Algo muy raro tiene que pasar para que un taxista resulte casi cuatro veces más relevante que el jefe del Ejecutivo

La parábola del presidente y el taxista

¿Será que los redactores del diario de Roures sólo tienen sintonizada La Sexta en su mando a distancia?

La parábola del presidente y el taxista
José Luis Rodriguez Zapatero.

Habría que saber qué derecha no es ultraderecha o qué hace falta para ser de ultraizquierda para la izquierda

Luego se quejarán de que ya no se leen periódicos. Pero es que en ocasiones la prensa de izquierda parece vivir en un universo paralelo que, como las líneas de igual nombre, nunca se cruza con la realidad. Así, mientras el personal se desayuna con la privatización de las cajas de ahorros o la masacre terrorista en Moscú si lee ‘Público’ o ‘El País’, para los lectores del mundo (o la pequeña banda de amigos y parientes de Enric Sopena que aún se asoma a ‘El Plural’) la gran noticia de la jornada son estas inanes palabras de Zapatero: “No tiro la toalla. Sin duda hay margen para ganar”. Parece que estoy oyendo al portero del Alcoyano. En descargo (¿o es al revés?) de ‘El Mundo’ hay que decir que Zapatero habló en su ‘tele’, concretamente en el programa que presenta Casimiro García Abadillo, ‘En confianza’, y que trata, con éxito perfectamente descriptible, de competir con ‘El Gato al Agua’ de Intereconomía. Además, debería ser noticia relevante y de primera plana lo que diga un señor presidente del Gobierno, sobre todo si lo dice “en confianza”, ¿no?

Bueno, pues no, si por relevancia entendemos lo que le interesa a la gente. Y es que las futesas del Señor del Viento tuvieron un interés medible muy limitado: exactamente, un 0,6% del ‘share’. Para que se hagan una idea, a esa misma hora ‘El Gato al Agua’ cosechaba un 3,8% de audiencia con la denuncia de un taxista como ‘plato fuerte’. Algo muy raro tiene que pasar en este país para que un taxista resulte casi cuatro veces más relevante que lo que cuenta el jefe del Ejecutivo; quizá porque el primero se refiere al mundo real y el segundo a un País de las Maravillas cada vez más irritante.

Nada que perder

El caso de ‘El Plural’ está más justificado. Para empezar, no tiene prestigio que perder, casi diría que ni siquiera lectores. Los que aguanten ya tienen que saber que el peculiar universo de Enric Sopena –lema: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”– es un cuento de hadas con un príncipe, Zapatero, y la malvada bruja Rajoy. Un rápido repaso a las ‘noticias’ de su página de inicio basta para comprobar que ninguna sale del esquema PSOE-PP. No es que fuera de los partidos no haya salvación para Sopena; es que ni siquiera hay realidad reseñable.

No es raro que ‘El País’ ignore completamente al presidente en su primera plana. Nos gustaría pensar que abrir con “El Gobierno nacionalizará en septiembre las cajas no saneadas” y no dejar ni un balconcito para ZP y sus declaraciones de boxeador sonado es prueba de independencia y sólido criterio periodístico. De verdad que nos gustaría. Pero nos tememos, ay, que la feroz rivalidad del diario global y el periódico de Pedro J. no es ajena a esta sabia elección. Permítannos la malicia de recordar esa no tan lejana primera de ‘El País’ en la que las insípidas revelaciones de WikiLeaks copaban el espacio mientras los resultados de las elecciones catalanas merecían un mezquino faldón abajo, –El Gobierno abre la puerta a la nacionalización de las cajas con más problemas-.

De lo mucho bueno que tiene ‘El Mundo’ es que el lector se topa con su sección de ‘Opinión’ nada más pasar la primera página, mientras que en ‘El País’ hay que recorrer nada menos que 27 densas páginas antes de enterarnos de lo que Prisa piensa de lo que pasa. No damos credibilidad alguna a los maledicentes que explican esta anomalía asegurando que ‘El País’ opina en cada titular supuestamente informativo, y que sólo los torpes los que llaman ‘Opinión’ a su opinión. Aunque no me digan que no es más eficaz titular “El apoyo de Aguirre a Cascos destapa la frágil unidad del PP” en la sección ‘España’ que relegar esta interpretación a un sesudo editorial.

Miedo a la libertad

Más raro es lo de ‘Público’, cuya única razón de ser consiste en representar el zapaterismo en prensa y que tampoco dice esta boca es mía de las declaraciones de su señorito. ¿Será que los redactores del diario de Roures sólo tienen sintonizada La Sexta en su mando a distancia? ¿O es tal vez la compasión ante un Zapatero desnortado que no sabe cuándo está más guapo callado? Ni una palabra, que hoy el tema son las cajas.
En un diario distinguido por su aversión a la libertad de mercado –perfectamente compatible con el imperio mediático de su dueño–, era de esperar una columna como la de Marco Schwartz para explicarnos en qué consiste la iniciativa del Gobierno: “Golpe mortal a las cajas”. Se ve que estaban mejor como juguetes de los sátrapas autonómicos que como entidades privadas. Claro que si uno va a la enfrentada y lee el titular de la columna de Juan Carlos Escudier, “Los fondos de inversión matan”, ya lo entiende todo.

Hace un siglo

Me dicen que un paseo por la izquierda está cojo sin el semanario ‘El Siglo’. Confieso mi ignorancia y, a lo que parece, la de mi kiosquero. Lo busco en Google y encuentro “El Siglo- Properties For Sale in Spain”, pero mi instinto periodístico me dice que no, que no es esto. Al final llego a una página donde puedo leer “La ultraderecha cuestiona abiertamente la estructura del Estado” y sé que he llegado a mi destino, –El debate sobre las autonomías, al rojo vivo-. Una forma de poner en un aprieto a cualquier izquierdista es preguntarle qué derecha no es ultraderecha, o qué hace falta para ser ultraizquierda. En este caso, para que se hagan una idea, la ultraderecha es Aznar, y lo que cuestiona es el gasto disparatado de las taifas autonómicas. ¡Que tiemble Mussolini, que viene Josemari!

Me vuelvo a topar con la expresión unos textos más adelante: “Aznar, líder de la extrema derecha” (por si no había quedado suficientemente claro). De que se trata de una visión moderada e imparcial da prueba el autor del comentario, don Santiago Carrillo (ya saben, el hombre de Paracuellos). Dar voz a semejante ejemplo de respetabilidad ideológica y personal dice mucho de este potente faro de la izquierda geriátrica. ¿Es cosa mía, o cada página de este augusto órgano de la progresía apesta a cadaverina?

Originalmente publicado en La Gaceta

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