'El País' se inquietaba ante la "alianza tácita" de PP e IU en Extremadura
Alfredo Pérez Rubalcaba ya no es el vicepresidente primero y ministro de Interior del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
El cántabro se ha quedado en candidato del PSOE, aunque pareciera, a la vista de sus cambios de imagen, no airearlo mucho, ya verán por qué.
Al final, Rubalcaba se adelantó a ‘Público’, que en su edición del viernes abría en primera plana con amplio titular:
“Rubalcaba planea dejar el Gobierno la próxima semana”.
Esas cosas pasan. Más interesante era el análisis de las cuestiones de imagen del candidato socialista que aportaba el periódico de Jaume Roures:
“La ‘marca Rubalcaba’ elimina el logo del PSOE y lanza más guiños al 15-M”. “Esta decisión, con la que se pretende reforzar ‘la marca Rubalcaba’ ante el deterioro de la marca PSOE, es inédita, ya que no se llegó a ese extremo ni en los tiempos de mayor personalización del liderazgo con Felipe González o Zapatero. Rubalcaba vuelve a ser él y no ‘Alfredo P. Rubalcaba”
De lo mismo escribía Javier Casqueiro en ‘El País’ ya desde el titular, “Y Alfredo P. vuelve a ser Rubalcaba”, al que no le quedaba más remedio que reconocer que el cambio de denominación a Alfredo P. “era un poco ridículo, la verdad”.
Aparcada la genial idea del Alfredo P. y vuelto al Rubalcaba de toda la vida, mientras en su nueva aparición el logotipo del Partido Socialista desaparecía y se reducía a sus siglas en pequeñito, el giro ‘descamisado’ del candidato y sus guiños al 15-M eran interpretados por el profesor Fernando Vallespín, en el diario de Liberty, como un intento de “confeccionarse un perfil de izquierdas”.
El intento de atraerse a la “izquierda de la indignación” merecía una cruda valoración por parte del ex director del CIS:
“Rubalcaba no lo tiene nada fácil por mucho que se enfunde en un traje de diseño izquierdista. Todos sabemos que es un experto en las conciliaciones y que sabe nadar en todas las aguas, pero ha estado demasiado tiempo inmerso en la política sistémica como para resultar creíble en sus guiños a este electorado potencial”.
¿O es que nadie recuerda cómo hace apenas un mes, antes de su conversión ‘indignada’, el candidato tildaba los sueldos de los banqueros de “discretos”?
El giro no les cuela ni a los más cercanos, que recordaba Juan Carlos Escudier en ‘Público’ lo sucedido el otro día con el secretario general de UGT:
“A la última serpiente de verano puesta en circulación por Rubalcaba y algunos de sus colaboradores acerca de la implantación de un impuesto especial a los sueldos de los banqueros ha respondido Cándido Méndez con mucho sentido común pidiendo una reforma fiscal en vez de las “soplapolleces’ habituales”.
NO SE ACLARAN
De todo hay en la viña del Señor y hasta los editorialistas de ‘El País’ tienen su día de no saber por dónde enfocar. Así, lo de Extremadura podía pasar, en el mismo editorial, de ser una “rompedora alianza inquietante tácita con IU” a encontrar “algo profundamente inquietante en la alianza implícita entre PP e IU” para rematar con que “el tono abierto del discurso de Monago, su buena disposición hacia todos y su interés en rebajar tensiones contrastan con el clima demasiado hosco de la política española”.
Para ida de olla ya estaba Juan José Millás, que la tomaba con la “fortaleza irreal” y “cara” que alberga la sede del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden) y cuyas “últimas actividades reseñadas fueron del mes de junio”, plazo prolongado estando a 8 de julio en el momento de publicar sus líneas en ‘El País’, y que le llevaban a interrogarse sobre “cómo entender, si no, esa especie de Corte Inglés hueco de la defensa nacional”.
Qué asesor se está perdiendo Carme Chacón…
EL ESCUDO DE SINDE
El serial de la SGAE daba para más episodios. Y no sólo la carta del centenar de miembros pidiendo la refundación de la entidad, iniciativa loable pero que podían haber reclamado antes de la caída en desgracia de Teddy Bautista y su orquesta directiva.
‘Público’, por ejemplo, aprovechaba para cargarse el “escudo” del que estaba haciendo uso la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, para quitarse de en medio ante la falta de control de la SGAE. Bajo el titular:
“El Gobierno traspasó el control de la SGAE hace ocho días tras pactar con el PNV”, se afirmaba que el escudo “tiene un agujero que se ve desde el Boletín Oficial del Estado” porque “se han aprobado fondos que serán transferidos al País Vasco para que se cumpla con sus nuevas funciones: 1,41 millones de euros que la Administración General del Estado asegura que se gastaba anualmente para estos fines”.
Ahora que nadie quiere acercarse a Teddy Bautista por si contagia y que la directiva de la SGAE no hace autocrítica ni con la que está cayendo, al menos les queda Pablo Milanés, que en una entrevista en el diario del magnate Roures iba directo desde el titular:
“Confío plenamente en Teddy Bautista”.
Explicación del cantautor cubano:
“Son gente que lleva toda la vida dedicándose a esto y no a la corrupción. Como amigo de ellos, no los puedo traicionar. Estoy con ellos hasta la muerte”.
No hace falta tanto. Basta con esperar la sentencia judicial.


