Bateragune se equivocó de nombre, el bueno era Bildu; alguien debería habérselo soplado, como en el Faisán

En el Valle de Arán conviven tres lenguas desde tiempo inmemorial pero sólo puede quedar una: el catalán

Se pueden cuadrar las cuentas bajando impuestos: José María Aznar lo demostró

El País no da tregua a los de la tregua. Si el domingo fue Sortu y la Abogacía del Estado, ayer les tocó a «los jueces» que han metido en la trena a Rafael Díez Usabiaga por intentar reconstruir Batasuna mediante una nueva formación llamada Bateragune. A lo que se ve, Díez y su compinche Otegui se equivocaron de nombre; el bueno era Bildu, alguien debería habérselo soplado, como en el Faisán. Satisfacción plena en la calle Miguel Yuste. Ante tanta firmeza antiterrorista no sería de extrañar que el candidato de Prisa termine por adquirir el sobrenombre de Rubalcaba I el Pacificador.

«Los jueces dan otro golpe a Batasuna al enviar a prisión a su ‘número dos«, titula el diario independiente. De Bildu, como era de esperar, ni palabra, y de sus alcaldes y concejales, menos aún. La cuestión es que a Rafael Díez «los jueces» ya le habían enchironado, pero estaba en la calle desde hace año y medio gracias a que otro juez, Baltasar Garzón, le soltó para que atendiese a su madre enferma. Entonces, ¿por qué meten para dentro al batasuno precisamente ahora, a dos meses justos de las elecciones? Pues porque, como bien informa El País, hay «riesgo de fuga». Lo que no detalla es si de lo que se trata es de fuga del condenado o de otro tipo de fuga, como la sangría de votos de gente razonable que está sufriendo el PSOE a causa de su extraviada política antiterrorista.

Como estas cosas no las entiende casi nadie, los columnistas de El País se trabajan otros temas menos comprometidos. Ignacio Sotelo, sociólogo, se sube al minarete y llama a la oración de la izquierda toda –Prever para reaccionar a tiempo-: «Metidos de hoz y coz en una crisis con visos de prolongarse, y con un dominio creciente de la derecha, lo primero que se replantea es el Estado de las autonomías, con una fuerte querencia a restablecer el viejo centralismo. ¿Cuál será la reacción de los nacionalismos periféricos?». Resumiendo, parece ya inevitable que la derecha va a ganar y las primeras en sufrirlo serán las autonomías. Una vieja partitura que andan todos tocando como posesos.

Es lo único que les queda. Zapatero les ha salido más neoliberal de lo que pensaban, ha sustituido la guerra de Irak por la de Libia y, de remate, «los jueces» meten a Otegui en el talego. Lógico que anden desorientados y se agarren a lo único que les queda, la cosa de las nacionalidades.

Pero sólo las históricas, las otras pueden irse preparando. En la edición catalana de El País se lee: «El Constitucional admite el recurso del Gobierno central contra el aranés«. Zapatero, que acepta de mil amores la inmersión lingüística en Cataluña, no está dispuesto a permitir que suceda lo mismo con el aranés, una variante del occitano que se habla en la comarca pirenaica del Valle de Arán. La torre de Babel ya está completa.

En el Valle de Arán conviven tres lenguas desde tiempo inmemorial pero, como en los anillos labrados por el Señor Oscuro en el Monte del Destino, sólo puede quedar una, y esa una ha de ser el catalán, que, recordémoslo, para los araneses de pura cepa es un artículo tan de importación como el castellano, con la diferencia de que este último es algo más útil.

Dejemos a un lado las tribulaciones lingüísticas del periódico de Liberty, cuyos dueños, dicho sea de paso, sólo hablan inglés, para centrarnos en el de Mediapubli. «El plan de Obama contra el deficit», titular-llamada desde portada a un reportaje que desgrana las medidas que el presidente de EE UU va a tomar para poner coto al obsceno déficit que arrastra su Administración. El plan se condensa en una frase que Público lleva entera en portada: «O subimos los impuestos a quienes más tienen o recortamos el gasto sanitario a los ancianos».

No podemos permitirnos las dos cosas. Esto no es lucha de clases. Son matemáticas». Eso, y no otra cosa, es lo que la buena gente de Público quiere que diga -y en voz bien alta- el candidato Rubalcaba. No se trata de gastar menos, sino de ingresar más, luego ya vendrá el Gobierno y decidirá quién es «el que más tiene» para saquearle a placer.
La página de opinión, sin embargo, pasa bastante del tema obamita y sus columnistas se centran en sacudir a Rajoy, que es lo suyo a 60 días del temido 20-N. A tres bandas, Escolar el Joven titula «El modelo fiscal de Rajoy«, dos parrafitos que pueden resumirse en una frase: «Señor Rajoy, ¿va a subir los impuestos para cuadrar las cuentas o los va a bajar tal y como ha prometido?»

Escolar, lego hasta extremos vergonzosos en cuestiones económicas, no ha terminado de entender que se pueden cuadrar las cuentas públicas bajando los impuestos. Y no es teoría, es práctica, Reagan lo hizo y Aznar también.

El que sí que se acuerda de Aznar es Juan Carlos Escudier, pero no para rememorar lo bien que se le dio sanear las finanzas públicas baldadas tras 13 años de gonzalato, sino para avisar a sus lectores de que «las relaciones entre Aznar y Rajoy han mejorado mucho» –Aznar-Rajoy, una historia de amor-. Un truco muy efectivo entre la parroquia progre; es nombrar a Aznar y se les pone un tic en el ojo como el que tenía el comisario del inspector Clouseau. Esperemos que no les haya pasado nada.

Lea este artículo en La Gaceta.

Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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