La humillación no cesa.
Pedro Sánchez sabe que su permanencia en La Moncloa depende de los independentistas vascos y catalanes. Y está dispuesto a todo con tal de seguir en el poder y, de paso, evitar cualquier posible implicación en los procesos judiciales que investigan a su Ejecutivo, su partido y su círculo íntimo.
El enésimo ejemplo ha sido el patético encuentro que ha tenido el presidente del Parlament, Salvador Illa, con el prófugo de la Justicia, Carles Puigdemont, para tratar no se sabe exactamente qué.
Y es que el líder del PSOE catalán se ha limitado a decir que “el diálogo es el motor de la democracia” sin explicar los asuntos que trataron. ¿Fue como presidente catalán o como emisario de Sánchez, tomando el papel de Santos Cerdán? ¿Qué promesas hizo al líder de Junts?
En realidad, da igual. Porque Sánchez está dispuesto no solo a entregar más competencias, como la Hacienda catalana; o dinero, como el cupo catalán; sino también a aceptar atropellos constitucionales, como la amnistía y, por supuesto, el referéndum.
Pese a que lo disfracen de “normalidad democrática” y afirmen falazmente que son elementos necesarios para “la paz y convivencia en Cataluña”, lo cierto es que la gobernabilidad de todo el país depende exclusivamente de quienes quieren romper la nación.
No se puede ni normalizar reunirse con prófugos de la Justicia ni con terroristas que no se han arrepentido de sus delitos. Y menos todavía con aquellos que tienen como fin último la destrucción de España.
Este y otros asuntos son tratados por Alfonso Rojo en el ‘24×7’ de este miércoles, 3 de septiembre, junto al empresario Mariano Calabuig.