LOA SEGUNDA DOSIS

«Los obispos y el presidente de la CEOE en el pesebre de Sánchez»

Habemus presidentam…

Probablemente no se diga así en latín, pero el caso es que ya tenemos presidenta en la Comunidad de Madrid.

No podía haber sorpresas y no las ha habido.

Isabel Díaz Ayuso, madrileña, 42 años, licenciada en Periodismo y soltera con compromiso, ha sido reelegida.

Tendrá un Gobierno de sólo 9 consejeros, donde a diferencia del anterior –donde había representantes de Ciudadanos– todos son del PP.

Y se apoyará para legislar en VOX, que este 18 de junio de 2021, le ha dado sus votos para que tuviera una amplia mayoría absoluta de 77 escaños.

Por cierto, que Rocío Monasterio, la líder de VOX en la Asamblea, ha sido una de las protagonistas de la jornada.

Ayuso ha sido atacada en tromba por toda la izquierda y que ella, fiel a su estilo, ha repartido estopa hasta hartarse.

A la errejonista Mónica García, también conocida como la pistolera de Más Madrid, le ha dicho:

«Su comunismo pijo no me va a decir cómo tratar mejor a los ciudadanos».

A la socialista Hana Jalloul, sustituta del dolorido Gabilondo como portavoz del PSOE, le ha soltado:

«Lo que empieza hoy es el fin del sanchismo en España, algo que el partido fracasado obrero español no asume».

Por cierto, que Ayuso ha defendido a VOX de las descalificaciones combinadas de los grupos de izquierda, subrayando que no considera a los de Santiago Abascal un partido de «extrema» derecha y que ellos gobiernan con los proetarras:

«Bildu es el brazo político de ETA, gente que ha matado y que nada tiene que ver con VOX».

Eso en Madrid, capital de España y epicentro de la resistencia al socialcomunismo.

En otras latitudes y en concreto en Barcelona, donde ha estado Pedro Sánchez repartiendo cromos, también ha habido movida, aunque de otra naturaleza.

Hay pocas expresiones tan españolas como esa de “con la iglesia hemos topado”.

Viene de un pasaje de Don Quijote de la Mancha y se usa para expresar lo problemas que genera el que obispos, curas y por extensión, cualquier autoridad ‘incompetente’, se inmiscuyan en la política y otros asuntos relevantes de nuestras vidas.

Con la Iglesia topamos los españoles en el País Vasco, cuando monseñor Setién, afortunadamente ya en el infierno, y muchos de su cuerda, apoyaban el crimen, la extorsión y el espanto de los asesinos de ETA.

Y con la Iglesia estamos topando en Cataluña desde hace muchos meses, unas veces en forma de disquisiciones lunáticas de una monja, otras con un párroco colgando banderas separatistas del campanario y casi siempre con las declaraciones xenófobas de algún prelado.

Lo último del clero catalán es que sus obispos, encabezados por el cardenal Juan José Omella, que es de Teruel, pero parece abducido por los curas trabucaires, se han pronunciado a favor de los indultos a los golpistas, que Sánchez hará aprobar al Consejo de Ministros este martes, 22 de junio de 2021.

Como buenos curas que son, en su nota no usan la palabra ‘indulto’, pero no hay duda alguna de los obispos catalanes toman partido en favor de los golpistas y de Sánchez.

Y lo han hecho, en esta ocasión al alimón con el presidente de la patronal, aunque Antonio Garamendi lo niegue y diga ahora que han sacado de contexto sus palabras

Viene dinero a espuertas de Europa, lo va a repartir Sánchez y el líder del PSOE ha convertido los indultos a los golpistas catalanes en una especie de mercado persa para la compra de voluntades.

El apoyo de la alta empresa y la banca lo tiene La Moncloa bien amarrado desde que se aseguró el control absoluto –y discrecional, que es lo importante– del sistema de reparto; mientras pueda adjudicar a su criterio los fondos, los aspirantes a beneficiarios van a hacer cola para comerle al presidente socialista en la mano, como escribe Ignacio Camacho este 18 de junio de 2021, en ABC.

Sin ese enfoque, es imposible entender que el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, se mostrase este 17 de junio, partidario de la ignominia «para que las cosas se normalicen».

Si Garamendi no fuera presidente de la CEOE, su opinión sobre los indultos sería irrelevante, pero es el presidente de una organización que agrupa a más de dos millones de empresas de toda España, donde hay gente de todos los colores y sensibilidades, que no debe, en ningún caso, verse metida en esa ciénaga por el hecho de que a su máximo responsable le interese agradar a Sánchez.

Habría que preguntarle a Garamendi qué entiende por normalización y, ya puestos, si considera normal que el presidente de la CEOE se preste -no se sabe a cambio de qué- a dar un balón de oxígeno al Gobierno socialcomunista.

Lo de jeques del Ibex 35, los millonarios de los grupos mediáticos y la falta de principios es para reflexionar.

 

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