"En mi vida he fumado un cigarrillo" afirma en un artículo en El País y resulta que inhala más que una chimenea

Francisco Rico, académico de la RAE, miente como un bellaco y dice que fue su ‘yo escritor’

¿Su explicación a la Defensora del Lector? ""Je est un autre" (Rimbaud), la escritura no es la autobiografía y "la verdad es la verdad dígala Agamenón o su porquero"

Francisco Rico, académico de la RAE, miente como un bellaco y dice que fue su 'yo escritor'
Francisco Rico.

Pérez Oliva, defensora del Lector de El País: "Si el profesor Rico quería hacer un ejercicio literario, debería haberse publicado en otra sección y no en la de Opinión"

Lo cuenta la Defensora del Lector de El País, Milagros Pérez Oliva, en su columna dominical del 16 enero 2011 titulada La impostura de un fumador.

La historia es como sigue:

Francisco Rico (Barcelona, 1942), historiador, filólogo y miembro de la Real Academia Española desde 1986, publicó el 11 enero 2011 en El País un artículo titulado Teoría y realidad de la ley contra el fumador en el que consideraba que la modificación legal es «un golpe bajo a la libertad, una muestra de estolidez y una vileza».

Pérez Oliva señala que el artículo «fue calificado como furibundo por algunos lectores» y otros «plantearon una cuestión embarazosa: ¿Mintió el autor del artículo?»

¿A qué mentira se referían? A la frase final del texto del académico:

«P. S. En mi vida he fumado un solo cigarrillo»

Explica la Defensora del Lector:

«El señor Rico», escribe Daniel Gil Pérez, «se despide asegurando no haber fumado en su vida un solo cigarrillo. Sin embargo, la periodista Karmentxu Marín le define, en una entrevista publicada por su periódico el 30 de marzo de 2008, como alguien que ‘fuma como una chimenea’. Su condición de fumador o no sería solo una anécdota si no fuera él mismo el que la utiliza como un claro recurso para dotar de mayor legitimidad a su posicionamiento. ¿Sería posible que nos aclarara la verdad sobre el tabaquismo actual o pasado, activo o pasivo, del señor Rico? Ayudaría a contextualizar su durísimo artículo».

Pérez Oliva decidió preguntar al profesor Rico por las razones de la falsedad. Ésta fue la respuesta que dió a la Defensora:

«Amén de darle al conjunto una nota de color, el post scríptum quiere decir varias de las cosas que literalmente dice, y sobre todo otra no literal, pero obvia: que «Je est un autre» (Rimbaud), la escritura no es la autobiografía y «la verdad es la verdad dígala Agamenón o su porquero» (A. Machado). El P. S. me ha producido la triste satisfacción de comprobar lo que yo diagnosticaba: que la ley es una escuela de malsines. Porque casi todos los que se pronuncian contra mi artículo lo hacen buscando hurgar en mi vida y costumbres, espiando a mis amigos y buscando antecedentes incriminatorios. En mis argumentos apenas se entra. En otro lugar he dado una prueba del escaso rigor científico que a menudo gobierna la campaña antitabaco. Pero nadie roza siquiera mis dos puntos principales: la estolidez («Falta total de razón y discurso», DRAE) del legislador y la vileza que suponen algunos puntos de la ley, notablemente el veto de fumar a los enfermos hospitalizados y, en especial, terminales».

Pérez Oliva advierte entonces a Rico que «su respuesta es tan críptica que corre el riesgo de que no se le entienda».

Pero el académico es perfectamente consciente:

«No quiero añadir nada más. Si usted quiere interpretarla, es muy libre»

Y eso hace la Defensora a partir de la conversación telefónica mantenida, en aras de aportar claridad a los lectores del diario:

Sostiene el profesor Rico que la frase puede tener diversas lecturas, pero incluso para quienes interpreten que asegura no haber fumado nunca, eso no quiere decir que se refiriera a él mismo, autor del artículo. El «yo escritor», afirma, no tiene por qué coincidir con el «yo biográfico». Es decir, que quien escribe el artículo es su personaje y no él mismo y, por tanto, para reforzar su posición, puede afirmar tranquilamente que nunca ha fumado.

Pero Pérez Oliva no se cree nada y le da duro al académico:

Lo que en principio parecía un simple error o un problema de expresión, se ha convertido en algo más importante: un asunto de verdad o mentira. Porque al final, lo que se plantea en este caso es hasta qué punto es lícito recurrir a una mentira para defender una verdad. Si el autor de un artículo de opinión puede permitirse faltar a la verdad haciéndose pasar por lo que no es y utilizar esa ficción-mentira como argumento de autoridad, ¿qué crédito podemos dar a la verdad que pretende defender?

Si el periodismo no se atiene siempre a la verdad, pierde credibilidad, tanto en el género informativo como en el de opinión. Si el profesor Rico quería hacer un ejercicio literario, debería haberse publicado en otra sección y no en la de Opinión. Porque el diario no puede dejar de tomarse en serio cuestiones tan serias como el tabaquismo y sus efectos sobre la salud. Conviene no mezclar literatura y periodismo.

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