En su artículo de opinión, la comunicadora alega que hasta las caceroladas son de izquierdas

Elisa Beni tilda de «fake revolucionarios» a quienes protestan contra Sánchez y les acusa de ‘expropiar’ métodos de izquierda

La periodista ataca a los españoles que exigen la dimisión de un Gobierno que destaca por su nefasta gestión ante la crisis del coronavirus

Elisa Beni tilda de "fake revolucionarios" a quienes protestan contra Sánchez y les acusa de ‘expropiar’ métodos de izquierda
Elisa Beni. PD

Elisa Beni se siente ‘expropiada’.

Beni, natural de Logroño, 55 años, ex alumna del Opus Dei en la Universidad de Navarra, casada durante 11 años con un oficial de la Legión, ex del juez Gómez Bermúdez y cuya carrera periodística se fraguó en medios tan de derechas como El Faro de Ceuta, La Voz de Almería, La Razón o la revista Epoca, fundada por el falangista Jaime Campmany, se ha metamorfoseado casi más que Lucía Méndez, la periodista de ‘El Mundo’ que tan buenos servicios prestó a Ana Botella en la Moncloa, cuando el presidente del Gobierno era José María Aznar y su jefe Miguel Angel Rodríguez.

Lleva tan mal su pasado la periodista, que no hay charco izquierdista, independentista o antisistema en el que no chapotee.

A veces sola y a menudo en compañía de personajes como Gonzalo Boyé, condenado por secuestro con ETA y abogado del golpista Puigdemont.

Lo último de Elisa Beni es su ‘santa indignación’ contra los ciudadanos que salen con banderas españolas a protestar contra la nefasta gestión sanitaria del Gobierno de Pedro Sánchez.

Al parecer, le molesta más que los vecinos hagan caceroladas y ‘ocupen’ espacios que a su entender son de la izquierda, que los garrafales errores del PSOE y Podemos que solo han favorecido a la propagación del COVID-19 y empeorar su impacto sanitario.

En su artículo de opinión ‘La revolución fake’, publicado en elDiario.es, Beni tilda a todo quien se oponga a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de ser un “revolucionario fake”.

Incluso, se enfada porque los españoles que alzan la voz contra un Gobierno abarrotado de errores y sinsentidos han expropiado a los métodos de la izquierda.

“En redes sociales se ha extendido un llamamiento a apropiarse de los conceptos, símbolos e iconos de la izquierda”.

Según Beni, los vecinos han hecho suyos símbolos como el triangulo rojo invertido o la canción ‘Bella Ciao’, pero también las caceroladas que “se remontan a las revoluciones liberales de 1830 contra el poder absolutista”.

“Las caceroladas se las robaron a Podemos, que tuvo la malísima idea de mezclar una protesta de este tenor contra el Rey con los aplausos espontáneos a los sanitarios, en lo peor de la pandemia”, denuncia la periodista de izquierdas.

Curiosamente, en su ‘análisis’ no hace mención de las ‘contra protestas’ violentas que, desde la izquierda, ahora se están alentando para intimidar a los vecinos que, durante días, salieron pacíficamente a expresar su descontento.

Tampoco acusa de ‘revolucionarios fake’ a quienes durante años promovieron escraches y sabotajes violentos, pero que ahora se esconden detrás de las patrullas de la Guardia Civil o se ‘rasgan las vestiduras’ por una veintena de vecinos tocando las cacerolas en la puerta de su vivienda.

Los ‘Che’ Guevaras aburguesados, esos que sus padres juegan al golf o ganan millones, no son ‘fake’ para Beni. Al contrario, son la versión en pequeño de dictadores como Hugo Chávez o Fidel Castro, que se vendían como ‘clase obrera’, mientras ostentaban lujos y seguían empobreciendo la libertad y la economía de sus países.

Quizá, por esto, recree el paranoico discurso bolivariano de intentos de golpe de Estado y las conspiraciones. “En tiempos de la crisis financiera se decía que lo único que Rajoy temía era perder el control de la calle. No sé si habrán pensado que provocando van a conseguirlo. No va a pasar”, afirmó en su artículo de opinión.

La ‘trampa’ de Beni

En un intento de provocación, Beni afirma.

“Son revolucionarios fake, alborotadores de chichinabo, porque protestan, nos dicen, contra un confinamiento que les roba su libertad pero lo hacen respetando las franjas horarias impuestas y con las mascarillas requeridas para evitar los contagios. Ya ven ustedes con los de la guerrilla”.

Una forma de intentar promover que las protestas violen el estado de alarma y, por ende, se pueda justificar una intervención policial que silencie a los manifestantes. Asimismo, la excusa perfecta para tildarles de extremistas o irresponsables. Eso sí, siempre callando que el Gobierno conocía el impacto de celebrar el 8-M y aún así mandó a miles de mujeres y hombres a contagiarse.

Finalmente, la periodista indica que “su revolución es una revolución fake, una pataleta de perdedores”.

Un argumento prepotente similar al quien afirmaba que “Águila no caza mosca”, pero que no explica una sola duda: Si las manifestaciones son un fracaso, ¿por qué la izquierda manda a sus ‘barra brava’ a silenciarlos con la violencia o se esconden tras la Guardia Civil?

Los socialistas y comunistas saben muy que los vecinos que salen a protestar solo exigen transparencia y que se asuma la responsabilidad por la nefasta gestión sanitaria del PSOE y Podemos. Sin embargo, ahora están conociendo lo que advirtió Vladimir Lenin: La verdad es siempre revolucionaria”.

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Autor

José Antonio Puglisi

Periodista italovenezolano especializado en economía y periodismo de investigación.

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