Acusado del atropello en Sevilla dice que cruzó el semáforo en verde

El acusado de atropellar mortalmente a dos jóvenes en el Paseo Colón de la capital hispalense en la pasada Semana Santa de 2010, Fernando Vargas, ha declarado este miércoles que el semáforo donde tuvo lugar el fatal siniestro, ubicado frente a la Torre del Oro, estaba en verde, que circulaba a 60 kilómetros por hora y que «en ningún momento» vio a las víctimas, pero que cuando sintió el impacto levantó «el pie del acelerador», fue frenando y orillándose a la derecha con el objetivo de parar porque «nunca» se quiso dar a la fuga.

El Juzgado de lo Penal número 8 de Sevilla ha acogido en la mañana de este miércoles la primera de las tres sesiones de la vista oral contra Fernando Vargas, para quien la Fiscalía solicita nueve años y seis meses de cárcel y el pago de una indemnización de 96.869,86 euros, pues entiende que condujo «de forma despreocupada, sin atender a las señales de tráfico y a una velocidad excesiva». Las acusaciones particulares que ejercen las familias de Patricia Alfaro y Almudena González piden para el procesado 36 años y 12 años y seis meses de cárcel, respectivamente.

El acusado, que ha sido recibido a las puertas de la sala de vistas por familiares y amigos de las víctimas bajo gritos de «asesino» o «que lo dejen aquí con nosotros», ha hecho un relato de lo sucedido el día de los hechos y ha subrayado que «no se saltó ningún semáforo». «Juro que no las vi, no sé de donde salieron, ¿usted se cree que si yo las veo….?, por Dios», ha contestado a la letrada que ejerce la acusación particular en nombre de la familia de Patricia Alfaro.

NO TENIA PERMISO DE SU MADRE PARA COGER EL COCHE

Ha explicado que el día 3 de abril se encontraba en Cazalla de la Sierra, donde había acudido junto a su madre, y que fue sobre las 18,30 horas de ese mismo día cuando cogió el vehículo Renault Clío propiedad de su madre para acudir a Sevilla a ver un partido de fútbol en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán, asegurando que «no tenía autorización» de su madre para coger el coche debido a su adicción a la cocaína y a las infracciones de tráfico cometidas previamente, como por ejemplo aparcar en un paso de peatones o saltarse un semáforo en rojo.

Pues bien, según ha recordado el fiscal de Seguridad Vial, todas estas infracciones motivaron que la Jefatura Provincial de Tráfico le remitiera un correo certificado en el que se le notificaba el inicio del expediente que daba lugar a la pérdida de vigencia del permiso de conducir –había perdido los 12 puntos por siete sanciones– y a la posterior retirada de la licencia, pero el procesado ha alegado que «desconocía por completo» este extremo. «Yo no sabía que no podía conducir, firmé pero no leí la notificación del inicio del expediente, pues tenía problemas de adicción a la cocaína», ha añadido.

Pues bien, el acusado ha reconocido que a pesar de todo ello, le cogió sin permiso las llaves del coche a su madre, llaves que estaban guardadas en su bolso, y se dirigió hacia Sevilla, llegando al campo de fútbol en torno a las 20,30 horas y reuniéndose con un grupo de amigos. Allí, y siempre según su relato, se bebió dos cubatas de ron con coca-cola, para posteriormente entrar, sobre las 21,30 horas, al campo del Sevilla Fútbol Club. Una vez finalizado el partido, cogió el coche al objeto de llevar a su amigo Adrián del Nido –hijo del presidente del Sevilla– a la estación de Plaza de Armas, donde éste había quedado con su novia.

NO ESTABA AFECTADO POR EL CONSUMO DE ALCOHOL

El acusado ha asegurado que, cuando cogió el vehículo, se «encontraba fresco» y en ningún momento afectado por el consumo de alcohol –en la prueba de alcoholemia que le fue realizada tras el accidente mortal dio positivo por 0,51 gramos por litro–, tras lo cual se dirigieron por la zona del Costurero de la Reina hacia Plaza de Armas. «Circulé bien, tomé mis precauciones y no me salté ningún semáforo», según ha insistido Fernando Vargas, que ha agregado que el primer semáforo –el de la esquina del MC Donald del Cristina– estaba parpadeando en amarillo, y los dos semáforos posteriores en verde.

