Se pretende reprochar al PP que es él –no el PSOE con su chivatazo– el que favorece a la banda terrorista

El diario ‘Público’ y PSOE son como una pareja de mus: si el Gobierno acusa, el papel de Roures acusa más

Con WikiLeaks defendían la transparencia frente al poder; ahora, el poder contra la transparencia

Yo buscando izquierda por todos los lados, y lo que encuentro es un periódico propiedad de un fondo de inversión norteamericano que tiene de izquierda la pose ocasional; otro que no tiene más meta que servir a sus señores del poder, así tengan que poner una capa de rojo sobre el azul eléctrico del Gobierno, y una Voz de la Calle que no ha llegado a salir y cuyos trabajadores lidian con su comunista propietario como si fuese un desalmado capitalista.

O no existe la izquierda en prensa, o ser de izquierdas es tener más cara que espalda, que todo puede ser. La avilantez de Público, un poner, con el asunto del Faisán es para que perdiera la cara todo el que no la tuviera pétrea. Si estos días anteriores han echado mano de las justificaciones más peregrinas, ayer pasaban directamente a una modalidad de chantaje electoral: «El PSOE acusa al PP de ‘hacer un favor’ a ETA y ‘dividir’ a los demócratas» -El PSOE acusa al PP de dar a ETA «un balón de oxígeno»-.

Y no se dejen engañar por el estilo indirecto: son pareja de mus, y si el PSOE acusa, Público acusa más. «¿Tiene Rajoy conciencia de lo que hace?», se pregunta el jefe de ‘Opinión’, Marco Schwartz, en un abracadabrante ejercicio de cinismo –¿Tiene Rajoy conciencia de lo que hace?-. La perversa tesis de Schwartz es que acusar al Gobierno de haber dado el chivatazo a ETA equivale a «favorecer a la debilitada» banda.

A ver si lo entiendo: un Gobierno democrático se pone a negociar en secreto con una banda de asesinos que, en las propias palabras de Schwartz, estaba debilitada. Bien. Es decir, mal, pero sigamos. Acusados de estar negociando con terroristas por la oposición, el Gobierno lo niega inicialmente y la prensa roja, liderada por Público en esto, le apoya con todas sus armas, ridiculizando las acusaciones. Es decir, o no estaban al tanto, y eran malos periodistas; o lo sabían, y estaban estafando a sus lectores. Pero sigo.

En el curso de esas negociaciones, la Policía, cuya misión encomendada por el Estado consiste en detener a los que cometen delitos, pone en marcha una operación para hacer precisamente eso, pero la operación la frustra alguien desde el propio Gobierno avisando a los delincuentes para que huyan. Piensen bien en esta frase, porque tiene miga un Gobierno impidiendo poniéndose del lado de los malos contra su propia Policía. La cosa llega a saberse, o al menos se conocen sobrados indicios, y la oposición, como es su deber, lo denuncia.

Y es entonces cuando Público, un diario presuntamente democrático y de izquierdas acusa a la oposición -no, en ningún caso, al Gobierno- de favorecer a la banda. ¿Ustedes entienden algo? Yo sí, y me deprime. Me deprime lo indecible que un periódico de izquierdas, por salvar a un Gobierno teóricamente ‘de su cuerda’, arrample con los principios más elementales de la democracia y el Estado de derecho. Me deprime ese ‘todo vale’. Me deprime que todo sean meras luchas de poder.

Juan Carlos Escudier, en su columna «Un juez con sentido común», lo expone mejor de lo que yo lo he hecho, aun defendiendo lo contrario –Un juez con sentido común-. «Ha tenido que venir un magistrado de la Audiencia Nacional -escribe Escudier- a hacer glosa de lo obvio, y establecer que la negociación de un Gobierno con una organización terrorista y las acciones colaterales que rodean dicho proceso -léase el chivatazo del bar Faisán- no pueden constituir un delito de colaboración con banda armada por la sencilla razón de que el fin último de la negociación es, precisamente, terminar con la violencia y con la banda en sí. ¿Acaso puede colaborar con el terrorismo quien busca acabar con él?». Buena pregunta, don Juan Carlos, y si no le importa le doy la vuelta: ¿Acaso puede acabar con el terrorismo quien busca colaborar con él?

No me importa si la tipificación precisa que corresponde al hecho es o no ‘colaboración con banda armada’. Dejemos un momento los tecnicismos. Pero, ¿de verdad no escandaliza a nadie, nadie en Público y más allá, que el Gobierno ayudara a los terroristas? Exactamente, ¿qué contenido tiene la palabra «democracia» cuando un Gobierno negocia con delincuentes a espaldas del pueblo, sin su consentimiento y sin anunciarlo en ningún programa?

En su día, leí casi todo lo que Público escribió sobre WikiLeaks, en su abrumadora mayoría aplaudiendo el esfuerzo de transparencia contra el poder de Julian Assange. ¿Y ahora aplauden que el Gobierno engañe y negocie a espaldas de los ciudadanos? ¿Y que la oposición lo denuncie?

Esta es nuestra izquierda, y hay algo, ideologías aparte, que huele muy mal en ella. Como esa obsesión por la muerte, por lo enfermo. Ángeles Caso, en su columna «El debate» –El debate-, empieza diciendo que si «algún personaje público se ha ganado mi admiración en los últimos años, sin duda ha sido el doctor Luis Montes». Puedo entender a los partidarios de la eutanasia. Pero que el personaje que uno más admira sea alguien que da muerte en lugar de alguien que salva vidas es enfermizo.

Me consuela Isaac Rosa. Esa es una izquierda que entiendo, la izquierda de siempre. En «Esos locos trabajadores con sus locos salarios» ironiza con quienes hablan siempre de ‘moderar’ los salarios –Esos locos trabajadores con sus locos salarios-. Y lo hace muy bien, aunque el ‘malo’ que cita es, precisamente, Valeriano Gómez, un socialista.

Publicado originalmente en La Gaceta.

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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