Para la sección de Opinión de Público, progreso significa, al parecer, seguir viviendo en 1936
“¡No os fijéis en el hombre detrás de la cortina!”, grita el ‘Mago de Oz’ a ‘Dorothy’ y sus amigos en la última parte de la película del mismo nombre, cuando los protagonistas descubren que el formidable tirano es, en realidad, un hombrecillo insignificante. “Zapatero exige al PSOE que deje el debate sucesorio”, titula en primera el diario zapaterista ‘Público’.
“Exige” es una palabra muy fea, don José Luis, para un hombre de consenso y talante democrático como usted. “El presidente insta a no hablar del futuro del partido, sino del futuro de España”.
No sé qué tendrá el poder, que es tocar moqueta en La Moncloa y todos se sienten ‘el hombre de la Providencia’: después de mí, el Diluvio. “Iglesias le muestra el apoyo de los socialistas ahora y para las elecciones de 2012”. Lealtades inquebrantables, una semana después de que el partido filtrase por toda la prensa adicta –y la otra– que a ZP le queda menos que a Mubarak. Pero el aparato es el aparato, Pepiño (don José, si lo prefieren) actúa con la implacable frialdad de un Beria contra los disidentes y aquí no se mueve nadie. Por favor, no hablemos de mí, hablemos de los problemas de la gente, dice Zapatero el la Convención Autonómica del PSOE. ¿Quién le dice ahora que uno de los grandes problemas de la gente es, precisamente, él?
El verbo no es casual: ‘El País’ lo repite. “Zapatero exige a su partido que deje de hablar de la sucesión” No “propone”, “sugiere”, “pide” o “demanda”: “exige”. Y Marcelino Iglesias, en el más puro estilo del ‘politburó’, cierra filas: “Este partido te apoya para las elecciones, aunque respetamos tus tiempos”. La atmósfera ha cambiado como si hubieran pasado eones desde la semana pasada. ¿Quién dijo ”Rubalcaba”? El ‘führerprinzip’ se impone al fin en el partido gobernante.
Prietas las filas
‘El País’ deja de coquetear con la oposición interna y vuelve al modo ataque total: las dos primeras páginas de su sección de Nacional están íntegramente dedicadas a la ofensiva del enemigo común: “Rajoy elude confirmar a Camps como candidato hasta saber si irá a juicio”, un extenso reportaje a una página acompañado de una ‘info’ con los trajes de Camps. Un total de 2.106 euros por tres trajes. ¡Ay, si Filesa, Malesa y Time-Export se hubieran conformado con 2.106 euros; si el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, hubiera tenido bastante con tan magra cantidad; si el jefe de la Guardia Civil, Luis Roldán…!. Para qué seguir: la Memoria Histórica está bien para desenterrar los cadáveres que mató Franco; para todo lo demás, Amnesia Histórica, que es lo que necesita el PSOE.
En la página enfrentada, seguimos con Correa: “Un informe policial sobre Correa y su mujer halla vínculos con Camps y Agag”. ¿Y? ¿No hemos quedado –no ha quedado la Fiscalía– que una empresa puede decorar gratis ‘et amore’ casas de un presidente del Congreso sin que nadie pueda ver en ello nada sospechoso? ¿O va empezar ‘El País’ a discriminar entre unas amistades peligrosas y otras, con lo seria que se ha puesto Leire Pajín con este tipo de cosas?
El armisticio entre ‘El País’ y ‘Público’ es ominoso, como poco. Recogen también otra ‘victoria’ de los suyos, muy actual y relevante para la ciudadanía agobiada por el paro, la crisis y todo lo demás: “Adiós a la ‘Victoria’ franquista”, titula ‘Público’, informando de la retirada de una estatua en Barcelona. ¡Albricias, hemos vuelto a dar a moro muerto –36 años después de su muerte– gran lanzada!. “Barcelona dice adiós a la ‘Victoria’ de Franco”, replica –en espacio más modesto– ‘El País’. Justo en la página anterior titulan un tema sobre el Constitucional: “El arte de colgarse medallas”. Pero imaginamos que no se refieren a estas victorias póstumas de la progresía.
Confieso que experimento un perverso placer observando los malabarismos de ‘Público’ en sus páginas de Opinión donde, junto a honestas llamadas a la insurrección proletaria o poco menos, hay que colar los compromisos del amo millonario Roures con el poder real. Los columnistas van por libre, como en el caso de Jorge Calero, indignándose contra la libertad educativa en su columna ‘Elitismo desinhibido’ –la igualdad de conducir un Ferrari Testarrosa como su señorito Roures puede esperar–; pero Manuel Rico, subdirector, tiene que sudar la gota gorda para que su “Zapatero intenta poner orden” no quede como lo que es, un someterse a la línea del partido, alejado totalmente de la coherencia ideológica.
A su aire va, asimismo, Isaac Rosa, hablando aún del “botín franquista no se toca” y lamentando que no ajustemos cuentas –con el franquismo; la República ni tocarla–, que a la izquierda el 36 les queda cerca, ahí al lado, mientras el resto de España mira a los próximos meses, a las cifrase de paro, y tiembla.
Originalmente publicado en La Gaceta

