Sus padres trabajaban mucho pero no les alcanzaba apenas para nada

Las amargas miserias de la reina Letizia que nunca se han contado: ¡plato de acelgas para desayunar!

El hecho de haber pasado ciertas estrecheces fue algo que dio alas para superarse a nivel profesional

Las amargas miserias de la reina Letizia que nunca se han contado: ¡plato de acelgas para desayunar!
La Reina Letizia. RS/PD

En todos sitios cuecen habas, aunque a veces se cambien por acelgas a todas horas. Y todos tenemos un pasado que, guste o no, marca nuestra vida y las actitudes que tomamos ante ella. (La relación entre la reina Letizia y el trepa de Pedro Sánchez que muchos censurarán).

La vida de la reina Letizia no siempre ha estado marcada por el glamour de las cámaras de TV o de palacio, y ‘Cotilleo.es‘ nos revela ahora algunos detalles de su juventud en familia que quizá desconoce mucha gente: ( La comparación entre Irene Montero y la reina Letizia que hace el descarado Peñafiel)

 «Chus y Paloma nunca fueron sobrados de dinero. Más bien al revés. Yo recuerdo visitarlos los inviernos en su casa de Madrid y  que me recibieran las tres hermanas (Letizia, Telma, Erika) con sus batas gruesas, y debajo pesados pijamas y camisetas, y calcetines por encima de los pantalones, y las narices y los labios azules de frío»,

explicó el primo de la Reina Letizia, David Rocasolano, en su libro ‘Adiós, Princesa’. (Los 10 alimentos que la reina Letizia siempre incluye en su dieta para mantener el tipo).

El hecho de haber pasado ciertas estrecheces fue algo que dio alas a doña Letizia para superarse a nivel profesional. Si algo tenía claro era que deseaba un nivel de vida donde tuviera garantizado, al menos, lo básico. Consiguió viajar a México para realizar el Doctorado gracias a una beca. Posteriormente, a su regreso a Madrid, entraría en CNN y, más tarde, cumpliría su gran sueño de llegar a TVE. (Los vergonzosos documentos secretos sobre Letizia que Casa Real no quiere que veas).

La infancia y adolescencia de Letizia Ortiz pueden clasificarse como precarias. En su casa no había lujos. Apenas llegaban a final de mes. Jesús Ortiz trabajaba como periodista en una radio de Oviedo y Paloma Rocasolano ejercía de enfermera. Según el primo de la Reina, en el hogar de sus tíos «se desayunaba, se comía y se cenaba un plato de acelgas al día».

Para Telma, Erika y Letizia era una fiesta ir a casa de su primo:

«Cuando mis primas venían a mi casa, encontraban cosas que ellas no se podían permitir. Me vaciaban la nevera de yogures y refrescos. Mis padres se habían trasladado a Luxemburgo por cuestiones laborales y yo, que con 17 años vivía solo en el pequeño chalé de la calle los Naranjos, comparado con ellas, era el rico de la familia. O sea, el que se podía comprar unos yogures».

Mucho se ha escrito y hablado además sobre la armonía familiar de los Rocasolano. La mecha casi siempre prendía en Navidad. Y la encargada de encenderla era la abuela Enriqueta, a quien muchos medios elogiaron al fallecer como modelo de discreción. Algunos miembros de su familia se rieron mucho al leer ese tipo de titulares porque poco o nada tenía que ver con la discreción. Le encantaba meter cizaña y sacar a la gente de sus casillas.

Enriqueta era la única que se atrevía a plantarle cara al padre de doña Letizia. Al parecer, a Jesús Ortiz le gustaban muchos las mujeres y, en cierta ocasión, alguien le vio con una chica en un hotel de Córdoba y se lo contó a la abuela Enriqueta, que le faltó tiempo para echárselo en cara en cuanto lo tuvo a su alcance.

Así definió al padre de doña Letizia su sobrino:

«Su actitud con las mujeres siempre ha sido bastante suelta. Cuando nos visitaba en casa, acostumbraba a traerle flores a mi madre, su cuñada, y jugaba a ser un don Juan besándole el cuello como saludo. A mí, aquella actitud de Chus con mi madre me erizaba bastante, y supongo que a mi padre también».

Maria Luisa Funes, autora de ‘Estilo Letizia’. 21-11-2014

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