Tras ello, ha argumentado que en el Paseo Colón «había poca iluminación» y que el atropello se produjo «en el momento que miraba el cuentakilómetros, que marcaba 60 kilómetros por hora», cuando «sentí un impacto», pero «en ningún momento vi» a las víctimas, que, según ha dicho, debían estar cruzando «por fuera» del paso de peatones. Una vez consumado el atropello, y cuando ya no podía ver por el cristal delantero debido a que éste se había agrietado, «dejé de acelerar, fui frenando, me orillé a la derecha y me bajé del coche», todo ello mientras el copiloto preguntaba «qué había pasado».

Una vez bajó del coche, se encontró con un hombre que, según ha dicho, le comentó que «no tenía la culpa, que el semáforo estaba en rojo para los peatones», y a continuación se encontró con un agente policial «ante el que me identifiqué», por lo que «nunca me quise dar a la fuga». «Yo no sabía qué había pasado», ha añadido el procesado, quien ha dejado claro que «el coche no tenía ningún problema mecánico» y que paró «porque dejé de acelerar y porque frené». Una vez identificado, fue trasladado por la Policía hasta la Cartuja para someterse al control de alcoholemia.

De su lado, la madre del acusado ha declarado como testigo y ha indicado que le «tenía expresamente prohibido» coger su coche «porque había tenido problemas de adicción y, además, había tenido un porrazo anterior» con un coche que quedó siniestro total. Además, ha dicho desconocer el inicio del expediente de retirada de carné y la efectiva retirada del mismo, pues además, en el momento de notificarse lo anterior, se encontraban de vacaciones en la Costa del Sol.

LA VELOCIDAD «NO ERA ALTA», SEGUN EL COPILOTO

Asimismo, Adrián del Nido, que viajaba como copiloto en el momento de los hechos, ha aseverado que en ese momento iba hablando por el móvil con su novia «y no estaba pendiente de la conducción», aunque sí ha dicho recordar que la velocidad «no era alta». «Sólo escuché el golpe, pregunté a Fernando qué había pasado, y al poco tiempo él paró el vehículo a la derecha» de Paseo Colón. Tras ello, ambos se bajaron del Renault Clío «y un hombre nos dijo que habíamos atropellado a dos niñas, pero que éstas habían pasado por la vía pública».

En este sentido, el copiloto del vehículo ha señalado que su intención era ir al lugar donde yacían los cuerpos de las jóvenes, pero por el camino la Policía «nos interceptó». Tras Adrián ha testificado Eleonora, cuñada de Patricia que acompañaba a las víctimas en el momento del atropello pero que finalmente resultó ilesa, y ha asegurado que las tres se bajaron de un taxi a la altura de la Torre del Oro y cruzaron el semáforo en verde para los peatones.

En un momento dado, «vi unas luces y un coche acercándose a una velocidad muy grande, fue un segundo y ya vi el golpe, que se produjo a un metro mía». «Siempre me voy a acordar de que escuché un ruido de motor como de aceleración», ha añadido Eleonora, que ha puesto de manifiesto que, tras el impacto, el vehículo conducido por el acusado «siguió su camino». «No escuché un frenazo, ni un claxon ni un giro brusco del coche», ha indicado, destacando que desde el día del fatal suceso recibe tratamiento farmacológico y psicológico.

Este miércoles han declarado varios testigos más de los hechos, una de las cuales, que esa noche estaba en una parada de autobús frente al paso de cebra, ha señalado que el semáforo estaba en verde para los peatones y que el coche «no se detuvo tras el impacto y continuó la marcha», añadiendo que el vehículo «iba ligero». Otro testigo ha dicho que, circulando esa noche cerca del paso de peatones del Cristina, se paró al ver el semáforo en ámbar, pero el acusado lo adelantó por la derecha –donde no hay carril– a una velocidad de 100 kilómetros por hora.

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