Chacón y el 23-F.

MADRID, 23 (OTR/PRESS)

En los desayunos de Europa Press la ministra de Defensa, Carmen Chacón, se sumó a la conmemoración del intento golpista del 23-F de la mejor manera que podía hacerlo. Le bastó con centrarse en constatar la definitiva consolidación del poder civil, «como expresión de la voluntad popular libremente expresada» -dijo-, treinta años después del momento de mayor fractura entre el pueblo español y sus Fuerzas Armadas.

Quienes no vivieron aquella época pensarán que es algo obvio. Ahora sí, pero entonces no. Y eso no ha ocurrido por casualidad. No bastaba con la proclamación del sometimiento del poder militar al civil. Había que revestir este principio democrático de racionalidad, lo cual requirió una expresa voluntad modernizadora.

Esa es la tarea iniciada desde dentro por el teniente general Gutiérrez Mellado, que era vicepresidente del Gobierno cuando se produjeron los sucesos del 23 de febrero de 1981. La tarea que quiso zancadillear el impresentable teniente coronel Tejero Molina en compañía de otros, como el general Armada, el capitán general de Valencia, Milans del Bosch, y los otros implicados en aquel lamentable acto de rebeldía. La tarea que ochenta años antes había iniciado un ministro de Defensa -de la Guerra, según la denominación oficial de aquel entonces- llamado Manuel Azaña, aunque en aquella ocasión sí quedó brutalmente interrumpida por la rebelión militar que nos trajo tres años de guerra civil y cuarenta de dictadura.

Todo eso ya forma parte de la historia y lo ideal sería dejarla en manos de los historiadores. Pero cuando llegan los redondeos del calendario, como este del 30 aniversario del 23-F, es inevitable que la memoria selectiva, según los intereses de cada cual, se convierta en la levadura barata de un sinfín de interpretaciones que aspiran a ver más allá de aquella comedia bufa que pudo acabar en tragedia pero, por suerte, no acabó.

Dicho sea como un elogio al espíritu que inspiró la intervención de la ministra Chacón el martes pasado en Madrid. Consistió en celebrar no tanto el fracaso de un golpe de Estado -eso va de suyo-, sino el principio del proceso de identificación de las Fuerzas Armadas con el pueblo español. No solo en el aspecto emocional, que sitúa en estos momentos a la institución militar como una de las más queridas y respetadas por los ciudadanos. También en el social, el económico, el operativo, el industrial, el tecnológico, el internacional, etc. Hoy tenemos los Ejércitos que quería Manuel Azaña y que, desde el lado contrario de la terrible barricada de la guerra civil, empezó a materializar el general Gutiérrez Mellado. Excelente metáfora histórica del reencuentro entre españoles que Chacón puso de manifiesto mientras la banda sonora de la conmemoración del 23-F se ensuciaba con querellas menores sobre la celebración oficial en el Congreso de los Diputados.

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