietan el acelerador. La marcha del sepelio avanza despacio tras el ataúd, cubierto de flores blancas. El pueblo de Coriano (Rimini, centro de Italia) despide a Marco Simoncelli arropándole con lo que más quiso en la vida …

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