scudier, en ‘Público’, ponía en cuestión a la “vigilante” Facua y defendía a los fumadores
‘Público’ era la principal excepción respecto a la valoración de las cifras de paro de 2010, que censaban 4,1 millones de parados. El periódico de Jaume Roures llevaba a su primera plana el siguiente titular:
«La subida del paro se acerca a su final».
A falta de editorial, bueno era el artículo de su director, Jesús Maraña:
«La evolución del desempleo en los últimos tres años apunta cierta luz al final del túnel. No sólo porque el mes de diciembre haya registrado el mejor dato de la última década en ese mes, sino porque una visión más amplia permite augurar que el paro ha tocado techo en un país acostumbrado a batir récords tanto en creación como en destrucción de empleos».
Por si acaso, mejor guardar un poco la ropa por prevención:
«En el peor de los casos, 2011 debería ser el año de una lenta recuperación. El colmo de los desastres sería que ese modestísimo objetivo tampoco se cumpliera».
Más mal que bien
En ‘El Periódico’ llevaban a primera plana que «El paro alcanza los 4,1 millones y aún no toca techo». La opinión oficial del diario que dirige Enric Hernández, con editorial titulado «El paro se contiene», se lanzaba a las predicciones:
«Se trata de un mal dato, sin duda, aunque de las informaciones que facilitó ayer el Ministerio de Trabajo se desprende que podríamos estar cerca de lo peor de la crisis en lo que se refiere al drama del paro».
«Todo parece indicar que el ritmo de destrucción de empleo se frena y que la situación -muy mala- tiende a estabilizarse», auguraba, chocando un tanto con el enfoque de su primera plana.
Año negro
El portaaviones de la prensa catalana, ‘La Vanguardia’, encabezaba su editorial con un «Otro año negro para el empleo». Esta era su postura:
«La única lectura positiva de este dramático dato, que es la que destaca el Gobierno, es que en el tercer año de la crisis el desempleo ha crecido mucho menos que en los dos años anteriores, que se cerraron con aumentos de un millón de parados en el 2008 y de 800.000 en el 2009. Este hecho permite aventurar que el ajuste del empleo está cerca de llegar a su final».
Indicador de ineficacia
El diario peneuvista ‘Deia’ aprovechaba las cifras del paro, «indicador de ineficacia», para darle unos curritos a Patxi López, «sin olvidar la tambaleante política de su correligionario José Luis Rodríguez Zapatero, que ha visto cómo el paro supera ya los 4,1 millones de personas sin que sus contestadas medidas contenidas en la reforma laboral hayan dado el fruto que se les presuponía». Y eso que los nacionalistas vascos bien que han apoyado a Zetapé en el Congreso.
Tregua y respiro
‘El País’ se tomaba con calma las cifras. «Diciembre da una tregua al final de otro mal año para el empleo», llevaba en su primera plana. Prudente, el diario de Prisa echaba un jarro de agua fría al enfoque gubernamental, recogido por ‘Público’, sobre la luz al final del túnel:
«Las perspectivas para 2011 no apuntan en esa línea, aunque ciertamente el año que acaba de terminar no ha sido tan malo como los dos anteriores».
Lo ratificaba en un editorial:
«El encarecimiento de la cesta de la compra coexiste con la congelación de la revisión salarial en un buen número de trabajadores con convenio, la eliminación de los 426 euros de subsidio a los parados de larga duración o la continua caída en el valor de la vivienda, la principal manifestación del patrimonio de muchos españoles».
Cosas del tabaco
Por cambiar, Juan Carlos Escudier sacaba la ametralladora en ‘Público’ y no dejaba títere con cabeza sobre la Ley Antitabaco y los chivatazos promovidos por Leire Pajín.
La primera ráfaga la recibía la Facua: «El papel de vigilante asumido por esta organización resulta paradójico, ya que los fumadores son también consumidores de un producto que se vende legalmente y que reporta cuantiosos ingresos fiscales». Y la siguiente descarga defendía a quienes tienen la costumbre de fumarse un pitillo:
«Los fumadores son víctimas de su adicción y de un Estado que siempre gana con ello: si se les sube la cajetilla combaten con sus impuestos la crisis y si a consecuencia de la subida, dejan de fumar, reducen el déficit al contener el gasto sanitario. Gente así no merecería ser tratado como delincuentes».

