El Zapatero más pesimista.

MADRID, 19 (OTR/PRESS)

No es improbable que, oyéndose, o después de comprobar el efecto de sus palabras en los medios informativos, el propio Rodríguez Zapatero se dijera algo que muchos otros ciudadanos llegaron a concluir al mediodía de este jueves: «Este no es el Zapatero que conocíamos, el optimista antropológico y fundamental, obstinado y tenaz, por encima de cualquier dificultad». En realidad, los asistentes al pleno del Congreso, y quienes seguimos la sesión, no podíamos imaginar tal grado de pesimismo, o de realismo, en el jefe del Gobierno que, hasta la fecha, había mantenido la esperanza de que la crisis terminara de resolverse en breve plazo. Ahora no: esta vez todo fueron cautelas, advertencias, desconfianzas. Más de un analista, y no pocos ciudadanos corrientes, se está preguntando todavía ¿Dónde está aquel Zapatero que defendía, hace unos meses, que «no estamos tan mal? ¿Dónde ha quedado el presidente del Gobierno que hacía gala de estar «siempre en el terreno del optimismo antropológico y no del pesimismo», tal y como se presentó él mismo en su primera legislatura ante la tribuna del Congreso de los Diputados?

Hay coincidencia en observar que la comparecencia de este jueves del jefe del Ejecutivo en el Hemiciclo fue de todo menos optimista. Quizá porque como es consciente de que los apoyos del PNV y CC, le permitirán agotar sin grandes obstáculos la legislatura, no se ha visto necesitado de lanzar grandes promesas. Tal vez, por eso, la cautela ha sido, en el mejor de los casos, la nota predominante de su discurso. Puede también haber sido por la causa contraria: la obsesión de Mariano Rajoy de criticar sin descanso al Jefe del Gobierno, a quien se obstina en ver como el único culpable de la situación y de la que no duda en llamar ruina del país, y no aportar una sola idea o solución… Lo cierto es que el pesimismo y la advertencia de que lo que se nos avecina no apunta nada bien, impregnaron las 26 páginas de su discurso, desde la primera hasta la última, y con detalles muy elaborados, posiblemente de mano de algún colaborador.

Todos los medios informativos han destacado ese tono insólito y desmoralizador del presidente y que, en esta ocasión, observa que la recuperación es tan débil que pudiera frenarse; que la recuperación es lenta e incierta en su progresión, lenta e incierta, con riesgo de volver a la recesión, con una recuperación que está lejos de estar asegurada…, como dicen algunos de los titulares de los diarios de este viernes.

Siempre se pensó que el optimismo antropológico era un esfuerzo de dar ánimos al país y a sus ciudadanos, en una situación complicada. Ahora pudiéramos entender que Zapatero empieza a vislumbrar su propio final, abatido por las dificultades y por la obstinación del jefe de la oposición.

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